4.7.12

Bankia debería haberse intervenido por el Banco de España, sustituido inmediatamente a su consejo de dirección por interventores del Banco de España y habría que haber abierto expediente a Rato

"La creación de Bankia, su salida a bolsa y el posterior rescate es uno de los peores episodios financieros con responsabilidades de los gobiernos del PSOE y del PP, del Banco de España, de la CNMV y de la auditora Deloitte. Caja Madrid era en 1996 una entidad saneada. Sin embargo bajo la presidencia de Miguel Blesa (1997-2010), se transformó en una entidad al borde de la quiebra. 

Blesa, cuyo único mérito conocido es el ser amigo de Aznar, se propuso como objetivo el crecimiento del balance a cualquier precio, con una política generosa de concesión de créditos a promotores inmobiliarios y participaciones industriales en Telefónica, Iberia, Indra, Endesa, Mapfre, SOS, lo que permitió a Blesa sentarse en los consejos de administración, y conseguir poder y buenas relaciones con el poder económico. 

Además, Caja Madrid entró en aventuras internacionales, con la participación en Su Casita en México y la compra del Bank of Florida. Estas aventuras terminaron en sonados fracasos con pérdidas para Caja Madrid  de cientos de millones de euros. Las guerras internas del Partido Popular provocaron la salida de Blesa y la entrada de Rodrigo Rato, con el apoyo de Esperanza Aguirre. 

Rodrigo Rato debía tener fuertes expectativas políticas o personales tras la aceptación del puesto pero demostró su escaso conocimiento del sector bancario. Con la propuesta de SIPs del Banco de España se habían fusionado varias entidades expuestas fuertemente al riesgo promotor, es decir, ya eran “bancos malos” en origen y además agrupadas en torno a una entidad sistémica como era Caja Madrid.

Precisamente el PSOE y el Banco de España fueron los artífices de una primera reforma financiera, que en realidad fue una auténtica chapuza. La realidad de los Sistemas Institucionales de Protección (SIPs) es que pretendían mantener toda la burocracia en una especie de holding de servicios. Estas llamadas “fusiones frías” se supone que se hacen por ahorro de costes generales, pero en la práctica en lo único que pueden haber influido es en una política de despido de trabajadores, no de puestos directivos. Además en la determinación de las fusiones pesaron claramente los criterios políticos como fusionar cajas de Comunidades Autónomas con afinidad política, pero siempre el proceso ha estado lastrado por la falta de voluntad de asignar responsabilidades del deterioro financiero de las entidades o de quitar directivos.

La fusión de Caja Madrid, y cinco entidades más, con Bancaja,  es uno de los graves errores llevado a cabo por Rato, con el visto bueno del Banco de España y el acuerdo del gobierno del PSOE. La fusión de dos entidades lastradas, Caja Madrid y Bancaja, con un volumen enorme de créditos fallidos de promotores inmobiliarios, solo puede conducir a crear un problema que es mucho mayor que los problemas de las entidades por separado. (...)

La guinda del pastel fue la nacionalización de Bankia, que en nuestra opinión se realizó aplicando la máxima del “peor imposible”. Bankia debería haberse intervenido por el Banco de España, sustituido inmediatamente a su consejo de dirección por interventores del Banco de España y habría que haber abierto expediente a Rato. 

La situación fue tan rocambolesca que, previamente a la nacionalización, Bankia presentó sus cuentas a la CNMV cuatro días tarde y sin auditar, hecho insólito en la práctica financiera de una empresa cotizada. El resultado final es que de los 300 millones de beneficio que se pretendía anunciar se ha pasado a una escalada de cifras de pérdidas. Otra situación que no tiene precedentes ha sido la “voladura programada” del Banco de España. 

El PP ha intentado deslegitimar, jugando con fuego, al propio Banco de España para culpar al PSOE de la situación de Bankia y del sistema financiero. De ese modo llegamos a la petición de rescate en la reunión del Eurogrupo, la denominada, por el PP, “línea de crédito” y no rescate. En realidad los hechos han demostrado que una vez más los responsables políticos europeos están inmersos en tremendas contradicciones, y son incapaces de llegar a acuerdos concretos.

 El único acuerdo firme de la reunión del Eurogrupo fue la presencia de dos evaluadores externos para estimar las necesidades de capital de las entidades financieras españolas. Los evaluadores externos han sido las empresas Oliver Wyman y Roland Berger. (...)

Los resultados de Oliver Wyman y Roland Berger cumplieron el objetivo de ser “políticamente correctos” dado que la cifra máxima de necesidades de capital, 62.000 millones de euros, se encuentra dentro de las cotas mínima y máxima que definen el importe admisible. Sin embargo el problema de la financiación de este importe, y las consecuencias colaterales, seguían abiertas."           (Econonuestra, 04/07/2012)

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