"Este año
el tema central que se ha escogido para el día mundial de la salud mental ha
sido la depresión. La depresión, como es sabido, no es transmisible y puede
afectar a cualquiera, a gente joven y a mayores y es una de las enfermedades de
más amplia distribución.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se
estima que actualmente hay unos 350 millones de personas afectadas a nivel
mundial y, según algunos estudios, una de cada diez personas presenta depresión
mayor y casi una de cada cinco ha tenido el trastorno en algún momento durante
su vida.
La
depresión se presenta habitualmente con estados de ánimo muy bajos, pérdida de
interés, sentimientos de culpa, baja autoestima, alteraciones del sueño y
apetito, mala concentración, etc. Se acompaña también de estados de ansiedad.
Estos trastornos pueden volverse crónicos y llevar a dificultades serias para
poder realizar las tareas diarias.
Es muy importante saber que la recuperación
de esta enfermedad es posible y alcanzable aunque en algunos países los medios
disponibles son escasos y los recortes sanitarios lo están dificultando
considerablemente. Hay, claro está, también diferentes formas de depresión,
pero de todo eso no vamos tratar en este artículo. (...)
Se
informa en un documento (1) realizado
para el día mundial por la Federación mundial para la salud mental que la
situación económica ha llevado en los países desarrollados a un aumento del
desempleo, las deudas y la inseguridad económica, lo cual resulta en un incremento
de la depresión en la población.
Así pues va surgiendo cada vez más evidencia a
partir de diversas crisis anteriores (de EEUU, Asia, la antigua URSS) y la
actual que hay una asociación entre la crisis y la psicopatología y
particularmente la depresión y el suicidio (2).
La
diferencia entre una tristeza normal y la depresión es importante. De manera
que, frente a circunstancias adversas como la muerte de un ser querido, la
perdida de estatus social, la humillación, las pérdidas económicas, etc. se
espera una respuesta psicológica que es por supuesto normal. “Lo que sería anormal
es que nuestro estado de ánimo no se alterase en este tipo de situaciones de
riesgo.
Una falta de reacción a una situación de este calibre tal vez sería más
propia de un organismo del reino vegetal que no de un ser vivo sofisticado
cognitivamente como el ser humano” (3). Así
pues, es importante diferenciar entre una respuesta adaptativa de una respuesta
disfuncional, a pesar de la dificultad en hacerlo.(...)
En el
mismo documento se reconoce que las personas que viven cerca de la línea de
pobreza y con bajos ingresos están sometidas a un gran estrés psicosocial, y también
que a través de la influencia de los padres puede afectar a la salud mental de
los niños, lo cual puede llevar a déficits en el desarrollo cognitivo,
emocional y físico de los mismos.
Asimismo el desempleo, el empobrecimiento y
las distorsiones familiares tienen probabilidad de producir o precipitar una
serie de problemas de salud mental como depresión, alcoholismo y suicidio. Un
trágico ejemplo que se destaca serían los suicidios en masa de agricultores en
la India tras la reforma de la agricultura a mediados de la década de los 90.
En un
estudio muy detallado sobre los costos de la depresión realizado por la
Generalitat de Catalunya editado en marzo del 2011, ya con el gobierno de CiU,
se apunta que hay una clara asociación entre depresión y ansiedad, la
probabilidad de estar en el paro y un uso más frecuente de servicios, y esto
puede asociarse a un coste más elevado. Asimismo la depresión se relaciona con
la pobreza, el paro y otros factores (5).
Según una información aparecida este mes
en La Vanguardia (7), el suicidio ya es la primera causa de muerte de los catalanes
de entre 30 y 44 años y la segunda causa entre los jóvenes de 15 a 29. Desde el
año 2007, el inicio de la crisis, hay una tendencia al alza. En el 2007 fueron 3.263, en el 2008, 3.453 y en el 2009,
3.429. Se ha llegado a cuantificar que por cada incremento del 1% de
desempleo se da un 0,79% de aumento en los suicidios de los menores de 65 años.
Hace tiempo que los suicidios superan a los muertos por accidentes
de tráfico y no se habla de ello ni la décima parte de lo que se habla en el
caso de los accidentes de tráfico. Por cada suicidio consumado, se producen
unos veinte fallidos, por lo que unas 60.000 personas muestran cada año algún
tipo de conducta suicida en España. En todo el mundo se suicidan
aproximadamente un millón de personas (8).
A pesar
de estas terribles estadísticas y de la asociación manifiesta entre pobreza, depresión
y suicidios realizada por diversas agencias e incluso por el mencionado estudio
de la Generalitat de Catalunya, el Sr. Boi Ruiz como Conseller de sanidad del actual
gobierno de CiU manifestó en el acto central del día mundial de la salud mental
(entre pacientes, familiares, entidades, profesionales…) realizado este año en
Sabadell y según el mismo diario barcelonés más arriba citado (nada sospechoso
de crítico con el gobierno de CiU), que esto “se acentúa por el descenso de los
accidentes de tráfico, que han hecho reducir el número total de fallecidos en
esas franjas de edad en la carretera.”
¿Es una cuestión sólo de ranquin de
muertes? ¿Y las causas? ¿Cuáles son los motivos para que suceda esto? ¿Qué
desesperación lleva a una persona a quitarse la vida?
No es la
primera vez que la posición de este miembro del gobierno de Catalunya cuando
trata de temas de salud que tienen una clara componente social y política tira pelotas
fuera o bien acude a los manidos estilos de vida y a la genética del individuo.
Sin ir más lejos aún se recuerda el escandaloso comentario del 25 de octubre
del pasado año cuando manifestó en una entrevista que “la salud es un bien
privado y depende de uno mismo y no del Estado, ya que esta depende del código
genético, de sus antecedentes familiares y de sus hábitos”.(...)
En el
Informe de la Comisión de Determinantes Sociales de la misma OMS del 2008 que
tuvo un impacto mundial muy considerable se puso de manifiesto que “la acumulación tóxica de factores sociales injustos y
evitables, como la desigualdad económica, la precariedad laboral, la
contaminación ambiental, la inseguridad alimentaria, no tener una vivienda
digna, o la falta de participación y democracia” daña la salud y crea
inequidades.
La Comisión nombra a estos y otros determinantes como son las
pensiones, el nivel educativo, las desigualdades entre hombres y mujeres (el
trabajo reproductivo y en especial la violencia contra las mujeres) y la
participación social y política, las “causas de las causas” de la salud y la
inequidad en salud.” (9)
Las
declaraciones del Sr. Boi Ruiz son todo un ejemplo de cómo la ideología neoliberal
va en contra de la investigación científica y de los estudios e informes sobre
la importancia de los determinantes sociales en la salud. (...)
Parece pues evidente que para la derecha neoliberal ignorar o negar evidencias científicas como las expuestas más arriba y culpabilizar a las víctimas de su pobreza o de mala salud por fumar o beber y no comer frutas y verduras o por aprovecharse del sistema de prestaciones, por citar algunos ejemplos, formaría parte también de un mecanismo de legitimación de los recortes sociales, de continuar con el desmantelamiento de los servicios públicos y del grave aumento de las desigualdades sociales que está padeciendo la población del Reino de España." ('¿Por qué la derecha no ve (o no quiere ver) la relación entre pobreza, depresión y suicidios?', de Sergi Raventós, Sin Permiso, 21/10/2012)
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