"La competitividad de nuestra economía y
la productividad del trabajo no sólo depende de los costes laborales y
de los trabajadores, sino también, y de manera determinante, de la
organización del trabajo, de la capacidad de innovación, del stock de
capital de las empresas, de las capacidades de los directivos y de los
aciertos de su gestión empresarial en un mercado globalizado.
La mayor parte de responsabilidad sobre
la velocidad de crecimiento de la productividad corresponde a los que
pueden tomar las decisiones sobre el cambio tecnológico, la inversión en
la empresa y la apuesta por la formación y motivación del capital
humano. Las reformas laborales no pueden ignorar esta cuestión crucial,
casi siempre ignorada. (...)
Los directivos de las organizaciones están
demostrando demasiadas veces comportamientos cortoplacistas ineficientes
que dan lugar a resultados insostenibles para las empresas y para la
economía del país. (...)
El abuso del poder de los directivos conduce a infravalorar sistemáticamente los rendimientos esperados de las inversiones a largo plazo en capital fijo, I+D+i, formación, etc. (...)
Casos como el de Bankia o el del Grupo
Marsans nos muestran que más urgente que la manida reforma laboral
destinada a mermar derechos a los trabajadores, es necesaria la reforma
en el gobierno corporativo de las empresas. (...)
UNA NUEVA VISIÓN DE LAS EMPRESAS
Los activos físicos ya no son el recurso
crítico. El trabajo ha aumentado su importancia, lo mismo que contar
con una buena red de proveedores o socios comerciales y compartir
tecnología, conocimiento, ideas y estrategias. Esos activos tienen
capacidad de aumentar valor con independencia de los titulos legales de
propiedad que muestren los accionistas de la firma.
La creación de valor depende sobre todo
de los recursos, competencias y evolución de la empresa, concebida como
un conjunto coherente concretamente orientado a generar conocimientos y
alcanzar una ventaja competitiva sostenible en el tiempo. Si esas
relaciones se vuelcan a la apropiación del valor aportado por los otros
componnetes de la sociedad, se entra en una espiral insostenible.
En dicho contexto, se hace necesario el
control de los recursos por parte de todos aquellos que están inmersos
en el proceso de innovación, referido éste no sólo a aspectos
tecnológicos sino también comerciales y de gestión. En consecuencia, un
sistema de gobierno de la empresa que promueva la innovación exige más
un control desde la organización que un control desde el mercado.
Es
decir, requiere situar el control estratégico dentro de la firma en
manos de quienes tienen los incentivos y las capacidades para efectuar
las inversiones exigidas por la innovación y participan en el
aprendizaje organizacional, lo que obliga a ir mucho más allá del simple
marco de los accionistas u otros proveedores de recursos financieros.
Esto demanda una redefinición del gobierno corporativo, para ajustarlo a
un modelo de “producción en equipo” que tenga presentes las complejas
aportaciones de múltiples partícipes, las diversas inversiones
específicas, la función esencial del conocimiento y la noción de las
capacidades organizacionales, dado el nuevo entorno económico en que se
mueven las compañías.
La organización empresarial debe concebirse
como un entramado de contratos explícitos e implícitos y una red de
confianza que se desarrolla en tanto que procesadora de conocimientos.
Entonces la compañía ha de velar por los intereses de cuantos
contribuyen a la creación general de valor, potencian el aprendizaje de
la organización y asumen riesgos no diversificables (específicos) a
través de la realización de inversiones específicas en la empresa. (...)
El desarrollo de relaciones de confianza
basadas en consensos internos significa caminar en el sentido opuesto de
la unilateralidad que representa la actual reforma laboral. (...)
El gobierno de la empresa es ahora tan importante en la economía mundial como la gobernanza de los países. Esperemos se aproveche la crisis como oportunidad y se produzcan estas reformas empresariales, encaminadas a conseguir más transparencia, más control de conductas oportunistas de los directivos y sobre todo más ética empresarial." (Economistas frente a la crisis, 14/03/2013)
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