"Sin embargo, todas ellas, sin excepción, siguen fielmente el modelo
neoliberal de gestión de la economía: liberalización, desregulación,
privatización, impuestos a pagar por la mayoría de la población
indiscriminadamente, reducción de salarios y deterioro de las
condiciones de trabajo. No nos engañemos. Que los árboles no nos impidan
ver el bosque.
Que la profusión de medidas no nos impida ver la línea
fundamental de su orientación. Todas ellas van dirigidas esencialmente a
mejorar el mundo de los negocios y a apretar, a asfixiar a la población
en sus condiciones de vida: más despidos, menos salarios, más y más
privatizaciones, menos derechos sociales, unos impuestos indirectos
totalmente injustos mientras no se tocan de ninguna manera los ingresos
de los más ricos, a quienes se acaba de conceder una escandalosa
amnistía fiscal casi total.
Y un aspecto particularmente preocupante: la
disminución de las cotizaciones sociales que sólo favorece a los
empresarios y que conducirá directamente a que pronto nos digan que los
derechos sociales son insostenibles porque no hay dinero, probablemente
preparando un nuevo golpe, esta vez a los pensionistas...
Estas
orientaciones señalan claramente cuál es la línea de las políticas de la
UE: todas ellas constituyen la estricta continuidad con la esencia del
neoliberalismo, que están imponiendo en todos los países miembros,
estrechando todavía más las opciones posibles para estos y
convirtiéndose, de paso, en la vanguardia del neoliberalismo mundial.
Pero no hay que considerar que, dentro del estrecho
marco de sometimiento al control de la UE, el Gobierno no tiene ningún
margen. Bruselas manda, es verdad, pero dentro de sus exigencias hay
alguna, aunque pequeña, opción diferente:
la reducción del gasto podría hacerse disminuyendo el de Defensa, o la ayuda a la Iglesia católica, eliminando muchas sedes diplomáticas o de otras maneras, mientras que el aumento de los ingresos podría consistir en una verdadera reforma fiscal que gravara a quienes realmente concentran el dinero de este país.
Las exigencias de la troika transcurren por la misma estrategia de los planteamientos de los gobiernos sucesivos de este país, que acogen aquellas con docilidad (¿o simpatía?) y a quienes les viene muy bien insistir en los requerimientos externos para llevar a cabo muchas medidas que integran sus propios planes.
la reducción del gasto podría hacerse disminuyendo el de Defensa, o la ayuda a la Iglesia católica, eliminando muchas sedes diplomáticas o de otras maneras, mientras que el aumento de los ingresos podría consistir en una verdadera reforma fiscal que gravara a quienes realmente concentran el dinero de este país.
Las exigencias de la troika transcurren por la misma estrategia de los planteamientos de los gobiernos sucesivos de este país, que acogen aquellas con docilidad (¿o simpatía?) y a quienes les viene muy bien insistir en los requerimientos externos para llevar a cabo muchas medidas que integran sus propios planes.
Lo
peor de todo esto es que estas medidas no sirven para resolver los
problemas del país. Es dudoso que se pueda reducir el déficit en los
plazos señalados; de hecho, la propia Unión se ve obligada a ampliar los
plazos originales ante la percepción de que no es posible cumplirlos,
mostrando así, además, que las exigencias de plazos sobre el déficit son
totalmente arbitrarias y no existe razón económica alguna que obligue a
eliminarlos en plazos tan cortos. Y la deuda es impagable.
La banca europea y los inversores institucionales que son nuestros principales acreedores y probablemente instigadores de las medidas exigidas, habrán de aceptar esta realidad en algún momento. Es decir, los dos objetivos supuestamente claves para exigir las medidas no se pueden cumplir.
Pero, además, estas medidas empeoran la situación económica del país al hacer más difícil todavía el crecimiento (el programa futuro de 120.000 millones de euros para estimular el crecimiento de toda la Unión mientras se mantienen los duros programas de ajuste es patético y sería cómico si las situaciones no fueran tan graves).
Entre todas las políticas dictadas no hay una sola medida que impulse el crecimiento y la mejora de la situación productiva ni comercial del país. Al contrario, caerá todavía más la demanda, disminuye la inversión y la investigación, se desmotiva totalmente la mano de obra, excepto por el miedo al paro.
Se concentra todo el estimulo al aumento de competitividad en el deterioro de los salarios y la situación laboral bajo el eufemismo de la devaluación interna. Las medidas que se imponen son contradictorias, llevan al colapso de la economía y conducen a una situación irresoluble.
La opción de pagar por la deuda privada lleva al caos al país, ¿por qué la ciudadanía ha de ser responsable de la deuda privada? ¿A dónde vamos con estos planteamientos? (...)
La banca europea y los inversores institucionales que son nuestros principales acreedores y probablemente instigadores de las medidas exigidas, habrán de aceptar esta realidad en algún momento. Es decir, los dos objetivos supuestamente claves para exigir las medidas no se pueden cumplir.
Pero, además, estas medidas empeoran la situación económica del país al hacer más difícil todavía el crecimiento (el programa futuro de 120.000 millones de euros para estimular el crecimiento de toda la Unión mientras se mantienen los duros programas de ajuste es patético y sería cómico si las situaciones no fueran tan graves).
Entre todas las políticas dictadas no hay una sola medida que impulse el crecimiento y la mejora de la situación productiva ni comercial del país. Al contrario, caerá todavía más la demanda, disminuye la inversión y la investigación, se desmotiva totalmente la mano de obra, excepto por el miedo al paro.
Se concentra todo el estimulo al aumento de competitividad en el deterioro de los salarios y la situación laboral bajo el eufemismo de la devaluación interna. Las medidas que se imponen son contradictorias, llevan al colapso de la economía y conducen a una situación irresoluble.
La opción de pagar por la deuda privada lleva al caos al país, ¿por qué la ciudadanía ha de ser responsable de la deuda privada? ¿A dónde vamos con estos planteamientos? (...)
Es obligado concluir que en esta estrategia existen
otros objetivos más profundos, además de los señalados. Y estos no
pueden ser más que utilizar la crisis y la deuda como una valiosa excusa
para lograr destruir la mayor parte de los derechos laborales, sociales
e incluso políticos, que las sociedades europeas han logrado con
grandes sacrificios y luchas desde el final de la II Guerra Mundial.
No pueden entenderse estas estrategias bajo otro prisma, pues aunque para nada importe el bienestar de la mayoría de la población, están suponiendo la destrucción de la capacidad productiva de los países y una enorme concentración de la actividad económica en ciertas zonas y bajo la propiedad de muy pocos capitales. No se podría entender el entusiasmo de la patronal y los grandes empresarios por estas medidas de otra manera.
Una estrategia que conduce al desorbitado freno a la actividad económica y a la consecuente caída brutal de la demanda interna, que está llevando al cierre de miles de pequeñas y algunas medias empresas, al vaciado paulatino de la capacidad de producción de este país, que camina al endurecimiento de esta situación, no puede ser vista más que en el contexto de una permanente lucha de clases, en este caso de ámbito continental; la cual, según Warren Buffet (uno de los mayores millonarios estadounidenses), están ganando los propietarios del capital
No pueden entenderse estas estrategias bajo otro prisma, pues aunque para nada importe el bienestar de la mayoría de la población, están suponiendo la destrucción de la capacidad productiva de los países y una enorme concentración de la actividad económica en ciertas zonas y bajo la propiedad de muy pocos capitales. No se podría entender el entusiasmo de la patronal y los grandes empresarios por estas medidas de otra manera.
Una estrategia que conduce al desorbitado freno a la actividad económica y a la consecuente caída brutal de la demanda interna, que está llevando al cierre de miles de pequeñas y algunas medias empresas, al vaciado paulatino de la capacidad de producción de este país, que camina al endurecimiento de esta situación, no puede ser vista más que en el contexto de una permanente lucha de clases, en este caso de ámbito continental; la cual, según Warren Buffet (uno de los mayores millonarios estadounidenses), están ganando los propietarios del capital
*Miren Etxezarreta es Catedrática emérita de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y doctora por la London School of Economics. (Público, 12/07/2012)
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