"... se está llegando a un punto de inflexión donde la gran mayoría del
pueblo español observa que se están cambiando las reglas de juego al
margen de cualquier tipo de decisión democrática.
Se habla, entonces, de una repolitización de la sociedad… Claro,
sin duda. Ocurre que España y Europa han vivido muy bien en esa burbuja
que creó la especulación inmobiliaria, en un contexto de sociedades
saturadas visualmente, donde tu espejo de la realidad era la lectura que
se hacía del propio
bienestar, y de lo que se contaba en los medios de
comunicación. La gente tenía trabajo, consumía.
De alguna manera, se
desentendía de la realidad de un sistema que funciona a golpes de
crisis. Gran parte de la población se rehusó, un poco, a la reflexión
pese a que había diversos grupos que alertaban sobre la mentira que se
estaba viviendo, y es un poco lógico. Entonces, en el corto plazo se ha
generado una especie de shock en la población, como plantea Naomi Klein.
¿Cuál es la singularidad del “shock” español?Muchas
veces, frente a una crisis, el capitalismo suele tener, como se sabe,
una respuesta de corte fascista o bélica. Pero, en España, el movimiento
de indignados, 15-M , ha supuesto un adelanto. Ellos armaron una
lectura de la realidad que implica una politización o una
prepolitización.
Quiero decir que, de ahora en más, cuando el ciudadano
se sienta interpelado a entender que está siendo víctima del sistema
puede contar con la experiencia y el discurso probado del 15-M y, por
tanto, será mucho menos susceptible a escuchar los cantos de sirena de
posiciones de la extrema derecha racista y xenófoba.
Como ocurrió en otros países de la UE... Sí,
creo que el 15-M propuso dos premisas correctas en el momento adecuado.
Primero, planteó el dilema de la representatividad de la democracia
liberal, y llegó a la conclusión de que el actual sistema político no
nos representaba.
Segundo, analizó cuál es la inclusión social en el
sistema neoliberal, y dedujo que los ricos eran cada vez más ricos y los
pobres cada vez más pobres.
A partir de ahí, señaló quiénes eran los
responsables de la hecatombe actual. Responsabilizó al sistema
financiero, cuyos miembros más destacados trabajaban para el gobierno y,
luego, para los grandes conglomerados empresariales y financieros.
Entonces, en el momento en que el 15-M señaló a los responsables de esta
crisis, ésta se convirtió en una estafa. Con esta comprensión de los
hechos, se obtura el discurso oficial que indica que los españoles hemos
vivido por encima de nuestras posibilidades.
E imposibilita el discurso
del poder financiero que pretende justificar su latrocinio achacándole
la culpa a una política abstracta, o suave, hacia los inmigrantes, los
países del Sur, los sindicatos, o hacia cualquier actor contrario a los
intereses neoliberales. (...)
España está viviendo un proceso acelerado de historia. Por un lado, se
esclarecen las responsabilidades que Europa en su conjunto tiene frente a
la crisis, pero también se clarifican aquéllas que tienen que ver con
nuestra propia idiosincrasia. (...)
Además, se está rompiendo el consenso sobre la propia idea de consenso,
es decir, se recupera poco a poco la idea de conflicto y de que las
luchas de ayer son los derechos de hoy, y las luchas de hoy son los
derechos del mañana.
¿Entonces?Todo ello genera,
de alguna manera, un nuevo escenario donde se están cambiando las
reglas de juego, las que pueden ser, ahora, reelaboradas por parte de la
ciudadanía. Quiere decir que le corresponde a ésta articular un nuevo
contrato social.
Precisamente, se reclama un nuevo pacto social, donde los responsables
de una crisis paguen por ella. Se sabe que el Estado está
“desconstitucionalizando” el primer artículo de la Carta Magna española;
es decir, se está destruyendo el Estado de Bienestar, un Estado
democrático y de derecho." (Rebelión, 23/07/2012, “España reclama un nuevo pacto social”, Cecilia Escudero, Revista Debate)
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