"Lógicamente, nuestros líderes políticos
exigen a los griegos que hagan lo que sea necesario para devolver los
créditos ya que el dinero es, insisto, de los ciudadanos contribuyentes
alemanes, españoles, franceses, italianos y de los demás países de la
unión.
Si los griegos se niegan, no habrá más remedio que cortar las
ayudas. Si se cortaran las ayudas pasarían dos cosas. Primera, que todo
los euros en circulación en Grecia en esos momentos sería todo el dinero
que existiría en Grecia porque a ese país no entraría ni un euro más:
no entraría dinero de las ayudas pero tampoco entraría dinero del Banco
Central Europeo.
Eso convertiría a todo el sistema bancario griego en
insolvente. Los bancos quebrarían. Si el gobierno griego fuera
suficientemente capaz, crearía unos bancos nuevos a partirde las cenizas
(es decir, los depósitos) de los antiguos, como hicieron los
islandeses: los accionistas y acreedores de los bancos antiguos se
arruinarían y el gobierno pasaría a administrar los depósitos, aunque en
realidad no habría dinero para todos los depositantes.
Segundo, el gobierno no podría gastar más
de lo que ingresa... a no ser que pagara on unos pagarés o bonos de
creación propia. Algo parecido a lo que hizo Argentina unos meses antes
de la gran crisis del 2001: emitió unos bonos llamados patacones. En
Grecia se podrían llamar, gretacones.
Al ver la gente que el sistema bancario
era insolvente, correría al banco a buscar sus euros. Pero el banco no
tendría suficientes euros para todos ya que el grifo del Banco Central
Europeo habría desaparecido. Se produciría un pánico bancario similar al
que se produjo en Argentina en 2001. Y como hizo Argentina en diciembre
de 2001, el gobierno aprobaría una ley prohibiendo que la gente pudiera
sacar su dinero del banco. Eso es lo que se ha venido en llamar, el
corralito.
Ante la posibilidad de no poder utilizar el dinero que uno ha acumulado a lo largo de la vida, la gente haría manifestaciones masivas, incendiaría bancos y entidades públicas. La violencia se generaría. Los gobiernos caerían uno detrás de otros. Recordemos que Argentina tuvo 5 presidentes en unos cuantos meses.
Ante la posibilidad de no poder utilizar el dinero que uno ha acumulado a lo largo de la vida, la gente haría manifestaciones masivas, incendiaría bancos y entidades públicas. La violencia se generaría. Los gobiernos caerían uno detrás de otros. Recordemos que Argentina tuvo 5 presidentes en unos cuantos meses.
La crisis económica tendría proporciones
bíblicas. Tal como pasó en Argentina, el consumo y la inversión caerían
en picado, el colapso sería total, caídas del PIB del 30% e inflación
del 70%. Los ciudadanos que pudieran, emigrarían masivamente. Eso
pasaría, sobre todo, con los más jóvenes, capacitados y productivos,
cosa que empeoraría todavía más las cosas para los que se quedaran.
Pero, ante la necesidad de comprar comida
y bienes necesarios, la gente empezaría a utilizar los gretacones para
poder comprar. Los gretacones se convertirían "de facto" en la moneda
griega. Y esa sería la semilla que daría lugar al nuevo dracma. Como
nadie se fiaría de que el gobierno pagara al portador los gretacones que
ha recibido, todo el mundo se los quitaría de encima con descuentos
importantes.
Es decir, el gobierno que debe pagar 100 euros de salario a un funcionario, ante la imposibilidad de darle euros, le daria gretacones por valor de 100 euros. Es decir, el trabajador recibiría un papel que diría "el gobierno griego pagará al portador 100 euros... cuando el gobierno tenga dinero".
Con ese papel, el funcionario irial al mercado a comprar pero la carnicera no le daría carne por valor de 100 euros sino menos ya que ella se quedaría con un papel que, con alta probabilidad, nunca cobrará. Si la carnicera le diera carne por valor de 30 euros, el trabajador habría perdido el 70% de su salario.
Los gretacones serían el mecanismo de pago hasta que apareciera el nuevo dracma que, en lugar de redimir los 100 euros le daría al portador el equivalente de, digamos, 20 euros. El trabajador habría perdido el 80% de su salario.
Es decir, el gobierno que debe pagar 100 euros de salario a un funcionario, ante la imposibilidad de darle euros, le daria gretacones por valor de 100 euros. Es decir, el trabajador recibiría un papel que diría "el gobierno griego pagará al portador 100 euros... cuando el gobierno tenga dinero".
Con ese papel, el funcionario irial al mercado a comprar pero la carnicera no le daría carne por valor de 100 euros sino menos ya que ella se quedaría con un papel que, con alta probabilidad, nunca cobrará. Si la carnicera le diera carne por valor de 30 euros, el trabajador habría perdido el 70% de su salario.
Los gretacones serían el mecanismo de pago hasta que apareciera el nuevo dracma que, en lugar de redimir los 100 euros le daría al portador el equivalente de, digamos, 20 euros. El trabajador habría perdido el 80% de su salario.
El nuevo dracma no se podría introducir
inmediatamente porque, entre otras cosas, los nuevos billetes tienen que
ser imprimidos y eso requiere su tiempo. Si las autoridades griegas son
previsoras, es posible que ya hoy mismo hayan encargado a una empresa
de fabricación de moneda que vaya imprimiendo dracmas nuevos.
Eso es lo que hizo Eslovaquia antes de la separación de Chequia: secretamente encargaron a una empresa inglesa que imprimiera una nueva moneda para que, el día de la independencia, estuviera lista para entrar en circulación y no depender así del dinero del enemigo checo.
Si los griegos ya han encargado la impresión de la nueva moneda, el gobierno la puede introducir en cualquier fin de semana para que, llegado el lunes, los ciudadanos puedan ir al cajero y sacar dinero en la nueva moneda.
Eso es lo que hizo Eslovaquia antes de la separación de Chequia: secretamente encargaron a una empresa inglesa que imprimiera una nueva moneda para que, el día de la independencia, estuviera lista para entrar en circulación y no depender así del dinero del enemigo checo.
Si los griegos ya han encargado la impresión de la nueva moneda, el gobierno la puede introducir en cualquier fin de semana para que, llegado el lunes, los ciudadanos puedan ir al cajero y sacar dinero en la nueva moneda.
La nueva moneda se depreciaría
ràpidamente. El peso argentino se depreció en las primeras horas y 1
dólar pasó de valer 1 peso a valer 1,4 pesos. En la actualidad, en
Argentina 1 dólar vale 4,5 pesos.
La esperanza es que esa depreciación del
dracma abaratara tanto las exportaciones y encareciera tanto las
importaciones que los consumidores prefirieran comprar productos griegos
y no extranjeros (por ejemplo, los turistas europeos verían que ir a
las islas griegas de vacaciones es mucho más barato que ir a España por
lo que irían allí masivamente) y eso permitiera empezar la recuperación.
Una recuperación que llegaría después de un enorme cataclismo
financiero.
La rotura del euro no solo corre peligro
por abajo, por la zona de Grecia. También corre peligro por arriba y por
el medio. Por la parte del medio, la salida de Grecia del euro daría
una señal clara a los mercados de que salir del euro ya es posible.
Hasta ahora nadie había pensado que eso era posible. Si Grecia se sale
del euro, los especuladores van a preguntarse: ¿podrían salirse también
otros países? Eso pondría enormes presiones financieras.
La gente intentaría sacar el dinero de esos países para llevarlo a Alemania, Reino Unido o Estados Unidos cosa que los descapitalizaría. Para evitarlo, las auroridades introducirían corralitos que obligarían a los despistados a mantener sus ahorros en el banco mientras éstos se devalúan. Habría ataques especulativos contra Portugal, Italia, España e incluso Francia, ataques parecidos a los que sufrió el Reino Unido aquel viernes negro de 1979, ataques que sacaron a la libra británica del sistema monetario europeo e impidieron que el Reino Unido pasara a formar parte del euro.
Lógicamente, la tragedia que acabo de describir para Grecia (con fugas masivas de capitales, corralitos, cercos financieros, paro, inflación, depresión y emigración) se repitiría en cada país afectado. Éste es, desde mi punto de vista, el mayor coste de la salida de Grecia del euro: los efectos colaterales que tendría en los países de la periferia del euro. (...)
La gente intentaría sacar el dinero de esos países para llevarlo a Alemania, Reino Unido o Estados Unidos cosa que los descapitalizaría. Para evitarlo, las auroridades introducirían corralitos que obligarían a los despistados a mantener sus ahorros en el banco mientras éstos se devalúan. Habría ataques especulativos contra Portugal, Italia, España e incluso Francia, ataques parecidos a los que sufrió el Reino Unido aquel viernes negro de 1979, ataques que sacaron a la libra británica del sistema monetario europeo e impidieron que el Reino Unido pasara a formar parte del euro.
Lógicamente, la tragedia que acabo de describir para Grecia (con fugas masivas de capitales, corralitos, cercos financieros, paro, inflación, depresión y emigración) se repitiría en cada país afectado. Éste es, desde mi punto de vista, el mayor coste de la salida de Grecia del euro: los efectos colaterales que tendría en los países de la periferia del euro. (...)
Por la parte de arriba, existe una creciente corriente
entre los contribuyentes alemanes, austríacos, holandeses y finlandeses
que dice que, efectivamente, la eurozona ha representado para ellos un
gran mercado del que se han beneficiado significativamente. Y por eso
están dispuestos a ayudar y rescatar a los países amigos.
No porqué sean amigos (al fin y al cabo, ellos llaman despectivamente a los países de la periferia PIGS, o cerdos -PIGS sale de poner juntas las iniciales de Portugal, Italia, Grecia y Spain) sino porque son un mercado lucrativo. Pero como en todo cálculo económico, llega un momento que uno valora los costes y los beneficios de la unión. Y los costes para ellos son cada día más grandes.
Porque una cosa es rescatar a Grecia, Irlanda o Portugal. Otra cosa es rescatar, además, a Italia o España. Y otra cosa es añadir el rescate de Francia a la factura. Dada la incapacidad de España e Italia de solucionar sus problemas y dada la deriva que puede tomar Francia si Hollande trata de implementar sus carísimas promesas electorales, no es descabellado empezar a pensar que quien ha encargado secretamente la impresión de un nuevo marco para los países del norte sean los alemanes.
No porqué sean amigos (al fin y al cabo, ellos llaman despectivamente a los países de la periferia PIGS, o cerdos -PIGS sale de poner juntas las iniciales de Portugal, Italia, Grecia y Spain) sino porque son un mercado lucrativo. Pero como en todo cálculo económico, llega un momento que uno valora los costes y los beneficios de la unión. Y los costes para ellos son cada día más grandes.
Porque una cosa es rescatar a Grecia, Irlanda o Portugal. Otra cosa es rescatar, además, a Italia o España. Y otra cosa es añadir el rescate de Francia a la factura. Dada la incapacidad de España e Italia de solucionar sus problemas y dada la deriva que puede tomar Francia si Hollande trata de implementar sus carísimas promesas electorales, no es descabellado empezar a pensar que quien ha encargado secretamente la impresión de un nuevo marco para los países del norte sean los alemanes.
Si eso sucediera, podríamos acabar, como
la bíblica Babilonia después de sufrir las siete plagas de la ira de
Dios, con un euro dividido en tres: Grecia, los EuroPIGS y los primos
ricos del norte. Esto... o la vuelta a las 17 monedas orginales, con
episodios cataclísmicos en cada vez que uno de ellos abandona la
eurozona.
La experiencia de Argentina e Islandia
demuestra que, a la larga, el abandono del tipo de cambio fijo puede ser
una buena idea (aunque a Argentina le tocó la lotería porque las
subidas del precio de la soja le han permitido mostrar unos números que,
sin la soja, no serían tan positivos).
El problema es que los enormes costes de la transición hacia la nueva moneda son tan grandes que es posible que no valgan la pena. A pesar de que en teoría sea bueno tener una moneda propia, una vez se ha construido el euro, romperlo puede ser demasiado costoso.
El problema es que los enormes costes de la transición hacia la nueva moneda son tan grandes que es posible que no valgan la pena. A pesar de que en teoría sea bueno tener una moneda propia, una vez se ha construido el euro, romperlo puede ser demasiado costoso.
Sin embargo, aquí estamos. Observando atónitos como se produce, en cámara lenta, el Armagedón del Euro." (Xavier Sala i Martín, 13/05/2012)
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