"Los portugueses perdieron salarios, ahorraron, consumieron menos. Las
exportaciones crecieron, las cuentas externas mejoraron, los tipos de
interés bajaron. Pero el desempleo y las quiebras se dispararon, los
ingresos fiscales cayeron y las empresas, sin crédito, dejaron de
invertir.
Este verano, el derrapaje presupuestario se consumó. Era hora
de recompensar al buen alumno. Y se le recompensó: esta semana, la
troika dio un año más a Portugal para reducir el déficit. Buenas
noticias.
¡Pésimas noticias! El aumento brutal de las contribuciones de los
trabajadores a la Seguridad Social, el anuncio de más impuestos para
2013 y el recorte de salarios de la función pública y de los
pensionistas incendiaron Portugal. (...)
Y que trae consigo una injusticia social alarmante, que perjudica a
los trabajadores en favor de las grandes empresas. En el fondo, esta
medida acelera la reducción de salarios, defendida por la troika como
único camino hacia la competitividad, la política de devaluación interna. La política de empobrecimiento que España conoce.
Portugal es una máquina del tiempo para España; va un año por
delante. Por eso reconocemos el estado de negación que se vive en
España, donde los problemas de los bancos parecen lejos de estar
resueltos, lo que obligará a los españoles a pagar impuestos para ayudar
a la banca durante años.
Mariano Rajoy huye de la palabra rescate
porque resume la humillación de un país, pero no puede huír de las
medidas decididas por instituciones que los españoles no han elegido.
También los portugueses tardaron en percibir que el cielo les caía
sobre sus cabezas. Pero los portugueses cumplieron todo lo que se les
pidió. Todo. Quien falló fue el Gobierno en la reducción del gasto
público.
Y quien no cumplió fue Europa, donde los nacionalismos de los
países más poderosos, como Alemania, impiden que haya una política
económica integrada. Ese es el separatismo que amenaza al euro. Solo el
BCE parece estar haciendo su trabajo. Los políticos no.
Obligar a los trabajadores a dar dinero a las empresas es una locura
experimentalista. Empobrecer a los ciudadanos con medidas injustas
amenanza la economía y el éxito de la troika, pero amenaza, sobre todo, a
la sociedad." (El País, Negocios, 16/09/2012)
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