"Fue una larga jornada. Al principio las noticias que llegaban de Bruselas sobre financiación directa a los bancos y flexibilización del uso de los fondos de rescate sembraban el nerviosismo en Berlín.
Se habló de “giro de 180 grados”, y de “derrota de Alemania”. Observado
con más tranquilidad no hay para tanto: por importantes que sean, para España e Italia, las novedades de la rectificación alemana son diminutas y llevarán estrictas condiciones y vigilancia.
No hay cambio de vector: el “crecimiento” se lleva muy poco dinero
fresco mientras que la austeridad, con el pacto fiscal en el centro, lo
sigue dominando todo. “Continuamos en el marco de nuestros métodos”, ha
dicho Merkel. “Lo fundamental no se ha alterado”, observa Alexander
Lambsdorf, jefe liberal en el Parlamento Europeo.
Las pequeñas
concesiones realizadas eran ineludibles a la vista de la situación que
atraviesan países como España e Italia con los altos intereses para su
deuda, explicó la canciller ante el Bundestag, pero “todos los
instrumentos están ligados a una condicionalidad”, repitió, con un
“calendario y en una vigilancia en la aplicación” de esas condiciones,
dijo. Algunas interpretaciones han sido “tendenciosas”, dijo.(...)
El pacto fiscal significa un gran impulso a lo que está fracasando en
Europa, incrementando deudas y el número de países rescatados. Es una
atadura que priva a los gobiernos –menos los de Luxemburgo y Finlandia
cuya deuda está por debajo del 60%- de toda posibilidad de practicar
medidas expansivas, lo que equivale a frenar inversiones, desmontar
derechos y garantías sociales -especialmente en el sur de Europa- e
instalarse en una espiral de deflación y en el ajuste permanente.
Políticamente supone la pérdida del principal elemento de soberanía de
un parlamento: la decisión y control del presupuesto nacional. A pesar
de la enormidad de todo ello, el pacto fiscal ha sido aprobado sin el
más mínimo debate en algunos países, y lo era anoche con muy poco debate
y disidencia, en las dos cámaras alemanas, lo que se parece a un
harakiri democrático." (Rafael Poch, La Vanguardia, 30/06/2012)
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