14.4.13

Los niños españoles aún sonríen a la crisis. Los menores sufren los rigores de la recesión pero la familia y los amigos les protegen

 Fuente: UNICEF. / EL PAÍS

"¿Se puede ser feliz cuando las cosas vienen mal dadas? Ciertamente el dinero no da la felicidad, pero uno puede sentirse feliz o al menos satisfecho cuando está bien rodeado. Así lo sienten los niños españoles. 

 España está en una de las peores posiciones en la clasificación de bienestar infantil de países ricos realizado por Unicef, pero cuando se pregunta a los pequeños dicen sentir satisfacción con su vida. Parece que aún no han acusado de lleno los rigores de la crisis, que se están cebando con las familias y con su sistema de protección social.

La situación económica ha convertido a España en uno de los países con las tasas más altas de pobreza infantil de los desarrollados —solo superadas por Letonia, Estados Unidos y Rumanía en una clasificación de 29 Estados—: afectaba en 2010 a un 20% de los menores, cinco puntos más que en 2000. 

Pero la cifra contrasta con la visión de los niños sobre su realidad: los chavales españoles son los terceros más satisfechos. En contraposición está, por ejemplo, Alemania donde su sexto puesto en bienestar infantil no le ha garantizado más que el número 22 en la satisfacción de sus pequeños. ¿Cómo se explica esta paradoja?

En España, las relaciones de los niños entre ellos y con su entorno, el sistema escolar y el colchón familiar han logrado en esos años amortiguar el golpe de la situación económica hacia los más pequeños, que se han sentido felices con su vida. A pesar de todo. Pero conforme adelgazan las ayudas de la Administración para las familias y la situación empeora, alertan los expertos, se cierra el paraguas de protección.

 “Las relaciones sociales en este país son más estrechas. Las familias españolas se esfuerzan por mantener una red social, lo que hace que los niños estén más contentos a pesar de que su ambiente sea más precario”, explica Goran Holmqvist, director adjunto de investigación estratégica de Unicef, que ayer presentó este estudio que radiografía la población hasta los 18 años. 

A juicio de este experto, estas razones han contribuido a que los chavales españoles sean los más felices de entre los países desarrollados; solo por detrás de los holandeses y los islandeses. Es una ecuación similar a la que existe en Grecia que, según el informe de Unicef, se encuentra en el puesto 26 en bienestar infantil pero en el quinto en satisfacción de los menores.

 Carlos Susías, presidente para España de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN), incide en que la red familiar ha ayudado a superar esas carencias. “Si el menor se siente protegido y escuchado por los suyos, por su entorno y en la escuela, como ocurre en España, se siente parte activa de la sociedad”, dice. 

“Además, estamos en un país donde se protege muchísimo a la infancia. Cuando la familia tiene problemas intenta no trasladárselos al menor de la manera más cruda. Quizá se los expliquen, le digan que no se puede comprar esto o aquello; pero se trata de que no sufra consecuencias directas”, dice. (...)

Por el momento. España está, de hecho, en el puesto 10 en la tasa de privación infantil de Unicef. Un índice que contabiliza a los menores que no pueden permitirse cosas como hacer al menos una comida al día con carne o pescado, comer frutas a diario, tener libros adecuados para su edad, tener artículos para ocio al aire libre (como una bici, patines…), poder hacer actividades de esparcimiento, tener juguetes en casa, dinero para actividades extraescolares y excursiones, un sitio para hacer las tareas…

“Tenemos un sistema en que los niños se sienten satisfechos porque tienen buenos vínculos relacionales, familia, amigos, apoyos que hacen que las personas tengan redes con las que es más fácil resolver sus problemas. Tanto para ayudarles como para mantener su proyecto vital”, dice Ana Lima, presidenta del Consejo General del Trabajo Social (CGTS).

Lourdes Gaitán, socióloga de la infancia y presidenta del Grupo de Sociología de Infancia y Adolescencia, apunta que el bienestar es un concepto subjetivo —no solo se mide por el dinero o la satisfacción— y que los niños y adolescentes españoles suelen puntuar alto en la mayoría de estas encuestas. “Se pueden hacer hipótesis del porqué, una de ellas es la confianza con los padres, la capacidad de hablar, la existencia de redes de familia extensa”, dice. 

Sin embargo, alerta: “Lo que no podemos hacer es caer en minimizar la gravedad de la pobreza material porque los niños son pobres pero están contentos”. Una percepción que puede acarrear un abordaje ligero de la cuestión. “Es cierto que lo material no da la felicidad, pero eso no nos exime de poner de relevancia que los datos de pobreza infantil son gravísimos. En este país pensamos que los niños son propiedad de los padres y no. Son de toda la sociedad. Tenemos que velar y preservar su bienestar”, sigue.

Los expertos apuntan, además, que ese sentimiento de satisfacción vital que los menores sentían en 2010 puede haber variado mucho. De igual manera que la situación del país ha caído. La red familiar —incluso a costa de las pensiones de los abuelos— junto con las ayudas de las Administraciones, dice Susías, habían logrado mantener esos índices en asuntos tan básicos como comer carne o pescado y en tener algunos juguetes.

 “Si se volviera a preguntar a los menores por su satisfacción vital la respuesta no sería la misma. Ahora las familias lo pasan peor. Han recortado de todo antes de hacerlo en material o actividades para sus hijos, pero ya no tienen de donde rascar. Y los niños lo notan tanto en la psicología como en lo material”, dice Lima.  (...)

La socióloga Gaitán explica que, para los menores, el hecho de no poder comprar los libros o no poder llevar zapatillas de deporte no supone tanto una privación material como la imposibilidad de relacionarse con sus compañeros como iguales y hacer lo mismo que ellos hacen. 

Hasta ahora, dice, en estos índices nos salvaba la satisfacción con la vida y la salud. Pero con el empeoramiento de estas cuestiones así como con los malos resultados en fracaso escolar y el alto índice de adolescentes que ni trabajan ni estudian (un 14%), las calificaciones de España seguirán cayendo."       ( / , El País,  10 ABR 2013)

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