"El gobierno alemán advirtió ayer a Chipre de que mientras posponga la
decisión de expropiar a sus ciudadanos parte del dinero de sus cuentas,
no habrá programa de rescate.
“Sin programa, no habrá liquidez y los
bancos no podrán abrir”, declaró una fuente gubernamental. Paralelamente
Berlín se lava las manos sobre el aspecto más feo de la operación: la
expropiación de los ahorradores más modestos. (...)
Cuando el lunes por la noche el presidente chipriota, Nicos
Anastasíades, telefoneó a la canciller para renegociar el asunto, Merkel
le respondió que hablara con la troika formada por la Comisión Europea,
el BCE y el FMI, pero para Anastasíades la troika que cuenta la forman
Merkel, Schäuble y el hombre de Berlín en el BCE, Jörg Asmussen.
Según el diario Kathimerini
(edición chipriota) esa fue la troika que cocinó la propuesta imposible
de rechazar que se formuló en Bruselas a los chipriotas. En un momento
dado, Asmussen descolgó el teléfono y le dijo a Draghi, “Señor
presidente, prepárese para la quiebra de los dos grandes bancos
chipriotas”, dice.
En la última campaña electoral chipriota,
Merkel apoyó a Anastasíades, un conservador que está fundamentalmente de
acuerdo con ella en la socialización de las pérdidas, pero ahora se
trataba de las elecciones alemanas del próximo septiembre, no de las
chipriotas.
A seis meses de su reelección, Merkel no quiere
sobresaltos, así que ha decidido exportarlos al conjunto de Europa en
forma de precedente expropiador. Para ella el sobresalto era tener que
votar en el Bundestag una nueva autorización de rescate a cuenta del
fondo europeo.
Aunque otros países europeos como Francia, Italia y
España también contribuyen mucho a ese fondo (España e Italia sumadas
contribuyen más que Alemania), en Alemania se hace ver que es solo ella
la que paga. Y en el caso de Chipre la cosa se complica por los rusos.
Chipre ha sido presentada en Alemania como la lavadora de los
“oligarcas” rusos. Así lo estableció el pasado noviembre un informe del
servicio secreto BND oportuna y profusamente filtrado a la prensa. El
informe jugaba con el sentimiento antiruso de los alemanes y no decía
que “oligarcas” hay en todas partes, también en Alemania, o que las
grandes fortunas rusas se colocan en los mismos lugares que las
alemanas.
Naturalmente se callaba sobre la condición de paraíso fiscal
de, por ejemplo, Irlanda, y, desde luego se omitía el papel de Alemania
como seguro deposito para todo tipo de personajes que van desde el
Coronel Gadafi hasta el autócrata de Turkmenistán, Saparmurad Niyazov.
Con esa reputación, en gran parte distorsionada, la ayuda a Chipre no
podía pasar por el Bundestag tal cual, así que se decidió la fórmula de
los 7000 millones, con el consenso de verdes y socialdemócratas que
apoyan lo esencial de la política europea de Merkel.
Esa
política ha hecho enfermar a Chipre.
La isla tenía una deuda pública del
48% en 2008, pero estaba muy expuesta a la situación de Grecia que la
troika empeoró con su medicina. La rebaja de la deuda griega costó 3000
millones a los bancos chipriotas. Todo eso son minucias al lado de las
reservas de gas de la isla estimadas en 600.000 millones, pero mandan
las elecciones alemanas.
Al anunciar en octubre de 2008 que garantizaba a los alemanes sus
depósitos bancarios, Merkel dijo que lo contrario significaba,
“comprometer la confianza en el orden social”. La decisión sobre Chipre
ilustra algo ya conocido, que a las naciones europeas de segunda
categoría se les puede machacar la confianza en el orden social.
En septiembre el BCE, con el consentimiento de Merkel, estabilizó la
crisis financiera con su garantía ilimitada. Algunos ya decían que
Europa había cambiado una crisis financiera por una crisis de empleo y
recesión.
El desbarajuste del rescate chipriota lo vuelve a poner todo
en cuestión, subrayando la fragilidad de aquella primavera. Y, una vez
más, es el liderazgo alemán el que imparte esta lección tan
desintegradora y desestabilizadora para la cohesión europea." (Rafael Poch, La Vanguardia, Rebelión, 21/03/2013)
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