"... analizando las estrategias de salida que se adoptaron en otras crisis,
se pueden obtener ideas y lecciones para combatir la actual. Una de
las mejor gestionadas fue la de Suecia en 1991, que tiene muchas
similitudes con la que padece España en estos momentos y que en su
resolución fue clave la creación de un banco malo.(...)
Su origen se produjo en una economía sobrecalentada y con alta inflación, que posteriormente protagonizó una desaceleración abrupta, cuando estalló la burbuja especulativa, en 1989.
Ésta se sustentaba en la bolsa y en el mercado inmobiliario y su fin
desembocó en una contracción de la economía dos años después, que
acarreó varias repercusiones.
Entre ellas, un aumento del desempleo, que
pasó del 2% en 1989 hasta el 7,5% en 1995 y una caída del precio de las
viviendas del 70% en ese mismo lapso. Además, la debilidad de esta
economía propició que su divisa, la corona sueca, sufriera un fuerte
ataque especulativo, que dio al traste con el régimen de tipo de cambio
fijo que tenía entonces y pasara a flotación libre.
Entre 1991 y 1992, se desataron las primeras baterías anticrisis, que
no fueron más allá de ayudas individualizadas en las que el banco
central dio préstamos a tasas subsidiadas a las tres entidades más
afectadas, que fueron Gota Bank, Nordbanken y Forsta Sparbanken.
Esta
estrategia se complementó con garantías gubernamentales sobre préstamos,
compra de acciones e inyecciones de capital preferencial que terminaron con la compra de facto por parte del Estado de los bancos más afectados.
Las medidas fueron insuficientes, ya que la gravedad de la crisis no remitió.
Así, en diciembre de 1992, el Parlamento aprobaba iniciativas más
drásticas gracias al consenso entre las dos fuerzas mayoritarias.
En
ellas se autorizó al Gobierno a otorgar garantías directas sobre los
préstamos, prestar directamente a los bancos, comprar cartera e inyectar
capital tanto a entidades nacionales como extranjeras. Además,
concedieron garantías sin límites para que los bancos cumplieran sus
obligaciones con los depositantes.
Por otra parte, en mayo de 1993, se crearon dos instituciones que
tuvieron un rol fundamental para superar la crisis y reducir su coste
global. Fueron la Autoridad de Apoyo a los Bancos (AAB) y las Compañías de Administración de Activos (CAAs), Securum y Retrieva.
La AAB dependía de la Secretaría de Hacienda, operaba con auditores
externos y otorgaba asistencia a los bancos, recapitalizándolos, y a los
depositantes. Esta institución tenía la facultad para vender y fusionar
bancos, pero no para la venta de activos, a menos de que se tratara de
toda la cartera en caso de una fusión.
La potestad para vender activos de los bancos de manera individual
recayó sobre las CAAs que eran financiadas por el gobierno y su objetivo
era comprar la cartera vencida con sus garantías para después
revenderla en paquetes. Es decir, actuaban como un banco malo, ya que
de facto dividían cada banco en dos entidades, una con los activos
sanos y otra con los activos tóxicos.
Los primeros quedaron en el banco original, mientras que los
segundos, en su mayoría hipotecas, fueron asumidas por las CAAs. Tanto
la AAB y las CAAs operaron bajo el principio de minimizar el coste
fiscal para el Estado y de proporcionar un trato equitativo a los
bancos.
Así, a las CAAs se les transfirió sólo una parte de la cartera vencida de los bancos
(todos los créditos que no habían sido pagados a la fecha de su
vencimiento). El resto se quedó en manos de las entidades, de manera que
quienes recibieron mayor apoyo mantuvieran niveles de activos malos
proporcionales a los que recibieran menor ayuda.
Estas dos entidades aceleraron el saneamiento de la banca a tal
velocidad que a finales de 1993 ya se vislumbraba el final de la crisis.
Pero no sólo eso. Una vez que estas instituciones ayudaron a la banca,
recibieron un importante apoyo legal por parte del Gobierno para
rescatar parte importante del dinero invertido en la cartera bancaria, recuperando una proporción significativa de esta cuantía gracias a que perdieron pocos casos en las Cortes.
A través de la vía judicial embargaban las viviendas y cuando se
inició la recuperación del precio de las viviendas en 1995, los bienes
inmuebles y los activos tóxicos, (estos últimos en la bolsa de valores)
recuperando así parte del valor original.
De esta forma, a finales de
1993 se calcula que el coste de la crisis bancaria para Suecia fue del
5% de su Producto Interior Bruto (PIB) y de que el rescate de 65.000 millones de coronas el Estado pudo recuperar casi 48.000 millones, el 75% de los recursos destinados." (El Economista, 24/09/2012)
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