"Estas son algunas de las opiniones aparecidas en la prensa alemana
sobre el resultado de las elecciones italianas. No, no del
sensacionalista Bild, sino de la prensa que los corresponsales llaman
“seria” (Las negritas son mías).
Die Welt (conservador):
“Si sumas (al partido de Berlusconi) los votos del Movimiento Cinco Estrellas del fanático Beppe Grillo, que ha propagado un odio salvaje de los ‘privilegiados’, tienes que más de la mitad de los italianos han votado a alguna forma de populismo. Esto supone una negación infantil de la realidad conocida”.
Süddeutsche Zeitung (centroizquierda):
“Ahora el populismo de los gritos y las mentiras gobierna una vez más Italia. En las dramáticas elecciones griegas de los últimos años, fueron los radicales los que se beneficiaron de la crisis. En Italia han sido los populistas. También son radicales en dos aspectos: niegan la realidad y traspasan la culpa de sus miserias a los enemigos exteriores. Siguen parloteando sobre las soluciones simples a todos los problemas”.
Der Tagesspiegel (liberal):
“Italia es ingobernable. Pero eso es sólo una parte del drama italiano. Las elecciones también han demostrado que Italia es vulnerable a la retórica populista. El 25% de apoyo a los estallidos de ira del partido antipartido del cómico Beppe Grillo lo prueban. Como el 30% de Berlusconi. Más del 50% de los votantes italianos han sucumbido a las tentaciones populistas“.
Hasta aquí, la prensa “seria”.
Los populistas son los otros. Cuando los políticos y los medios
alemanes enarbolan como bandera irrenunciable la sagrada lucha contra la
pérfida inflación y apaciguan los temores (alentados por ellos) de la
opinión pública, en ese caso no son populistas, sino serios y reflexivos
portavoces de las legítimas preocupaciones populares.
Si esa inflación
llega al estremecedor nivel del 2%, ese umbral que ha derribado
civilizaciones por todo el orbe, sus llamamientos sobre la deriva
inevitable que puede producirse no son populistas, sino avisos
perfectamente meditados sobre el camino que no se debe tomar.
Cuando las
economías de la eurozona caen una tras otra en la doble recesión o en
el estancamiento económico y ellos piden que continúe la austeridad
porque no se ha sangrado lo suficiente al paciente, ellos no son los
‘mercadistas’ (por los mercados, mmm, perdón por el palabro), sino gente
inteligente que es consciente de que hay que administrar una medicina
dolorosa, pero necesaria.
Ellos se atienen a un sendero riguroso. Los demás –habitualmente los
países del sur y esos sospechosos franceses– son los que caen en
tentaciones populistas, niegan la realidad y se rinden a soluciones
fáciles y cobardes.
“No hay alternativa”, dicen, en una repetición del lenguaje habitual
en los regímenes autoritarios. Si duele, es por tu bien. Los votantes
sólo pueden aceptar las decisiones impuestas desde fuera, pero cuidado
con hablar del enemigo exterior. (...)
Ese es el nivel del debate económico y político en algunos de los países más importantes de la eurozona.
Cualquier análisis de la política italiana que pasa por poner a
Berlusconi y a Grillo en el mismo saco revela un agudo desconocimiento
de la realidad, no sé si infantil o maduro. Colocar a sus respectivos
votantes en el mismo frente es ya de ceguera absoluta.
Grillo puede gritar todo lo que quiera,
pero no habría llegado al 25% de los votos si no fuera por el fracaso
permanente y comprobado de los partidos tradicionales de la derecha e
izquierda italianas.
A su modo, es también el producto de un sistema
corrompido hasta el tuétano, si pensamos que sólo este nivel de
decadencia puede hacer que haya tanta gente que haya dicho ‘hasta aquí y
cualquier cosa es mejor que lo que estamos sufriendo’.
La solución no pasa por poner paracaidistas de Bruselas (Monti) o líderes de una mediocridad exasperante (Bersani). (...)
Ante todo ese escenario caótico e impredecible, la única respuesta
que nos llega de Alemania es reclamar que todos los demás europeos pisen
exactamente en los lugares marcados por los sacerdotes de Berlín y
Bruselas. Fuera de ese camino que acentúa el hundimiento económico no
hay salvación.
Los que no se resignan son los ‘populistas’. Ese es el
nivel del debate económico que toleran la mayoría de los gobiernos
europeos.
No es extraño que haya tantos europeos que tengan ganas de gritar tanto como Grillo." (Guerra eterna, 27/02/2013)
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