analizamos las condiciones impuestas a Grecia, Irlanda y Portugal por parte de la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo para financiar los planes de rescate.
La conclusión de nuestro análisis fue que las condiciones leoninas de los préstamos concedidos, junto con los draconianos recortes de gasto y la reducción de los salarios, cuando se aplican a un país que está dentro de una moneda única, empeoran su situación y no le dejan salida.
Los datos sobre la evolución reciente de la economía griega confirman ese pronóstico. Lo mismo ocurre con Irlanda y Portugal. Las condiciones de financiación son hoy peores que antes del plan de ayuda. Y la carga de la deuda ha sobrepasado los umbrales de sostenibilidad y amenaza con la quiebra y el impago. (...)Pero, me interrogaron mis alumnos, si eso parecía evidente desde el principio, ¿por qué el FMI, la UE y el BCE impusieron a Grecia unas condiciones imposibles de cumplir? (...)
Confieso que aún hoy no sé encontrar una respuesta sensata a esta cuestión. (...)
Les expuse a mis estudiantes tres conjeturas.
La primera apunta a que el verdadero objetivo de esos duros planes de austeridad no fuera sacar a Grecia, Irlanda y Portugal de su marasmo económico, sino evitar que quiebren los bancos -especialmente alemanes y franceses- que prestaron al sector público griego y al sector privado irlandés.
No creo que sea la única explicación, pero, sin duda, es una parte. Los planes formarían parte de una estrategia para ganar tiempo y permitir a los bancos prestamistas ir digiriendo poco a poco las pérdidas sin riesgo de quiebra.
Esta conjetura apunta a que el FMI, el BCE y la UE saben que habrá que suavizar las condiciones de esos planes, pero de entrada estarían más preocupados por evitar una crisis sistémica de la banca europea que por el sufrimiento de los griegos. (...)
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