"La creación de Bankia, su salida a bolsa y el posterior rescate es
uno de los peores episodios financieros con responsabilidades de los
gobiernos del PSOE y del PP, del Banco de España, de la CNMV y de la
auditora Deloitte. Caja Madrid era en 1996 una entidad saneada. Sin
embargo bajo la presidencia de Miguel Blesa (1997-2010), se transformó
en una entidad al borde de la quiebra.
Blesa, cuyo único mérito conocido
es el ser amigo de Aznar, se propuso como objetivo el crecimiento del
balance a cualquier precio, con una política generosa de concesión de
créditos a promotores inmobiliarios y participaciones industriales en
Telefónica, Iberia, Indra, Endesa, Mapfre, SOS, lo que permitió a Blesa
sentarse en los consejos de administración, y conseguir poder y buenas
relaciones con el poder económico.
Además, Caja Madrid entró en
aventuras internacionales, con la participación en Su Casita en México y
la compra del Bank of Florida. Estas aventuras terminaron en sonados
fracasos con pérdidas para Caja Madrid de cientos de millones de euros.
Las guerras internas del Partido Popular provocaron la salida de Blesa y
la entrada de Rodrigo Rato, con el apoyo de Esperanza Aguirre.
Rodrigo
Rato debía tener fuertes expectativas políticas o personales tras la
aceptación del puesto pero demostró su escaso conocimiento del sector
bancario. Con la propuesta de SIPs del Banco de España se habían
fusionado varias entidades expuestas fuertemente al riesgo promotor, es
decir, ya eran “bancos malos” en origen y además agrupadas en torno a
una entidad sistémica como era Caja Madrid.
Precisamente el PSOE y el Banco de España fueron los artífices de una
primera reforma financiera, que en realidad fue una auténtica chapuza.
La realidad de los Sistemas Institucionales de Protección (SIPs) es que
pretendían mantener toda la burocracia en una especie de holding de
servicios. Estas llamadas “fusiones frías” se supone que se hacen por
ahorro de costes generales, pero en la práctica en lo único que pueden
haber influido es en una política de despido de trabajadores, no de
puestos directivos. Además en la determinación de las fusiones pesaron
claramente los criterios políticos como fusionar cajas de Comunidades
Autónomas con afinidad política, pero siempre el proceso ha estado
lastrado por la falta de voluntad de asignar responsabilidades del
deterioro financiero de las entidades o de quitar directivos.
La fusión de Caja Madrid, y cinco entidades más, con Bancaja, es uno
de los graves errores llevado a cabo por Rato, con el visto bueno del
Banco de España y el acuerdo del gobierno del PSOE. La fusión de dos
entidades lastradas, Caja Madrid y Bancaja, con un volumen enorme de
créditos fallidos de promotores inmobiliarios, solo puede conducir a
crear un problema que es mucho mayor que los problemas de las entidades
por separado. (...)
La guinda del pastel fue la nacionalización de Bankia, que en nuestra
opinión se realizó aplicando la máxima del “peor imposible”. Bankia
debería haberse intervenido por el Banco de España, sustituido
inmediatamente a su consejo de dirección por interventores del Banco de
España y habría que haber abierto expediente a Rato.
La situación fue
tan rocambolesca que, previamente a la nacionalización, Bankia presentó
sus cuentas a la CNMV cuatro días tarde y sin auditar, hecho insólito en
la práctica financiera de una empresa cotizada. El resultado final es
que de los 300 millones de beneficio que se pretendía anunciar se ha
pasado a una escalada de cifras de pérdidas. Otra situación que no tiene
precedentes ha sido la “voladura programada” del Banco de España.
El PP
ha intentado deslegitimar, jugando con fuego, al propio Banco de España
para culpar al PSOE de la situación de Bankia y del sistema financiero.
De ese modo llegamos a la petición de rescate en la reunión del
Eurogrupo, la denominada, por el PP, “línea de crédito” y no rescate. En
realidad los hechos han demostrado que una vez más los responsables
políticos europeos están inmersos en tremendas contradicciones, y son
incapaces de llegar a acuerdos concretos.
El único acuerdo firme de la
reunión del Eurogrupo fue la presencia de dos evaluadores externos para
estimar las necesidades de capital de las entidades financieras
españolas. Los evaluadores externos han sido las empresas Oliver Wyman y
Roland Berger. (...)
Los resultados de Oliver Wyman y Roland Berger cumplieron el objetivo de
ser “políticamente correctos” dado que la cifra máxima de necesidades
de capital, 62.000 millones de euros, se encuentra dentro de las cotas
mínima y máxima que definen el importe admisible. Sin embargo el
problema de la financiación de este importe, y las consecuencias
colaterales, seguían abiertas." (Econonuestra, 04/07/2012)
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