"El
capitalismo industrial ha pasado por una serie de etapas de
capitalismo financiero, desde la Economía de la Burbuja hasta la etapa
de la quiebra técnica de los hipotecados, los desahucios, la deflación
por deuda, la austeridad y lo que ahora parece una servidumbre por
deuda en Europa, singularmente en los llamados PIIGS: Portugal, Irlanda,
Italia, Grecia y España.
(Los países bálticos de Letonia, Estonia y
Lituania ya se han hundido tan profundamente en la deuda, que sus
poblaciones están emigrando en busca de trabajo y huyendo de los bienes
raíces lastrados por la deuda. La misma plaga se ha abatido sobre
Islandia desde que sus estafas bancarias colapsaron en 2008.)
¿Por
qué son tan reluctantes los economistas a entrar en la descripción de
este fenómeno? Por una mezcla premeditación ideológica y de
obnubilación analítica? No bien terminó la conferencia de Rimini el
domingo por la noche, por ejemplo, la columna de Paul Krugman del
pasado 27 de febrero en el NYT "¿Qué aflige a Europa?",
imputaba todos los problemas de Europa, simplemente, a la incapacidad
de los países miembros para devaluar sus monedas.(...)
Pero
dejaba fuera de su foco crítico a la verdadera camisa de fuerza que
impide al Banco Central Europeo (BCE) monetizar los déficits,
consecuencia de la teoría económica basura que inspiró a la
constitución de la Unión Europea.(...)
Si
las naciones periféricas tuvieran todavía su propia moneda, podrían y
deberían servirse de la devaluación para restaurar la competitividad.
Pero ya no tienen moneda propia, lo que significa que se hallan
inmersas en un largo período de desempleo masivo y de una lenta y
demoledora deflación.
Sus crisis de deuda son, substancialmente, un
producto lateral de esa triste perspectiva, porque las economías
deprimidas llevan a déficits presupuestarios y la deflación magnifica
el lastre de la deuda. (...)
Pero en su característico estilo neoclásico, el Sr. Krugman ignora el problema de la deuda:
"Los
países afligidos, en concreto, no tienen nada excepto malas
alternativas. O bien sufren el dolor de la deflación o toman la drástica
medida de abandonar el euro, lo cual no será políticamente factible
hasta que, o a menos que, todo lo demás fracase (un punto al que parece
estar aproximándose Grecia). Alemania podría ayudar si suprimiera sus
políticas de austeridad y aceptara una inflación más elevada, pero no
va a hacerlo." (...)
Lo
cierto es que abandonar el euro no bastaría para evitar la austeridad,
los desahucios y la deflación por deuda, si la nación que lo abandona
mantiene las políticas económicas neoliberales que infectan al euro.
Para
percatarse, basta suponer que la economía post-euro dispone de un
banco central que sigue rechazando financiar los déficits públicos,
forzando al gobierno a tomar prestado de bancos comerciales y de
tenedores de bonos. O que el gobierno cree que debe equilibrar su
presupuesto, antes que suministrar a la economía la capacidad de gasto
necesaria para crecer económicamente.
O que el gobierno desmantela el
gasto público en bienestar. O que rescata las pérdidas de los bancos
privados. O que, como Irlanda, hace suyas, incorporándolas a la
contabilidad pública, las pérdidas dimanantes de las apuestas
especulativas bancarias.
El
resultado seguiría siendo la deflación por sobreendeudamiento, la
pérdida de las viviendas, el desempleo y la imparable ola emigratoria
que acompañaría a la contracción de la economía nacional y de las
oportunidades de empleo.
Así pues, ¿cuál es la clave? La clave es disponer de un
banco central que haga aquello para lo que fueron fundados los bancos
centrales: monetizar los déficits presupuestarios públicos, a fin de
verter dinero en la economía para promover del mejor modo posible el
crecimiento económico y el pleno empleo." (Sin Permiso, 11/03/2012, 'Unión Europea: el innecesario sufrimiento causado por la austeridad neoliberal y la insuficiencia de la crítica de Paul Krugman a la perversa estupidez de la élite eurocrática', de Michael Hudson)
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