7.11.12

¿Suicidios o crimen de Estado? En España se producen entre nueve y diez suicidios cada día, y un tercio de ellos tienen que ver con problemas económicos originados por la crisis

"Todos los datos permiten asegurar que una gran parte del incremento en el número de suicidios que se viene dando en España está relacionado con la forma en que se está gestionando la crisis. 

Ya he comentado en artículos anteriores y más extensamente con Vicenç Navarro en el libro ‘Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero (Espasa, 2012)’, que en todos los países en los que se han aplicado políticas de ajuste neoliberal se ha podido detectar ese fenómeno, así que no es de extrañar que ahora se esté produciendo en España. 

Actualmente, parece que en nuestro país se producen entre nueve y diez suicidios cada día y que un tercio de ellos, según se puso de manifiesto en un reciente congreso de Psiquiatría, son los que tienen que ver con problemas económicos de diverso tipo originados por la crisis.

Y no hacen falta muchos estudios científicos para comprobar igualmente que una gran parte de esos suicidios se relacionan con los desahucios, que en estos momentos dejan sin vivienda a más de quinientas familias cada día en España. Ya son bastantes los casos en los que se han producido justo antes de que las autoridades y la policía procediesen a desalojar a las familias de sus viviendas en diferentes lugares de España.

Se trata de un verdadero drama que tiene una responsabilidad muy directa: las autoridades e instituciones del Estado que hasta el momento no han hecho nada efectivo para evitarlo. (...)

El Gobierno actual y el anterior han dedicado sumas millonarias a salvar y proteger a los banqueros y a los grandes propietarios, pero no han tomado ni una sola medida efectiva para acabar de una vez por todas con la desprotección de las familias de menos ingresos que pierden sus viviendas.

Cambiar las leyes para establecer medidas como la dación de pago, la creación de tribunales que gestionen la reestructuración de la deuda familiar, la disminución temporal de las cuotas para las personas sin ingresos o en paro, quitas familiares, u otras parecidas que podrían evitar los desahucios no comportan grandes dificultades legales ni supondrían demasiado coste económico (al revés, permitirían aumentar la demanda efectiva y así mejorar la situación económica). Por eso es injustificable que se sigan llevando a cabo desahucios que provocan docenas de suicidios y un sufrimiento personal y social tan extraordinario. (...)

Es incomprensible, y empieza a producir una rabia inmensa, contemplar día a día a los parlamentarios ocupados en todo tipo de asuntos pero incapaces de acabar con el drama. Es desolador comprobar que los jueces no hayan reaccionado ya cuando llevan tanto tiempo como ejecutores de un derecho que es la antítesis de la justicia. 

Es patético e indignante ver a la policía defender día a día a las autoridades que echan a las gentes de sus casas y a los Bancos que se quedan con ellas, y golpear con saña a las pobres mujeres y hombres que las defienden. Es una vergüenza comprobar que hasta la jerarquía de la Iglesia Católica, que tanto habla de defender a la familia, llame a la policía para desalojar de sus templos (como en La Almudena de Madrid) a quienes quieren llamar la atención de la sociedad hacia lo que está pasando (en clara contradicción, hay que reconocerlo, con la inmensa mayoría de sus fieles de abajo que siempre suelen apoyarlos).   (...)

Cada vez que muere una persona desesperada por el paro o por la pérdida de vivienda, o a causa del peor tratamiento que reciben cuando son dependientes o están enfermas, aumenta algo más la responsabilidad de todas esas instituciones y personas.

 No podemos ni debemos aceptar que todo lo que está pasando en España, el daño tan grande que se le está haciendo a millones de personas, sea un simple accidente o algo inevitable. Es un daño orquestado, perfectamente evitable y que se produce solo porque se quiere beneficiar a otros grupos sociales. 

Por eso me parece que las personas que dirigen esas instituciones o que toman las decisiones tienen una auténtica responsabilidad criminal y no solo política que debería investigarse y depurarse cuanto antes."              (Juan Torres López, 31/10/2012)


"Según un estudio reciente del Servicio Andaluz de Salud (SAS), la crisis ha disparado en un 10% las consultas relacionadas con los problemas de salud mental, que están detrás del 6,7% de las bajas laborales que tramita. De estas bajas, el 56,6% son por problemas de depresión o ansiedad. 

“No son cuadros menores, producen un sufrimiento muy importante. Y tienen un coste económico elevado al que se suman los problemas derivados de los recortes”, continúa el psiquiatra. 

Se calcula que el impacto económico de los problemas de salud mental equivale a entre el 3% y el 4% del PIB de la UE. Y valga el ejemplo de Andalucía para sacar conclusiones: la duración media de una baja laboral es de 41 días; cuando la causa es un problema relacionado con la salud mental, la media se eleva a 69 días. Si es por depresión, a 88.

¿Cuántos de estos casos acaban en suicidio? No hay suficientes estudios para poder abordar el tema, al menos en España, según apuntan tanto Del Pino como José Antonio Espino, jefe de Salud Mental del hospital de Majadahonda. 

En Grecia, el Ministerio de Sanidad publicó recientemente un dato escalofriante: la tasa de suicidios aumentó entre enero y mayo de 2011 un 40% respecto al año anterior. Según la Organización Mundial de la Salud, un incremento del 1% en la tasa de paro se traduce en un incremento del 0,8% en la tasa de suicidios

“Y también sabemos que el riesgo de suicidio es mayor si no hay cobertura de desempleo y políticas de bienestar”, dice Espino. “En los años ochenta se hizo un estudio comparativo entre Suecia y España que mostró que el impacto en las tasas de suicidio era mayor en España”, explica.

A principios de octubre, Rocío Pérez, una inmigrante peruana de 42 años residente en Madrid, emprendió a la desesperada una huelga de hambre para intentar parar su inminente desahucio. Atendía a la prensa con un hilo de voz y un arsenal de medicamentos en el bolso. 

Madre de dos hijas, el verse en la calle le desencadenó un cuadro de dolencias de las que le costará recuperarse. Rocío logró su objetivo, el banco le dejará permanecer a cambio de un alquiler de 250 euros, pero sus pastillas antidepresivas siguen en el bolso. “Me encuentro mejor, aunque sigo con ansiedad. 

No tengo trabajo y para que no me echen del piso tengo que pagar antes del 6 de cada mes el alquiler. Dependo del dinero que me da mi exmarido por las niñas. El abogado de la PAH me dice que para evitar esa sensación procure tener el dinero desde el mes anterior. La pena es que me es imposible”.           (El País, 30/10/2012)

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