"¿Cómo explicar esta preferencia por la agresividad política antes que por la eficacia económica? (...)
La retórica de la agresividad tiene que ver con la idea de que hay que
castigar y disciplinar conductas díscolas que nos habrían llevado a la
crisis. La misión del Gobierno sería actuar como un dictador
benevolente, imponiendo disciplina a una sociedad adolescente, sin
necesidad de buscar su comprensión y aceptación. (...)
¿Cuáles serían los culpables a disciplinar? Tres. Los trabajadores y
sindicatos que con sus presiones salariales y la defensa de un marco
laboral rígido impedirían que nuestra economía fuese competitiva. Los
ciudadanos, acostumbrados a vivir de gorra, abusando de las prestaciones
de desempleo, pensiones, sanidad, dependencia y otras políticas
sociales.
Y, los promotores inmobiliarios, que con su espíritu
especulativo habrían conducido a la economía a la situación presente.
Estas conductas exigirían ahora disciplina agresiva.
En realidad, los responsables primeros de la situación que padecemos
son otros.
Están en un comportamiento negligente del sistema financiero
europeo, con gran protagonismo del alemán, y en la ceguera y pasividad,
digámoslo así, de los organismos públicos de vigilancia y supervisión
que permitieron que la banca tomase un nivel de crédito y de riesgo
absolutamente irresponsable. No olvidemos que el problema de la deuda
radica especialmente en la bancaria. (...)
Desde Berlín se ha difundido una visión equivocada e interesada de las
causas del sobreendeudamiento que culpabiliza a ciudadanos, sindicatos,
promotores y sector público. Una visión que ha sido descalificada por
muchos economistas y analistas, pero que han hecho suya de forma
acrítica nuestros Gobiernos. (...)
Para crecer, nuestras empresas han de ser más competitivas. (...)
Pero las mejoras de competitividad no se pueden apoyar solo, ni
fundamentalmente, en reducciones agresivas de salarios, olvidando la
dimensión más relevante, que es la productividad. Es decir, la capacidad
y habilidad de nuestras empresas para producir más y mejores bienes y
servicios por hora trabajada.
Eso no tiene relación con los bajos
salarios. Al contrario, los bajos salarios pueden desincentivar la
mejora de la productividad del trabajo." (Antón Costas: El 'síndrome de Berlín' de los Gobiernos. El País, Negocios, 19/02/2012)
Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
20.2.12
¿Cuáles serían los culpables a disciplinar? Los trabajadores, los ciudadanos, los del 'ladrillo'... todos, menos los banqueros
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