"El dilema es especialmente flagrante en el este de Europa. Tras el
hundimiento del régimen comunista, se acabó con la antigua economía. Las
fábricas se cerraron o quebraron. Prácticamente de la noche a la mañana
se sustituyeron todos los productos: desde el dentífrico a la
margarina, pasando por los salvaslips, los frigoríficos, los sofás y los
coches.
Para los consumidores de los países del Este, fue una auténtica
bendición. Antes de que fueran conscientes de ello, pasaron de la
penuria a la abundancia. El único problema era que en el Este no tenían
dinero para comprar los productos de Occidente.
Entonces, los nuevos
bancos comerciales, que también eran originarios de Occidente, empezaron
a proponer generosos créditos a los habitantes de estos países. El
resultado son economías que, todavía hoy, producen por lo general poco y
se basan únicamente en los precarios cimientos del endeudamiento.
Buena parte del sur de Europa se encuentra en una situación similar.
Con una producción y exportaciones limitadas y un gran endeudamiento.
En el sur de Europa, la introducción del euro paradójicamente tuvo
efectos similares a los de la caída del Muro.
Por primera vez, estos
países tuvieron acceso a "auténticos" créditos financieros, mucho más
baratos, como si el Peloponeso o Extremadura se encontraran en Renania o
fueran vecinos de Baviera.
Sin duda, una ocasión así sólo se presenta una vez en la vida.
Durante cerca de diez años, una avalancha de créditos cayó sobre el sur
de Europa. Con este dinero se podrían haber asentado las bases de un
crecimiento económico autosuficiente, si se hubiera invertido en
infraestructuras, en la refundición del Estado, en el saneamiento de
sectores enteros de la industria o en educación. Pero en cambio, se
despilfarró.
Ahora que las nuevas ayudas suceden a las anteriores, nos dicen que
con ellas se podrán crear las condiciones necesarias para las reformas
esperadas y para el crecimiento económico en los países del sur de
Europa.
Pero ya hemos desaprovechado esa oportunidad, ahora ya ha
quedado atrás. De este modo, la visión de futuro que nos esbozan los
dirigentes europeos llega a confundirse con las ocasiones que se han
desaprovechado antes." (PressEurop, 19 abril 2012, Dagens Nyheter
Estocolmo)
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