"Yo no puedo dejar de salir de mi asombro. Casi he caído en un estado
de estupor. ¿Pero qué es esto? ¿Cual es el pecado de la clase media y de
la clase obrera? Ya entiendo: nuestro error ha sido creer que teníamos
derecho a una vivienda digna, a poder viajar al extranjero, a gozar de
uno de los mejores Sistemas Sanitarios del mundo, a intentar que
nuestros hijos aprendieran ese inglés que a nosotros tanto nos costó, a
elegir democráticamente a unos políticos que creíamos que velaban por
nuestro bien, a confiar en una Monarquía que como elemento simbólico
estabilizador “nos protegería de males mayores”. Pero no fue pecado, fue
ingenuidad, candidez.
Miren Vds., Sres. Políticos: yo nací en un país en el que se
trabajaba duro, muy duro. En el que mis padres y mis abuelos con sus
manos y su sudor, enterrando los recuerdos de una Guerra Civil, asumían
el silencio como condición necesaria para que sus hijos pudieran salir
adelante.
Y llegó la libertad, y los muy jóvenes de entonces la
recibimos con júbilo, iniciando la construcción de un país en el que el
libre pensamiento, la tolerancia, y el intercambio de ideas nos ayudaría
a realizar el sueño de una España próspera, moderna, europea.
Y ese país al que me refiero, en el que se alcanzó el estado de
bienestar, lo hemos edificado los que ahora somos clase
media/trabajadora. ¿Y cómo? Pues trabajando, haciendo, como Vds. dicen,
los deberes.
Sí Sres. repito: trabajando como médicos, enfermeros,
policías, profesores, maestros, bomberos, funcionarios en general,
pequeños empresarios, comerciantes, autónomos, artesanos, empleados de
servicios y un largo etc. Y aunque algunos digan que el funcionariado
de este país se toca el ombligo, puedo poner el ejemplo que mejor
conozco: el de nuestra Sanidad Pública que se cuajó con el esfuerzo de
muchos profesionales convencidos del valor de su trabajo, que echaron
muchas horas extras estudiando, publicando, acudiendo a congresos… para
aprender y mejorar su práctica “pública”, sin esperar una paga extra.
Puedo dar fe de ello. Porque nos movía algo situado en una escala de
valores superior a la del dinero: nos movía el orgullo de construir
para España el mejor Sistema de Salud.
Así que déjense de palabrería. Ni la clase media ni la clase obrera
tienen la culpa, ni deben pagar por los graves errores cometidos por
aquellos en los que un día confiamos: la clase política arrastrada por
intereses “supranacionales”, metida en la ruleta de la globalización,
de la especulación, de las transacciones irregulares, de los paraísos
fiscales.
Aquí lo que ha pasado es que nos hacían creer que
prosperábamos por tener un piso en propiedad (hipotecado) y estrenar
coche cada cinco años (por supuesto financiado), mientras los banqueros y
otros afortunados se hacían inmensamente ricos. Y me temo que estos no
tenían que pagar IRPF, ni rendir las cuentas a Hacienda que otros
hacíamos todos los años.
Pienso en trabajadores, clase humilde que mejoró su calidad de vida
en estos pasados años. Pasaron de vivir sólo de “criar gorrinos”,
recoger la oliva, endurecer sus pies con el trasiego de ganado a que sus
hijos aumentaran su nivel adquisitivo con el ladrillo, o con el
hormigón.
Muchos pudieron ir de viaje de novios a un crucerito por el
Mediterráneo o a visitar las Islas Canarias, hasta entonces patrimonio
de la clase media. Ahora están en paro, con hijos, sin subsidio. El
hambre les acecha. ¿El hambre en España?!Pero si esa era la historia de
mi abuela!" (Attac España, 15/08/2012, Yolanda Jarabo Crespo)
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