"La sociedad española no aguantara mucho tiempo más la cura de
austeridad a la que se ve sometida, una terapia fatal que no resuelve el
problema del desequilibrio de las cuentas públicas.
Con todos los
motores del crecimiento parados, con las empresas, las familias y el
sector publico reduciendo a la vez su endeudamiento y disminuyendo su
demanda, con el crédito cerrado y la tremenda fuga de la inversión
extranjera, no hay forma de retomar una senda de crecimiento. Y sin
crecimiento no hay austeridad que sirva para reducir el déficit público
ni para recuperar el empleo perdido.
Y cuando las cosas van mal la solidaridad se hace más difícil. Con la
exacerbación del sentimiento nacionalista catalán y la demanda de
independencia tiene mucho que ver el brutal efecto que han tenido los
recortes en sanidad, educación y otros componentes del Estado del
bienestar, junto con la reducción de salarios públicos y el aumento del
paro.
El “España nos roba” y los 16.000 millones de déficit fiscal que
pregona el gobierno de la Generalitat se hacen más creíbles y sobre todo
menos soportables cuando se sufren esos recortes que cuando la economía
crece al 4 % y parece que hay recursos para todo.
Y así Mas ha conseguido que su política social y fiscal hayan
desaparecido del debate. Este ha sido ocupado por el mantra de la
independencia como el nuevo bálsamo que resolverá todos los problemas.
La convocatoria de elecciones es un acto de oportunismo político pero ha
sido saludado en Cataluña como una valiente decisión de un hombre de
Estado que percibe la ocasión histórica.
Hay que tener cuidado con los
vientos que siembran tempestades y aunque ahora Mas llame a la templanza
y advierta que la independencia no es para mañana, lo cierto es que ha
encendido la mecha de un proceso de difícil control que no se resuelve
apelando a la Guardia Civil como en pasadas experiencias secesionistas. (...)
No es solo España donde las tensiones sociales se agudizan y se
producen protestas que derivan en explosiones de violencia. No hay más
que ver lo que ocurre en Grecia y Portugal, sacrificados todavía más que
nosotros a la política de austeridad contra la que clama en el desierto
Paul Krugman.
Y en Francia, Hollande pierde el apoyo social porque al
final también tiene que aplicar la austeridad contra la que predico para
ser elegido. Él al menos aplica una política fiscal mucho más
progresista para repartir los costes del ajuste.
Y así la crisis económica europea se está convirtiendo en una crisis
de la democracia. La Europa unida nació para desterrar la violencia y
para borrar o difuminar las fronteras. Pero las políticas que esta
Europa impone están volviendo a hacer emerger la violencia en sus
sociedades y reclamando nuevas fronteras.
Y en esa transformación de la naturaleza de la crisis tiene mucha
responsabilidad Alemania. Como decía hace poco el que fuese ministro de
Exteriores alemán, J Fisher, sería una ironía de la Historia que por
tercera vez Alemania destruyese el orden europeo aunque esta vez fuese
por medios pacíficos y animada de mejores intenciones." (Josep Borrell, Repúblico.com, 08/10/2012)
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