Ahora ya saben por propia experiencia que pueden tomar parte activa en la cosa pública e influir en ella decisivamente. Lo que indica que ha nacido un nuevo sujeto histórico dotado de un ethos civil y un habitus político que seguirá predeterminando en adelante el destino colectivo de toda esta generación.
Su segundo logro ha sido denunciar en público la grave pérdida de legitimidad de las élites que nos representan y gobiernan. Pues si bien es verdad que no todos los políticos son falaces y corruptos, por desgracia todos son cómplices encubridores de sus compañeros que sí lo son. Lo que es como decir: el emperador está desnudo.
Algo que ya sabíamos los españoles, según revelan las encuestas del CIS. Pero no es lo mismo aceptarlo con resignación en la esfera privada que denunciarlo con indignación en la esfera pública, como han hecho los jóvenes airados del 15-M.
Por eso hay que interpretar su denuncia como una proclamación performativa: un veredicto que al pronunciarse transforma la realidad institucional denunciada, convirtiéndola en ilegítima y por tanto necesitada de una profunda reforma.
Y, finalmente, el tercer logro del 15-M es cuestionar desde abajo la agenda pública española. Una agenda hasta ahora dictada desde arriba por las élites políticas y mediáticas que monopolizan en su exclusivo interés la esfera pública de debate, vedando el acceso de los demás sectores de la sociedad civil.De ahí el eslogan “no nos representan”, pues en efecto nuestras élites políticas representan a los mercados financieros en mucha mayor medida que a sus bases electorales. Pues bien, al levantar la voz desde la plazas mayores, los indignados del 15-M han roto el monopolio discursivo de las élites y han impuesto su propia agenda de demandas ciudadanas." (Enrique Gil Calvo, 'Indignados', El País, 27/06/2011, p. 13)
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