"Lo peor de la situación es que nadie es capaz de responder a la pregunta
que se hacen todos los ciudadanos, y que también empieza a preocupar a
los mercados que financian nuestras deudas.
Durante 15 años nos hemos
dedicado a construir casas, hacer infraestructuras, a explotar nuestro
turismo y a exportar servicios financieros y energéticos a
Latinoamérica. Pero, ¿a qué nos vamos a dedicar los próximos 15 años?
Cualquier gobierno debería estar más preocupado de responder a esa
pregunta, que de cualquier otra cosa.
La confianza y el esfuerzo
colectivo sólo se multiplican cuando uno tiene claro hacia donde tiene
que remar. De lo contrario, la incertidumbre y la melancolía acaban
echando por tierra cualquier sacrificio colectivo.(...)
Cuando el gobierno socialista anunció una Estrategia de Economía
Sostenible en 2009, intentó dar respuesta a esa pregunta existencial,
aunque la pobre Ley que trató de vehicular aquel proyecto terminó
deslegitimándolo.
El país que aquella estrategia imaginaba era un país
en que los vehículos eléctricos sustituirían a los motores
contaminantes, los molinos de viento y los techos solares se extenderían
hasta nuestros edificios; era un país en el que los contenidos
culturales en español se extenderían por la red, y en el que el cuidado
de nuestros mayores y nuestros dependientes sería una industria
productiva más.
En ese modelo, el turismo seguiría siendo una parte
importante de nuestra actividad colectiva, pero sería más sostenible, y
nuestras multinacionales apostarían también por Asia. Además, los
emprendedores tecnológicos tendrían las máximas facilidades y seríamos
tan conocidos por nuestros avances en biotecnología y telecomunicaciones
como hoy los somos por nuestros deportistas.
Quienes integran hoy el gobierno del PP se rieron de aquello, pero
nos están avocando a un esfuerzo sin rumbo. No sabemos si imaginan un
futuro alternativo o no saben lo que quieren. (...)
Sería bueno que lo aclararan pronto porque los datos dicen que cuando
se alumbra un poco de luz al final del túnel, todo el mundo, dentro y
fuera, vuelve a creer en la economía española.
Si no, que miren a los datos de inversión extranjera directa que
hemos conocido la semana pasada, la misma en que se disparaba otra vez
nuestra prima de riesgo.
En 2011, las inversiones procedentes del
exterior en actividades productivas aumentaron un 18% (cuando la
economía no crecía ni un 1%). El dato es realmente impresionante, porque
indica que los capitales productivos siguieron confiando en nuestro
país a pesar de que los capitales financieros dudaran sobre nuestros
títulos de deuda.(...)
Pero la señal es lo que importa. En medio de la incertidumbre y el
pesimismo se necesitan recortes y reformas, sí, pero como demuestran los
datos mencionados, es mucho más importante contar pronto con un dibujo
de futuro claro e ilusionante con el que dar sentido al esfuerzo
colectivo." (Blog el País, 'Economía para el 99%, 09/04/2012)
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