12.7.11

Las maquilladas listas de espera de Esperanza Aguirre o los pacientes más graves desplazados a los hospitales públicos para beneficiar a los privados

"Hace algo más de un año nadie dudaba de la viabilidad y sostenibilidad de nuestro sistema público de pensiones.

A ello ayudaba que las retribuciones a nuestros jubilados representan un 70% de la media comunitaria, con un coste en relación al producto interior bruto perfectamente asumible -inferior en tres puntos del PIB a la medida de la UE-, con gastos de gestión ínfimos y con una contribución de más de 12 puntos a la disminución del índice de pobreza.

Al tiempo, todo era silencio con respecto a las enormes pérdidas de los fondos privados de pensiones.

Y llegó el golpe de mercado. (...)

La sostenibilidad se tornó en insostenibilidad y las imprescindibles reformas ejecutaron un recorte que rompía por primera vez en un siglo con la conquista histórica de la jubilación a los 65 años debido al cambio demográfico, ¡como si este hubiera sido una sorpresa!, y eso que los sindicatos paliaron el ajuste.Ahora lo que han puesto en el punto de mira es al Sistema Nacional de Salud.

Uno de los cinco mejores sistemas sanitarios públicos del mundo en resultados con su población y, al mismo tiempo, uno de los más eficientes y con menos gasto se ha convertido para la derecha política y económica en un sistema insostenible.

Incluso lleva a que PP y CiU clamen ya abiertamente por una operación urgente de rescate y un Pacto de Estado. ¡Cuánto cinismo! (...)

Los intereses privados que rodean al sistema público ya no ganan lo que ganaban, por lo que tratan de aprovechar el duelo existente entre los cirujanos del déficit (el Gobierno central, las CC AA, la Comisión Europea, el Banco de España, el PP o los nacionalistas conservadores) para cambiar el modelo universal, público y gratuito, por un modelo mixto de colaboración público-privada. Es su oportunidad de oro.

Su fetiche es el copago -o repago, como si los ciudadanos no financiasen ya el Sistema Nacional de Salud- y, además, sin reconocer que es una medida insignificante para financiar el sistema y contraproducente a medio plazo para la salud de los más débiles y, por ende, para el gasto sanitario.

El único epígrafe donde ya existe copago -el gasto farmacéutico- hizo que este aumentara el doble con relación al resto del gasto sanitario. Ahí están las cifras históricas. (...)

Lo que estos salvadores de la salud callan es que del modelo que buscan extender a nivel estatal ya se conoce su fracaso, tanto en casa como en nuestro vecindario. Sus resultados en salud son peores y su gestión, más cara, si no que se lo pregunten a las maquilladas listas de espera de Esperanza Aguirre o a sus pacientes más graves desplazados a los todavía hospitales totalmente públicos para blanquear la hoja de servicio de sus flamantes nuevos centros.

Lo que no dicen es que al calor de la grave crisis económica pretenden convertir el derecho a la salud de todos en el negocio de unos pocos. (...)

La eficiencia puede ayudar a reducir el gasto en farmacia y en tecnologías, más altos que la media de nuestro entorno, y mejorar así la calidad y la seguridad de la atención.

Se pueden revisar las inversiones del método PFI, las encomiendas de gestión, se pueden integrar y simplificar subsistemas privilegiados que heredamos del pasado, etcétera...

Pero, claro, estas medidas fortalecerían el modelo público y se trata de lo contrario, ¿o no?"
(GASPAR LLAMAZARES: Sanidad, insostenibilidad o propaganda. El País, 06/07/2011, p. 27)

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