15.3.13

El paro sube... pero, las bolsas suben... luego, todo va bien

"Sin embargo, y salvo por este tipo de dudas, en este momento de la crisis, el problema del sector financiero ha dejado de ser una amenaza, que no es lo mismo que decir que ha dejado de ser un problema.

 De hecho y por si alguien se había relajado en exceso, esta misma semana Moody's señalaba que según sus estimaciones, hay en la banca española 200.000 millones de euros relacionados con el sector inmobiliario que ni estarían saneados y menos aun traspasados al banco malo.

 Es decir, que si bien Bankia, según declara Fernández Ordóñez al juez, estuvo a punto de provocar la salida de España del euro y ahora ese peligro está en su opinión conjurado, las bóvedas de los bancos españoles todavía tienen mucho del pasado que revelar. 

 Sin embargo nada impide que este tipo de noticias convivan con armonía, con titulares dignos de otros tiempos: "Valores españoles en subida libre", "La bolsa de Nueva York en máximos de todos los tiempos". Avergüenza, porque mientras unos discuten si es adecuado o no limitar lo que cobran los banqueros, que es lo que se está intentado imponer desde Bruselas y que rechazan categóricamente los ingleses, y otros hablan de lo bien que van las cosas en los mercados, las crónicas económicas y sociales describen lo que acontece en países como el nuestro, y lo que acontece se parece mucho a lo que en EEUU se vivió en los años de la Gran Depresión. ¿Como es posible que convivan dos caras tan distintas? ¿durante cuanto tiempo? 

 Los mercados financieros están sobre protegidos, porque han sabido engarzarse de tal modo en la vida económica, que su funcionamiento, aunque sea mediante asistencia artificial, se convierte, o al menos así parece, en condición necesaria para la supervivencia del sistema, aunque es evidente que no es suficiente.

 Hubo un tiempo en esta crisis donde el miedo al colapso financiero y el recuerdo de la crisis de 1929 y sus consecuencias mantuvo a las sociedades desarrolladas en situación de shock, y durante un tiempo, los estados pudieron actuar sin más límite que los instrumentos que tenían a su alcance.

 Se llegó inocentemente a creer que si se resolvía el problema financiero, la crisis sería superada, pues al recuperar el sistema la capacidad de prestar, las cosas volverían a ser como antes. Hoy ya es difícil encontrar quien grite al viento: ¡Que fluya el crédito! Ahora lo que se demanda es ¡Abajo la austeridad! (...)

La exuberancia de los mercados financieros es consecuencia de las políticas de los bancos centrales de inyectar liquidez para evitar el colapso del sistema financiero. Retirar esa asistencia no ha sido posible, porque a diferencia de lo que se creía, el crecimiento económico no es capaz de sostenerse por si mismo, y porque para mantener el crecimiento hace falta que los consumidores confíen en mantener su empleo. 

Pues bien, ocurre que si consideramos a Alemania el epicentro europeo, y el desempleo la enfermedad que consume a la sociedad europea, el mal está avanzando peligrosamente por todas las regiones de Europa desde la periferia hacia el núcleo. Y eso, para una economía que depende de sus exportaciones, que representan la mitad de su PIB y que tienen como principal destino precisamente los mismos países que ven como su situación social se descompone por la crisis de empleo, no puede ser en ningún caso motivo de tranquilidad. 

Francia, que acaba de alcanzar un nivel récord de desempleo en los últimos 13 años, anuncia que no hará mas ajustes fiscales en 2013, y visto el resultado de las elecciones italianas, si resulta que ni Francia ni Italia se muestran dispuestas a mayores ajustes, ¿donde va a quedar la receta alemana?"      (Jose Manuel Pazos, www.diariocritico.com, Rebelión, 15/03/2013)  

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