El ambiente es tenso cuando por fin se abren las rejas y se forma una larga cola ante el mostrador donde se distribuye una Coca-Cola light y una especie de puré de patatas en un envase de plástico.
Se oyen gritos, discusiones, todo tiene que ir muy rápido: la distribución se realiza en sólo media hora.
Entre algunos individuos marginales y ancianos con prendas viejas, se observa de repente a una nueva categoría de ciudadanos que hasta ahora no estaban acostumbrados a mendigar su comida. La mayoría se niega a hablar a los periodistas. "Les da vergüenza", declara Sotiris, de 55 años, que se encuentra en paro tras haber trabajado veinte años en una empresa de seguridad. "Pero en Grecia, los subsidios por desempleo sólo duran un año", recuerda.
En Grecia se les denomina "nuevos pobres", o también "sin techo con iPhone": trabajadores a los que han echado de una de la multitud de pequeñas y medianas empresas que han quebrado, funcionarios despedidos tras las medidas de austeridad adoptadas desde hace dos años.
Ahora todos se encuentran en paro, después de que los créditos al consumo les impulsaran a endeudarse en exceso durante los años de prosperidad. Unos años no tan lejanos: entre 2000 y 2007, Grecia aún registraba un índice de crecimiento prometedor del 4,2%.(...)
El resultado es que, en dos años, en número de "sin techo" ha aumentado un 25% y el hambre se ha convertido en una preocupación diaria para algunos.
"Empecé a preocuparme cuando en la consulta vi primero a uno, luego a dos niños y luego a diez, que venían con el estómago vacío, sin haber comido nada el día anterior", cuenta Nikita Kanakis, presidenta de la filial griega de Médicos del Mundo. Hace unos diez años, la ONG francesa abrió una sede en Grecia para responder a la afluencia tan repentina como masiva de inmigrantes clandestinos sin recursos.
"Desde hace un año, los que acuden a nosotros son los griegos. Gente de clase media que, al perder sus derechos sociales, ya no pueden acudir al hospital público. Y desde hace seis meses, distribuimos tantos alimentos como en los países del tercer mundo", constata el doctor Kanakis, que se plantea lo siguiente: "El problema de la deuda es real, pero, ¿hasta dónde pueden llegar las exigencias de Bruselas cuando los niños que viven a tan sólo tres horas de avión de París o Berlín ya no pueden recibir asistencia sanitaria ni alimentarse?"
El jueves se produce una escena insólita en el centro de Atenas, en la plaza Syntagma, justo frente al Parlamento: unos agricultores procedentes de Tebas, a 83 km de la capital, distribuyen gratis 50 toneladas de patatas y de cebollas. Esta distribución, anunciada por televisión, se convierte rápidamente en un motín.(...)
"Vivimos una dictadura económica. Y Grecia es el laboratorio donde se pone a prueba la resistencia de los pueblos. Después de nosotros, será el turno de los demás países de Europa. La clase media dejará de existir". (PressEurop, 30 enero 2012, Libération París)
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