¿Por qué iba a creerse nadie que entregar aún más dinero a las empresas, sin límites ni requisitos, conduciría a una creación de empleo más rápida? (...)
Como señalan quienes se oponen a este plan, ya conocemos esta historia: en 2004 se ofrecieron unas vacaciones fiscales similares, vendiéndolas con un argumento similar, y fue un completo fracaso. Efectivamente, las empresas aprovecharon la amnistía para volver a traerse un montón de dinero a Estados Unidos.
Pero usaron ese dinero para pagar dividendos, reducir sus deudas, acaparar otras empresas y volver a comprar sus propias acciones; prácticamente de todo, salvo aumentar la inversión y crear empleo. De hecho, no hay pruebas de que las vacaciones fiscales de 2004 hiciesen nada por estimular la economía.
Sin embargo, lo que sí que hicieron las vacaciones fiscales fue brindar a las grandes empresas la oportunidad de evitar pagar impuestos, porque al final habrían repatriado gran parte del dinero que trajeron durante la amnistía y habrían pagado impuestos por él.
Y también les dieron a estas empresas un incentivo para trasladar aún más puestos de trabajo al extranjero, puesto que ya sabían que tendrían bastantes posibilidades de traerse a casa los beneficios obtenidos fuera prácticamente sin pagar impuestos gracias a futuras amnistías. (...)
De hecho, ese capital ocioso se ha convertido en un argumento conservador de primer orden, ya que la derecha afirma que las empresas no son capaces de invertir debido a la incertidumbre política.
Eso es falso casi con total seguridad: las pruebas apuntan claramente a que la verdadera razón por la que las empresas acumulan capital inactivo es la falta de demanda de los consumidores.
En cualquier caso, si las empresas ya tienen gran cantidad de dinero que no están utilizando, ¿por qué el hecho de ofrecerles un beneficio fiscal que poder añadir a esta montaña de dinero iba a servir para acelerar la recuperación?
Está claro que no serviría de nada; las afirmaciones sobre que unas vacaciones fiscales empresariales crearían empleo, o que poner fin a los beneficios fiscales para los aviones de empresa destruiría empleo, no tienen sentido.
Esto es lo que deberían responderle a cualquiera que defienda los grandes favores a las corporaciones: la falta de capital empresarial no es el problema al que hace frente Estados Unidos.
Las grandes empresas ya tienen el dinero que necesitan para expandirse; lo que falta es un motivo para expandirse, al estar los consumidores contra las cuerdas y el Gobierno recortando drásticamente el gasto." (PAUL KRUGMAN: El timo del capital empresarial. El País, Negocios, 10/07/2011, p. 16)
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