María G., 48 años.
Con la deuda de su maltratador.
María G. (prefiere no revelar su apellido), onubense de 48 años,
lucha por que el banco le condone la deuda que le dejó su maltratador.
Después de denunciarle por maltrato —"Me planté el día que me agredió
con mi niño en brazos", cuenta—, él huyó a su Ecuador natal. María,
funcionaria con una pensión por incapacidad total y con un niño de seis
años, quedó como única responsable de la deuda hipotecaria de la casa de
ambos y de otros dos préstamos. Total: casi 400.000 euros. Era 2008. Él
sigue en busca y captura.
El banco se adjudicó la vivienda por subasta; la deuda que le queda
es de 140.000 euros. De sus 1.600 euros de pensión, 400 los tiene
embargados. La entidad intentó incluso que ella asumiera un seguro de
12.000 euros que él tenía solo a su nombre (ni siquiera estaban
casados). Ahora vive en casa de su padre. (...)
José Manuel Mengíbar, firma en presencia de su mujer, Lourdes Castro, los papeles del deshaucio de su casa
Lourdes Castro, 35 años. Desalojo por sorpresa contra la movilización
El viernes, Lourdes Castro regresaba a su casa, en el barrio obrero del
Campo de la Verdad (Córdoba), tras dejar a sus dos hijos de ocho y 11
años en el cole, y a su pareja en un curso de formación. En la puerta de
su vivienda le esperaban tres funcionarios del Juzgado de Primera
Instancia número 2 de la ciudad, acompañados de policías. “Me dijeron
que recogiera lo imprescindible, que no llamase a nadie. Que tenían que
desalojarme”. La pareja no fue advertida del día y la hora del desahucio
y ha puesto una demanda ante la fiscalía por la forma en que se ejecutó
el desalojo, pensado para evitar la movilización popular que ya frenó
su primer desalojo. La pareja pidió en 2005 un crédito de 72.000 euros
para reformar su casa. Actualmente, ambos están en paro. Ella recibe 426
euros de ayuda. Anoche se encontraron la casa abierta. Y regresaron a
su hogar. De momento."
César Guerrero, un vecino del barrio de La Florida de L´Hospitalet de
Llobregat, Barcelona, mantiene una acampada ante las puertas de una
oficina de Catalunya Caixa
César Guerrero, 33 años. Cargas que empujan a inmigrantes a retornar.
“No podemos más. Lo hemos intentado desde hace más de dos años y no lo
hemos conseguido. No nos sentimos fracasados, al contrario, muy
orgullosos puesto que hemos ayudado muchas personas y nos han ayudado”.
Así empieza la carta que César Guerrero y su mujer, ecuatorianos,
enviaron a sus amigos antes de retornar a su país. Su caso es como el de
miles: llegaron, trabajaron todas las horas que pudieron, trajeron a
los niños, compraron un piso… hasta que el paro dio al traste con todo.
Un día dejaron de pagar las cuotas porque preferían “dar de comer a los
hijos que al banco”. En Barcelona se recuerda a César, uno de los
activistas más destacados de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.
En dos años no se perdió ni un desahucio, ni una asamblea. Hasta que no
pudo más."
Mercedes Castro, 56 años. La trampa de la subasta notarial.
Mercedes Castro fue una de las primeras personas que se topó con la
práctica de algunos bancos de recurrir a subastas notariales en vez de
judiciales. De esta forma, tras dos subastas por el 100% y el 75% del
valor de la deuda, en la tercera se podían adjudicar los pisos por un
euro, mientras los desahuciados cargaban con el peso entero de la deuda.
Al aflorar este drama, el Gobierno modificó la norma: ahora los pisos
deben subastarse por un mínimo del 60% del valor de tasación, como en
procesos judiciales. Castro logró negociar la dación en pago, pero se
encontró con otra sorpresa: el Ayuntamiento de Barcelona le reclamó
3.000 euros del impuesto de plusvalía. A ojos de la hacienda municipal
se había hecho rica. Barcelona anunció hace unas semanas que perdonará
este gravamen en las daciones.
Marisol y sus cinco hijos en su piso de Carabanchel
Xiomara Sena, 32 años. Madre soltera de un niño con diabetes.
A Xiomara, una inmigrante dominicana de 32 años con un hijo de cinco
años a su cargo, la desahuciaron el pasado 20 de junio. Desde entonces,
ambos viven en una habitación alquilada en Carabanchel (Madrid) que le
cuesta 250 euros. Esta madre soltera sufre para llegar a fin de mes.
Ingresa 426 euros de ayuda y su exmarido, que está en paro, unos meses
le ingresa 100 euros y otros nada. Actualmente Xiomara está sustituyendo
a su hermana, embarazada, y cobra 200 euros al mes por limpiar en una
casa. La dominicana está atrapada por su condición de madre soltera de
un niño que necesita cuidados constantes; cada 90 minutos le mide la
glucosa y necesita cuatro inyecciones de insulina diarias. Actualmente,
adeuda al colegio del menor dos meses de comedor, 180 euros que no puede
pagar. (El País, 24/10/2012)




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