10.2.11

El caciquismo autonómico

"Es indudable la emergencia de bloques regionales de poder de naturaleza oligárquica y en buena medida integrantes del bloque histórico inmobiliario rentista que ha dominado el país desde la década de los sesenta del pasado siglo.

Estos bloques, claramente visibles en las CC AA gobernadas por el PP como País Valencià y Murcia, pero presentes también con otra conformación social en las gobernadas por el PSOE, se articulan sobre la pervivencia de estructuras de poder provenientes del franquismo y renovadas en su etapa desarrollista.

Esto explica, junto a otros factores, la incorporación de toda la derecha al PP, así como la influencia de la derecha más directamente franquista en el rumbo de la política efectivamente realizada. (...)

El Estado autonómico no ha cumplido ninguna de estas funciones:

-No ha mejorado la distribución de riqueza, ya que los índices de desigualdad son superiores a la media de la UE-15 -No ha mejorado el acceso a derechos como vivienda, medio ambiente o trabajo
-No ha impedido el deterioro del medio ambiente, con muy bajos niveles de calidad de vida en las ciudades y la degradación de los recursos naturales con ecosistemas frágiles amenazados
-El ejercicio de derechos y libertades ciudadanas se ha visto seriamente recortado no sólo con legislación de excepción (como la Ley de Partidos) sino también con el endurecimiento del Código Penal y el acoso a población trabajadora de origen “no comunitario”; además, se han añadido los efectos de restricción material de los mismos debidos al incremento del paro y la precariedad
-El funcionamiento del propio Estado no sólo no se ha democratizado sino que han proliferado los factores de oligarquización e instrumentalización de las Administraciones Públicas al servicio de intereses privados, ligados con grupos sociales poderosos en el mundo económico
(...)

La legitimidad principal de un proceso que avance hacia un federalismo plurinacional y solidario reside en la posibilidad de que el mismo se convierta en fuente de vigor para la democratización de la política en general. En este país ese proceso se ha visto bloqueado desde el principio por los aparatos de los “partidos de gobierno”, los dos partidos “nacionales” PSOE y PP, a los que se han sumado, según las coyunturas, Convergència i Unió, Coalición Canaria y, aun con sus zigzags, el Partido Nacionalista Vasco.

En realidad, la construcción de las administraciones autonómicas ha funcionado como vector fundamental de robustecimiento de los propios aparatos partidarios en los ámbitos territoriales, ayudando a cimentar una implantación y una hegemonía de la que en absoluto disponían (salvo el PNV) en los albores de la democracia.

Con la esperanza de ocupar cargos políticos en la nacientes y pronto frondosas burocracias autonómicas, muchas personas jóvenes han engrosado las filas de estos partidos de gobierno que se convierten así en agencias de colocación para los más ambiciosos y menos escrupulosos de las nuevas generaciones.

Esta instrumentalización de la actividad política ha favorecido, además, la aparición de casos frecuentes de colusión entre intereses privados y el desempeño de la actividad pública, así como la práctica de la “puerta giratoria”, el paso de los negocios a los gobiernos y viceversa, en una dinámica que ha intensificado la propensión de los gobernantes a colocarse en el punto de vista de los negocios, sobre todo en el de los grandes negocios, contemplado en lo sucesivo como la mejor expresión del “interés general”.

Esta ha sido la base de los bloques regionales arriba descritos, de los que pueden citarse ejemplos en los citados partidos de gobierno: el nacionalismo hidráulico en Murcia y la Comunidad Valenciana en el caso del PP, los delirios de construcción de infraestructuras inútiles arrastrando a Cajas de Ahorro en Castilla la Mancha, la práctica generalizada de las comisiones ilegales en el anterior gobierno de CiU en Catalunya y en el del Asturias, etc." (Sin Permiso, 06/02/2011, citando a '
Reino de España: crisis del Estado autonómico, reforma constitucional y bloques de poder', de José Antonio Errejón · Jaime Pastor)

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