"Una de los argumentos básicos utilizados por las
administraciones y los impulsores del copago es la situación de
bancarrota del sistema sanitario público obviando que en gran parte es
consecuencia del enorme endeudamiento en el que han incurrido por
financiar y gestionar sus infraestructuras sanitarias recurriendo al
sector privado (PFI), que ha multiplicado por siete el coste de los
nuevos centros sanitarios y cuyos pagos anuales asfixian sus
presupuestos asistenciales.
Otro determinante de esta situación es el enorme el uso
farmacéutico (28-30% del gasto sanitario total, frente al 17% de los
países de la UE), y el excesivo uso de las tecnologías sanitarias (30%
superior a la media europea), y la ausencia de rigor en la asignación de
los recursos (tan solo el 30% se basan en criterios científicamente
comprobados).
Por último el hospitalocentrismo, la orientación curativa
del sistema en detrimento de la promoción de salud y la medicalización
de la vida , contribuyen también a que tengamos un gasto sanitario,
cuanto menos mejorable.
No hay que olvidar que una parte importante de la
responsabilidad de que los ciudadanos hagan uso del sistema recae en
los profesionales sanitarios que son responsables del 70% de las
decisiones relacionadas con el uso de los recursos sanitarios.
Poner en marcha un sistema de copagos en relación con la cuantía de las
pensiones obligaría a cambiar las tarjetas sanitarias de 8 millones de
pensionistas, lo que supondría importante gasto, sobre todo si se
consideran variables como la renta, el patrimonio personal, el nivel de
enfermedad, el grado de discapacidad de los pacientes, etc.
La reducción en el consumo de fármacos esenciales asociados
a la introducción del copago tendría un elevado coste- oportunidad: Se
ha comprobado un aumento del 78% en las visitas a urgencias relacionadas
directamente con la reducción del consumo farmacéutico en la población
con menores recursos económicos.
Existe evidencia de que el copago contribuye a incrementar el gasto sanitario total, en lugar de reducirlo1.
La reducción del consumo de fármacos esenciales elevan los costes
totales del sistema ya que las personas con menor renta realizan un 78%
más de visitas a urgencias como consecuencia de la reducción del consumo
farmacéutico." (Attac España, 15/04/2012)
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