"Ya tenemos aquí el tan esperado
rescate bancario y, como no podía ser de otra forma, llega dando una
nueva vuelta de tuerca sobre la economía española y, más concretamente,
sobre los trabajadores del sector y sobre el conjunto de los
contribuyentes.(...)
Pero, claro, hay
reestructuraciones y reestructuraciones y la que se nos ha impuesto es
de las que, más que ayudar a una transición suave y a amortiguar sus
costes sociales y personales, deja a los pies de los caballos a los
trabajadores, convirtiéndolos en moneda de cambio de unos beneficios que
difícilmente aparecerán en una economía en caída libre como es la
española.
Aunque eso no debe quitar el sueño a la Comisión que sabe que
detrás de las instituciones rescatadas se encuentra el erario público y,
por tanto, el dinero de todos los contribuyentes por si aquéllas no
pueden devolver por sí mismas los fondos recibidos.
Y es que, si algo no
debemos olvidar, es que los préstamos del presente son los recortes
sociales del futuro; así de torcidos son los renglones con los que
escribe la troika sus pactos mefistofélicos y sólo de esa forma puede
calificarse la reestructuración llegada desde Bruselas en el día de ayer
cargada de argumentos para la indignación. Veámoslos.
En primer lugar, hay
algo que, aunque pudiera parecer una cuestión meramente nominal, creo
que no lo es. Hablamos de ayudas para instituciones nacionalizadas a
las que se aporta fondos públicos directamente y a las que se respalda
el monto del rescate con el dinero de nuestros impuestos y, sin embargo,
sigue sin plantearse ningún tipo de participación pública activa en la
gestión de las instituciones, no sólo por ejercer mínimamente el derecho
de propiedad, sacrosanto en el capitalismo, sino para reconducir su
actividad hacia la recuperación del crédito.
Pues no, se les entrega el
dinero de todos y se les permite que sigan con su negocio, que si no
responden ya lo hará el resto de españoles por ellos.
En segundo lugar, nos
encontramos con que tan sólo cuatro instituciones van a recibir, en
total y de momento, una inyección de 67 mil millones de euros de ayudas
públicas (37 mil millones aportados por Europa y 30 mil millones
aportados por España, tal y como recoge el comunicado de prensa de la Comisión Europea),
es decir, más del 6% del PIB español, mientras se recortan cada día
derechos sociales que afectan al bienestar de todos nosotros porque,
según nos dicen, no hay recursos para atenderlos.
Las preguntas,
entonces, son claras: ¿por qué motivo estas instituciones deben ser
rescatadas y no se podía permitir su quiebra y que fueran los
accionistas y acreedores quienes cargaran con el coste de la mala
gestión? ¿Es realmente sistémica Bankia como para que se le inyecten 36
mil millones de euros?
¿Cuánto de sistémicos tienen NovaGalicia o
Catalunya Caixa para que nos cuesten 10 mil y 14 mil millones de euros,
respectivamente? Y ya el colmo es el caso de Banco de Valencia que, en
lugar de dejarlo quebrar, se lo sanea completamente con dinero público
por valor de 7 mil millones de euros y se vende a CaixaBank por 1 euro.
Si ninguna de las
entidades rescatadas tenía carácter sistémico, ¿qué podría justificar
entonces que no se les dejara quebrar? Eso nos lleva al tercer argumento
para la indignación. La única razón que podría esgrimir el gobierno
para legitimar el rescate sería su voluntad de proteger los puestos de
trabajo del sector intentando que la reestructuración fuera lo menos
traumática posible.
Pero tampoco es el caso. Lo que acaba de hacer
Bruselas con la aquiescencia del gobierno, que es quien avala los planes
de reestructuración de cada entidad, es cortar por lo sano y facilitar
que las empresas traten de conseguir beneficios por la vía de despedir
masivamente trabajadores.
Es decir, nuevamente el empleo se convierte en
la variable de ajuste del sistema, su única vía para recomponer la tasa
de ganancia.
¿Qué más da si para
conseguir beneficios Bankia tiene que despedir a 6000 personas o
NovaGalicia a 2500? ¿Por qué no probamos a hacer los números del rescate
sobre otros parámetros y dividimos los 18 mil millones de euros
aprobados para Bankia en el plan de rescate entre los 6000 despedidos?
El resultado no puede dejar indiferente a nadie: por cada despido Bankia
recibirá de Bruselas 3 millones de euros (casi mil millones de las
futuras pesetas) que es, paradójicamente, casi la misma cantidad que se llevó Miguel Blesa al abandonar Caja Madrid (2,7 millones de euros). (...)
Y, para concluir, hay algo que todos deberíamos tener meridianamente
claro: nada garantiza que con estas reformas se puedan obtener
beneficios o, si lo prefieren lo digo en roman paladino, lo más probable
es que todas estas ayudas tengan que ser devueltas con el dinero de los
contribuyentes.
Y es que con las limitaciones a las que se ha sometido a
las instituciones rescatadas tanto en términos de negocio (centrado en
las pymes y particulares cuya situación financiera es de todos
conocida), como geográficas (lo cual no deja de ser sorprendente:
Bruselas ha restringido el derecho de establecimiento a nivel autonómico
para estas cuatro entidades.
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