"¿Cómo defines el Frente Cívico? ¿Aporta alguna originalidad al movimiento social?
En
pocas palabras, el Frente Cívico es como un 15-M pero organizado; se
plantea funcionar siempre desde abajo, con estructuras de base,
transversales y tratando de romper las barreras del sectarismo y la
atomización del tejido social. Por lo demás, el Frente Cívico habría de
ser una parte del amplio movimiento social. Plantear unos objetivos
mínimos y luchar por ellos.
Como activista y persona muy implicada en las luchas sociales, ¿Por qué la gente corriente se moviliza poco? ¿Influye el miedo?
Sin
duda. Por ejemplo, en la última huelga general hubo mucha gente que no
paró por miedo a perder el puesto de trabajo. Después se vio, en las
manifestaciones masivas de la tarde, que la gente consideraba justas las
reivindicaciones. Está muy claro, además, que el sistema pretende
generar miedo entre los activistas.
Pero más importante aún me parece la
resignación. Me explico. La gente no tiene esperanza en que la
situación cambie, y menos aún en el cambio social. Y lo peor es que la
resignación te lleva a la insolidaridad, al individualismo y al “sálvese
quien pueda”.
Conseguiste, con dos huelgas de hambre, evitar que te desahuciaran de tu vivienda. ¿De dónde sacaste las fuerzas?
Te
planteas iniciar la huelga de hambre con la convicción de resistir.
Estaba mentalizado para aguantar muchos días. Además, me ayudó mucho
recibir cada día más apoyo y solidaridad de los compañeros. De hecho,
cada mensaje de apoyo era como un alimento. ¿Cómo viví el proceso?
A
partir del cuarto día, el hambre principal lo tienes superado. Me
refiero a que se da una lucha entre la cabeza y el estómago, y se trata
de que al final gane la cabeza. Para ello, la conciencia y la convicción
deben ser muy fuertes. Y tener bien claro que se puede ganar. Te ayuda,
también, el sentimiento de rabia ante la injusticia que se está
cometiendo. Pero fue muy duro. Acabé en el hospital con una hemorragia
interna.
Otra cuestión, ¿Cómo enfrentarse a la creciente represión en la calle?
Básicamente,
mediante la solidaridad. Es lo que ha permitido que Alfon saliera de la
cárcel. Y visibilizando esa represión, enfrentándose a ella. Es lo que
haremos en el juicio al que nos enfrentamos el 19 de febrero por
resistencia a la autoridad.
Otra estrategia que, a mi juicio, hemos de
adoptar es el derecho a la desobediencia. Porque la historia nos
demuestra que es la desobediencia civil la que ha permitido las
conquistas sociales que hoy tenemos.
¿Cuáles consideras que
son los principales obstáculos para el crecimiento de los movimientos
sociales? ¿Qué haría falta para una mayor visibilización?
Opino
que el problema esencial es el sectarismo. Parto de un hecho. En los
movimientos sociales existen diferentes identidades y maneras de
entender las cosas. Y, en muchas ocasiones, desgraciadamente, se parte
más de lo que nos separa que de aquello que nos une. Pienso que hemos de
hacer lo contrario.
Crear sinergias y convergencias en las luchas.
Hemos de entender todos, de una vez, que una organización por sí sola no
puede generar cambios profundos. Otro gran problema es que algunas
personas de los movimientos sociales se consideran con la verdad
absoluta y no son respetuosas con otros planteamientos.
¿Cómo llegar a la gente de la calle? ¿Habría cosas que renovar en el discurso de los movimientos sociales?
Hemos
de buscar nuevos lenguajes que lleguen a las personas. Un lenguaje más
sencillo, pero no más simple. Otro error es que, a veces, nos encerramos
demasiado en nuestras redes sociales, sin tener en cuenta que mucha
gente no tiene acceso a las mismas.
Una cuestión me parece esencial:
Crear medios de comunicación alternativos, algo así como un contrapoder
informativo. La información llega a la sociedad a través de los medios
del sistema, que son los que crean los climas de opinión. Esto hay que
romperlo.
¿Qué movimientos y luchas consideras un referente? ¿En qué modelo pueden fijarse ciudadanos y organizaciones sociales?
Pienso
en la lucha de la Plataforma de Afectados y Afectadas por las Hipotecas
(PAH), el 15-M en sus inicios, y en el Sindicato Andaluz de
Trabajadores (SAT), organizaciones que demuestran que es posible hacer
frente a los poderes y llegar al corazón de la gente. Nos han demostrado
que podemos luchar, unirnos y conseguir nuestros objetivos. También me
fijaría en el ejemplo de Siryza y los procesos de carácter progresista
impulsados en América Latina.
¿Y en cuanto a la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH)?
Pienso
que el trabajo de la PAH ha tenido gran valor como elemento
aglutinante, es decir, en la plataforma han confluido activistas de
diferentes organizaciones sociales, además de los afectados directamente
por los desahucios. Forma parte, asimismo, de los orígenes del 15-M.
La
PAH es una organización muy respetada por todos los movimientos
sociales, pues ha impulsado una lucha con dos elementos decisivos:
continuidad y visibilidad. Además, le ha planteado un problema al
gobierno. A pesar de las multas, detenciones y endurecimiento del código
penal, continuamos en la batalla.
Otro punto tradicionalmente
conflictivo es la relación entre partidos de izquierda (más aún si
están en el poder) y movimientos sociales. ¿Cómo debería, a tu juicio,
resolverse esta dialéctica?
Los partidos de izquierda deben
mantener un respeto absoluto por la autonomía de los movimientos
sociales. Pero las organizaciones sociales también han de comprender que
la existencia de partidos políticos y sindicatos son el resultado de la
lucha antifranquista. Una gran conquista.
Personalmente, no comparto
esas culturas, dentro de los movimientos sociales, que se reclaman
apartidistas, pero que luego también hacen política.
¿Qué valor atribuyes a las luchas sobre el terreno y a las pequeñas victorias?
Me
parece muy adecuado, para responder a esta pregunta, el lema de un
sindicato argentino, que dice “La revolución, ¿Cuándo?” y la respuesta
es “ahora”. Se trata de empezar a construir poderes paralelos ya,
también en lo económico, En ningún caso esperar a que grandes empresas
vengan a crear empleo, porque eso es una falacia. Quiero decir que el
socialismo hay que construirlo ya.
Con iniciativas de economía social y
alternativa, basadas en la autogestión y el mercado social. La Red de
Economía Solidaria y Alternativa es cada vez más potente en todo el
estado. También es importante la banca ética, los bancos de alimentos o
las “comunidades autofinanciadas”, que funcionan como microcréditos.
Muchas de estas experiencias vienen de América Latina.
Por último, ¿Por dónde empezar?
Hemos
de apostar por la solidaridad –nunca por la caridad- frente a la
pobreza y la exclusión, que son las propuestas del sistema. El gran reto
consiste en forjar un movimiento de trabajadores en precario; construir
asambleas de parados, en un país con seis millones de desempleados, en
el que los parados se ven entre sí como competidores.
Estos movimientos
tendrían que implementarse en ciudades, pueblos y barrios. Pienso, por
ejemplo, en la marcha contra el paro que tuvo lugar en Andalucía."(Entrevista a José Coy, activista social y ponente en la presentación del Frente Cívico de Valencia, Rebelión, 31/01/2013)
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