18.9.12

El recorte portugués: Los portugueses perdieron salarios, ahorraron, consumieron menos. Las exportaciones crecieron, las cuentas externas mejoraron, los tipos de interés bajaron. Pero el desempleo y las quiebras se dispararon, los ingresos fiscales cayeron y las empresas, sin crédito, dejaron de invertir. Pasará en España, cuando nos llegue el turno

"Los portugueses perdieron salarios, ahorraron, consumieron menos. Las exportaciones crecieron, las cuentas externas mejoraron, los tipos de interés bajaron. Pero el desempleo y las quiebras se dispararon, los ingresos fiscales cayeron y las empresas, sin crédito, dejaron de invertir. 

Este verano, el derrapaje presupuestario se consumó. Era hora de recompensar al buen alumno. Y se le recompensó: esta semana, la troika dio un año más a Portugal para reducir el déficit. Buenas noticias.

¡Pésimas noticias! El aumento brutal de las contribuciones de los trabajadores a la Seguridad Social, el anuncio de más impuestos para 2013 y el recorte de salarios de la función pública y de los pensionistas incendiaron Portugal.  (...)

Y que trae consigo una injusticia social alarmante, que perjudica a los trabajadores en favor de las grandes empresas. En el fondo, esta medida acelera la reducción de salarios, defendida por la troika como único camino hacia la competitividad, la política de devaluación interna. La política de empobrecimiento que España conoce. 

Portugal es una máquina del tiempo para España; va un año por delante. Por eso reconocemos el estado de negación que se vive en España, donde los problemas de los bancos parecen lejos de estar resueltos, lo que obligará a los españoles a pagar impuestos para ayudar a la banca durante años.

Mariano Rajoy huye de la palabra rescate porque resume la humillación de un país, pero no puede huír de las medidas decididas por instituciones que los españoles no han elegido.

También los portugueses tardaron en percibir que el cielo les caía sobre sus cabezas. Pero los portugueses cumplieron todo lo que se les pidió. Todo. Quien falló fue el Gobierno en la reducción del gasto público.

 Y quien no cumplió fue Europa, donde los nacionalismos de los países más poderosos, como Alemania, impiden que haya una política económica integrada. Ese es el separatismo que amenaza al euro. Solo el BCE parece estar haciendo su trabajo. Los políticos no.

Obligar a los trabajadores a dar dinero a las empresas es una locura experimentalista. Empobrecer a los ciudadanos con medidas injustas amenanza la economía y el éxito de la troika, pero amenaza, sobre todo, a la sociedad."            (El País, Negocios, 16/09/2012)

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