"Como si se tratara de un impetuoso tsunami, el pesimismo está arrasando a toda la sociedad española. Según los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)
del pasado mes de diciembre, el 60% de las personas consultadas asume
que la crisis tiene aún mucho trecho por delante.
Pero eso, sin embargo
no es lo peor. Los ciudadanos consultados llegan aún más lejos. La
mayoría de ellos tienen la convicción de que en el curso del próximo
lustro se producirá en España una auténtica catástrofe. (...)
Al analizar estas cifras, diríase que una buena parte de los habitantes
del Estado español han asumido con resignación la situación existente.
Lo cual proporciona un diagnóstico realmente alarmante, pues nos sitúa
ante una perspectiva en la que los actores sociales no articulan
voluntad alguna de cambiar la realidad que los machaca.
Tal actitud ha
sido históricamente característica de aquellas sociedades que, sufriendo
enormes presiones provenientes del poder y de las clases sociales
hegemónicas, dan salida a ese sufrimiento a través de explosiones
sociales espontáneas, que frecuentemente concluyen sin mayores
consecuencias.
El estado de ánimo que hoy domina al conjunto de la sociedad española es la expresión de un largo vacío político y organizativo que se ha prolongado durante los últimos treinta y cinco años. A lo largo de más de tres decenios esta sociedad, y particularmente sus generaciones más jóvenes, no han encontrado referentes políticos ni sociales que los ayuden a interpretar ni la realidad social que están viviendo, ni los precedentes históricos que los han conducido hasta la situación actual.
El estado de ánimo que hoy domina al conjunto de la sociedad española es la expresión de un largo vacío político y organizativo que se ha prolongado durante los últimos treinta y cinco años. A lo largo de más de tres decenios esta sociedad, y particularmente sus generaciones más jóvenes, no han encontrado referentes políticos ni sociales que los ayuden a interpretar ni la realidad social que están viviendo, ni los precedentes históricos que los han conducido hasta la situación actual.
Ya son dos generaciones las
que afrontan inermes, sin instrumentos de análisis, sin herramientas
para la acción, una crisis sin precedentes en la historia del Estado
español.
Y aunque ahora con cierta lentitud, miles de jóvenes empiezan a
romper con la atonía política precedente, a cuestionar al sistema
político y económico resultante del llamado "consenso de la Transición",
el conjunto de la ciudadanía, incluida la clase trabajadora, continúa
refugiándose en el fatalismo de la resignación como única alternativa a
sus males presentes.
No atisban, en suma, ningún horizonte de cambio,
ninguna perspectiva movilizadora que abra la esperanza de una sociedad
nueva.
Los asalariados no se aperciben, tampoco, de su poder como clase, de su capacidad para ser sujeto determinante de los cambios que reclama dramáticamente el momento presente. No es esta una situación nueva, sino una sensación de incapacidad inducida tan vieja como la historia. Gracias a ella las clases sociales menos numerosas han podido ejercer durante siglos su dominio omnipotente sobre las clases mayoritarias.(...)
Los asalariados no se aperciben, tampoco, de su poder como clase, de su capacidad para ser sujeto determinante de los cambios que reclama dramáticamente el momento presente. No es esta una situación nueva, sino una sensación de incapacidad inducida tan vieja como la historia. Gracias a ella las clases sociales menos numerosas han podido ejercer durante siglos su dominio omnipotente sobre las clases mayoritarias.(...)
La razón de las presentes debilidades es preciso encontrarlas -además de
en otros factores que no vienen ahora al caso- en la traición de los
sindicatos y organizaciones políticas que tenían como cometido el
cuestionamiento permanente de un sistema caduco cuyo destino ha debido
ser siempre su destrucción.
Lejos de ello, quiénes ostentaban
formalmente la representación de las clases trabajadoras se integraron
progresivamente en él, legitimando de esa forma su existencia. ¿Cómo se
va esperar hoy que los asalariados tengan una percepción clara sobre
quiénes son sus enemigos de clase?
¿Con qué derecho se va a exigir que
amplios sectores sociales comprendan que el sistema político y económico
vigente no es más que una continuidad del que lo precedió? Recuperar el
nexo con el pasado que quebró la Guerra Civil y los casi cuarenta años
de dictadura que le siguieron es un camino que está todavía por
recorrer.
En la historia, como en la vida personal, las renuncias de ayer terminan, tarde o temprano, pasando inexorablemente la factura. Y esa es la que hoy todos estamos pagando." (Manuel Medina, Canarias Semanal, Rebelión, 17/01/2013)
En la historia, como en la vida personal, las renuncias de ayer terminan, tarde o temprano, pasando inexorablemente la factura. Y esa es la que hoy todos estamos pagando." (Manuel Medina, Canarias Semanal, Rebelión, 17/01/2013)
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