La etapa de privatizaciones socialistas estuvo caracterizada, sobre todo, por la necesidad de hacer caja para reducir el déficit (generado en buena parte por la universalización del Estado de bienestar) y de acercarse a los criterios de convergencia del Tratado de Maastricht para conseguir que España entrase en el primer pelotón de los países del euro (logrado en la etapa Aznar).
Son privatizaciones pragmáticas y más que empresas se venden acciones, reservándose el control estratégico y funcional de las primeras.
Las privatizaciones del PP tuvieron un carácter central en su política, y sus motivaciones fueron ideológicas como expresa con nitidez Aznar en su libro Libertad y solidaridad. En ese periodo, Montoro era el ministro de Economía, por lo que conoce bien el proceso privatizador por el cual se venden al sector privado más de 60 empresas por un valor equivalente al 6,7% del PIB de la época.
Entre ellas todas las joyas de la Corona: Endesa, Telefónica, Tabacalera (Altadis), Argentaria, Repsol, Red Eléctrica, Gas Natural, etcétera.
Con una peculiaridad: a través de la privatización del antiguo sector empresarial público, el PP constituye un auténtico sector privado gubernamental, que le es afín: coloca en la presidencia de las todavía empresas públicas a personas de su máxima confianza para que terminen la privatización y se queden al frente una vez terminada esta.
Muchos de esos capitanes de empresa no tenían experiencia de gestión en los sectores para los que fueron elegidos, sino que se les proporcionó su cargo por la cercanía ideológica o personal a los dirigentes de la derecha política. Derecha política y derecha económica.
Montoro tiene razón, aunque en otro sentido: no todas las privatizaciones son buenas ni iguales." (JOAQUÍN ESTEFANÍA: Las privatizaciones. El País, 12/12/2010, p. 17)
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