27.6.12

Olvídense de Grecia, que es en gran medida una causa perdida; España es el lugar donde se decidirá el destino de Europa

"Fíjense primero en el modo en que los dirigentes europeos han estado haciendo frente a la crisis bancaria en España. (Olvídense de Grecia, que es en gran medida una causa perdida; España es el lugar donde se decidirá el destino de Europa). 

Como Austria en 1931, España tiene bancos con problemas que necesitan desesperadamente más capital, pero ahora el Gobierno español, como entonces el Gobierno de Austria, ve en entredicho su solvencia.

¿Y qué deberían hacer los dirigentes europeos (a quienes les interesa enormemente contener la crisis española)? Parece evidente que los países acreedores europeos necesitan, de una forma u otra, asumir algunos de los riesgos financieros a los que se enfrentan los bancos españoles. 
Y no, a Alemania no va a gustarle, pero con la propia supervivencia del euro en juego, un poco de riesgo financiero debería ser un problema menor.

Pero no. La “solución” de Europa ha sido prestar dinero al Gobierno español y decirle a este que rescate sus propios bancos. Los mercados financieros no han tardado ni un segundo en darse cuenta de que esto no resolvía nada, que simplemente endeudaba todavía más al Gobierno de España. Y la crisis europea es ahora más profunda que nunca. 

Pero no ridiculicemos a los europeos, porque muchos de nuestros dirigentes políticos están actuando igual de irresponsablemente. Y no me refiero solo a los republicanos del Congreso, que a menudo dan la impresión de estar intentando sabotear la economía deliberadamente.

Hablemos mejor de la Reserva Federal. La Reserva tiene lo que se conoce como una doble misión: se supone que aspira a lograr tanto la estabilidad de los precios como el pleno empleo. Y la semana pasada, la Reserva publicó su más reciente conjunto de pronósticos económicos, que mostraban que prevé que fracasará en ambos aspectos de su misión, con una inflación por debajo del objetivo y un paro muy por encima del objetivo durante los próximos años.  (...)

¿Y qué propone hacer al respecto la Reserva Federal? Prácticamente nada. Es cierto que, la semana pasada, la Reserva anunció algunas medidas que supuestamente estimularán la economía. Pero creo que es justo decir que cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la situación considera estas medidas lamentablemente inadecuadas (un gesto poco menos que simbólico para eludir las acusaciones de que no está haciendo nada en absoluto).  (...)

No debería estar sucediendo nada de esto. Como en 1931, los países occidentales tienen los recursos que necesitan para evitar la catástrofe y, de hecho, recuperar la prosperidad (y tenemos la ventaja añadida de saber mucho más que nuestros bisabuelos sobre cómo se producen las depresiones y la manera de ponerles fin). Pero el conocimiento y los recursos no sirven de nada si quienes los poseen se niegan a utilizarlos.

Y eso es lo que parece estar ocurriendo. Los fundamentos de la economía mundial no son, en sí, tan preocupantes; es la casi universal abdicación de la responsabilidad la que me llena, a mí y a muchos otros economistas, de una sensación de angustia cada vez mayor."            (La gran abdicación', , El País, 25 JUN 2012)

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