"Un dogma que se ha extendido en los establishments financieros,
económicos, mediáticos, académicos y políticos de España es que para
salir de la crisis hay que bajar los salarios. Tal creencia ha sido
reforzada por el último informe sobre España del Banco Central Europeo
dado a conocer el pasado jueves (09.08.12) (...)
El argumento que se utiliza para justificar tales medidas es que, al no
poder devaluar la moneda (posibilidad denegada a los países de la
Eurozona al tener todos ellos la misma moneda) a fin de abaratar los
productos y hacer al país más competitivo, la única solución que les
queda a tales países que están en recesión es abaratar los productos a
base de disminuir los salarios.
De esta manera serán más y más
competitivos y venderán más productos, exportando más y más,
convirtiendo tales exportaciones en el motor de la economía, permitiendo
así que salgan de la recesión. Este argumento ha pasado a ser parte de
la teología de tales establishments (...)
Podría citar muchas declaraciones recientes de economistas próximos al
PSOE y al PSC que, añadiendo un “tono de realismo” (que siempre se
utiliza para defender tesis neoliberales), concluyen que sí, que hay que
descender los salarios como parte de lo que Paul Krugman y muchos otros
han llamado la “devaluación doméstica”. (...)
Tal dogma, como todos los dogmas, se basa en fe en lugar de evidencia
científica. En primer lugar, incluso si aceptáramos por un momento la
necesidad de devaluación doméstica, tal bajada de los costes de
producción puede hacerse a base de reducir los beneficios empresariales,
en lugar de los salarios, posibilidad que casi nunca se menciona.
Y
cuando, raramente se hace, es para descartar tal posibilidad pues –según
ellos- ello desincentivaría la inversión. Mírese como se mire, se
propone cargar el peso de la recuperación económica en las espaldas de
los trabajadores y no sobre las de los empresarios, a los cuales hay que
darles todas las facilidades y estímulos para que exporten, pues ahí es
donde radica toda nuestra salvación. Pero los datos muestran el error
de los supuestos sobre los que se basa tal dogma. Veámoslos.
Uno de los centros de investigación económica próximo al mundo
empresarial de las grandes corporaciones estadounidenses (The Conference
Board) acaba de publicar un detallado estudio de la evolución de los
salarios en la Eurozona que muestra que éstos han descendido de una
manera muy marcada en España, Irlanda, Grecia y Portugal (los famosos
países PIGS en la terminología anglosajona).
Como promedio los costes
laborales han descendido un 15% desde 2009. Pero como bien señala el
economista belga Ronald Janssen, este descenso de los salarios y aumento
de los beneficios no ha ido, por lo general, acompañado de un aumento
ni de las inversiones ni de las exportaciones (“Falling Wage Costs:
Europe’s Light at the end of the tunnel?”). (...)
En España y en Portugal, sin embargo,
las exportaciones sí que han crecido sobre todo a partir del 2009. Tal
crecimiento sin embargo no ha sido suficiente para reavivar la economía
de tales países. En ambos países, la gran destrucción de empleo (en
parte responsable del aumento de la productividad), consecuencia de las
políticas de austeridad y de la gran bajada de salarios, ha creado una
recesión tal que el aumento de las exportaciones no ha sido suficiente
para estimular de nuevo la economía.
La bajada de salarios que en teoría
está aumentando las exportaciones está a la vez deprimiendo la economía
doméstica, venciendo esta última a la primera. Ello confirma lo que
varios autores hemos estado señalando durante bastante tiempo: el gran
error, mostrado muchas veces en Latinoamérica, de querer estimular la
economía a base de colocar el sector exportador en el centro de la
economía.
No fue hasta que gobiernos de izquierdas y centroizquierdas
potenciaron la demanda doméstica que aquellos países de América Latina
salieron de su recesión.
En este aspecto, es interesante ver la
similitud de los argumentos neoliberales (presentados como argumentos de
sentido común en las “ciencias económicas”) utilizados en América
Latina y ahora aquí en España.
Tales argumentos están siendo utilizados
hoy en España no solo por las derechas sino también por economistas de
partidos exgobernantes de centroizquierda, como el PSOE y el PSC, hoy en
la oposición (resultado, por cierto, de la aplicación de tales
políticas). (...)
Todo este proceso era predecible. Es fácil de ver que tales políticas
son erróneas. Solo se necesita mirar los datos y olvidarse de la
teología neoliberal (presentada como conocimiento económico).
Cuando
tantos trabajadores están sin trabajo y cuando la mayoría de jóvenes
están sin trabajo durante muchos años, significan una pérdida, muchas
veces irreversible, de recursos productivos. Y esto es lo que está
ocurriendo en España. Frente a un sector exportador vivo, existe una
economía doméstica paralizada por una enorme falta de demanda, creada
por la confluencia de bajada de salarios, destrucción de empleo, y
reducción de gasto público.
Esta fue la situación en Latino América en
el periodo neoliberal y ésta es la situación en los países PIGS ahora
(convertido en GIPSI, con la inclusión de Italia).
En realidad, la bajada de salarios está
creando una enorme recesión no solo en los países periféricos de la
Eurozona sino también en los países del centro. El nivel de demanda de
la manufactura (PMI, purchasing manager index) está bajando también en
Alemania y en Francia a niveles de Italia, habiendo alcanzado cuotas por
debajo de lo que se considera el nivel aceptable y/o sostenible.
Y ello
era, de nuevo, predecible, pues gran parte de las exportaciones
alemanas y francesas son importaciones italianas, españolas, portuguesas
y griegas. Y la bajada de salarios y recortes de gasto público están
reduciendo dramáticamente el consumo doméstico y exterior.
La respuesta del
establishment alemán no es estimular la demanda en Alemania y en los
otros países de la Eurozona sino al contrario.
Sus políticas públicas
están recortando los salarios de los trabajadores alemanas y
(presionando a través del Bundesbank y, por lo tanto, del BCE) de los
trabajadores de los países periféricos de la Eurozona, conduciendo al
precipicio a toda la Eurozona. Se inicia así una competición para ver
quién paga menos a sus trabajadores." (Artículo publicado por Vicenç Navarro, 14 de agosto de 2012, en www.vnavarro.org, 14/08/2012)
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