"En uno de los primeros capítulos de esta crisis —y de pronto son
años— toda Europa se puso de acuerdo para garantizar los depósitos
bancarios, en una jugada a la desesperada para evitar la aparición del
peor de los demonios económicos: la desconfianza, el miedo a aquellas
colas en las sucursales bancarias de las películas estadounidenses.
Un
día después de reñir con muy malos modos a Irlanda por elevar sus
garantías, la canciller Angela Merkel guio a los líderes europeos para
hacer exactamente eso. Eligieron un número redondo: 100.000 euros.
Los Estados aseguraron a los depositantes hasta esa cifra. Y aprobaron
una directiva a toda velocidad, con la ya habitual puesta en escena
melodramática.
Pero la crisis traspasa una frontera tras otra: la última
en caer es esa supuesta seguridad en los depósitos, en lo que supone un
error garrafal que complicará sobremanera la gestión de futuras crisis
bancarias. En plata: a la que el público huela los problemas y recuerde
Chipre, tendrá la tentación de correr hacia la oficina a sacar sus
ahorros para ponerlos bajo el colchón.
Ese movimiento se venía gestando desde hace meses. Fue desmentido una
y mil veces por las autoridades europeas, siempre proclives al estado
de negación. Y finalmente se precipitó tras la cumbre europea, coronada
con un Eurogrupo que impuso duras condiciones al rescate. Nadie protestó
en público con la fórmula elegida para pagar los platos rotos: el
impuesto a los depósitos, incluso a los inferiores a 100.000 euros.
¿De
quién fue la idea? “La crisis tiene muchos padres”, suele decirse en
Bruselas. Alemania y el BCE han asegurado que esa no era su propuesta;
un chapucero cruce de acusaciones ha sido la tónica de las últimas
horas. Curiosamente, todo el mundo acusa a Chipre, un país de un millón
de habitantes, necesitado de un rescate multimillonario y capaz de poner
de rodillas a Europa, ironiza una fuente diplomática.
Oficialmente, se trataba de dar un escarmiento a los rusos que llevan
años lavando dinero allí. Algo de eso hay: Chipre se ha ganado a pulso
esa fama de paraíso fiscal, capaz de jugar con varias barajas en el
tablero geopolítico. Rusia, China, Israel, Grecia, Turquía y Reino
Unido, por lo menos, pintan algo en esta historia.
Pero la gran, la
tremenda verdad es otra: se buscaba contentar al electorado de algún
país de cuyo nombre nadie quiere acordarse (y que celebra elecciones en
otoño). (...)
Cinco años después, los líderes europeos siguen sin saber bailar con
lobos: los mercados reaccionaron el lunes y Bruselas empezó a temer que
el hielo del lago del euro se resquebraje bajo sus pies. Apenas 48 horas
después del pacto, el pánico obligó a los ministros a volver a
reunirse.
El Eurogrupo, finalmente, recomienda a Chipre que no grave los
depósitos por debajo de 100.000 euros, pero le sigue exigiendo 5.800
millones para completar el rescate. La decisión de gravar o no los
depósitos por debajo del número mágico está en manos de Nicosia y de su
presidente, Nicos Anastasiades, obsesionado con no molestar demasiado a
Rusia ni a Alemania ni a sus votantes: un imposible. (...)
Tanto el alemán Wolfgang Schäuble como el FMI irrumpieron en el
Eurogrupo con un grado de dureza nunca visto: había que dar un
escarmiento a Chipre. “No bail-in, no bail-out” (si no pagan
los depositantes no hay rescate, o algo parecido), soltó un miembro de
la delegación alemana. El FMI llegó a reclamar una quita del 40% a los
depósitos de los grandes bancos, dijo a este diario una fuente presente
en la reunión.
El BCE y los Gobiernos habían trabajado en una fórmula
que no afectara a los depósitos inferiores a 100.000 euros: una quita
del 15% por encima de esa cifra. Anastasiades se negó en todo momento.
Su modelo de negocio (basado en seguir siendo un centro financiero
atractivo para el capital extranjero) se iba al garete con cualquier
quita superior al 10%, según su tesis. Se irá al garete de todos modos,
pero esa es otra historia. (...)
La UE comandada por Berlín, definitivamente, se ha especializado en
errores desastrosos de consecuencias imprevisibles. Ahí está la
austeridad a ultranza, que ha sumido al continente en una segunda
recesión.
En el retrovisor siguen el error Deauville y la quita aplicada
a los bonos griegos, que sembraron la semilla de la desconfianza en la
deuda del euro. Ahora, el error Chipre extiende las dudas hasta los
mismísimos depósitos. Siguen cayendo tabúes. Y más cosas." (
Claudi Pérez
Bruselas, El País,
20 MAR 2013)
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