"Bruselas etiqueta a todos los países rescatados como un caso
excepcional, que no se repetirá en el resto de la zona euro. Pero tal
vez el único que puede aspirar a ese título sea Portugal.
Un honor que no supone ningún alivio para el país vecino porque lo sitúa en el centro de una recesión de libro,
cuyas raíces se remontan más allá de la crisis financiera y cuya salida
requiere cambios tan profundos que de poco sirven los ajustes
presupuestarios recetados por la troika (CE, BCE y FMI).
“Portugal no ha tenido burbuja inmobiliaria, ni explosión del
crédito, ni una economía recalentada”, reconoce un alto cargo
comunitario. “Su crisis, para bien y para mal, responde a los parámetros
clásicos de un país que no logra crecer por sí mismo ni atraer
inversión exterior suficiente”.
Aun así, las instituciones europeas advirtieron ayer a Lisboa de que
no tiene otra alternativa que aplicar los ajustes pactados hasta ahora. Y
que deberá presentar lo antes posible las medidas necesarias para
compensar el impacto de la sentencia del Tribunal Constitucional, que el
viernes anuló la supresión de una paga extra de funcionarios y
pensionistas.
“Los socios de la zona euro quieren saber si en Portugal existe o no
la voluntad de respetar los compromisos adquiridos”, señaló ayer un
tajante José Manuel Barros, presidente de la Comisión Europea y antiguo
primer ministro portugués.
La respuesta probable es que sí, salvo que
caiga el Gobierno de Pedro Passos Coelho (una coalición conservadora),
porque Lisboa ha seguido al pie de la letra las instrucciones de la
troika desde que en abril de 2011 pidió un préstamo de la UE y el FMI de
78.000 millones de euros.
Esa disciplina no le ha servido de mucho. Hasta ahora, solo ha
cosechado una caída del crecimiento acumulada de siete puntos de PIB en
tres años y una tasa de paro que avanza hacia el 20%, mientras la tasa
de empleo se hunde hasta niveles desconocidos desde 1996.
Y los números rojos no se han corregido, porque los ingresos fiscales
han sido menores de lo previsto por la troika. La recaudación del
impuesto de sociedades cayó el año pasado un 20%. Los impuestos
indirectos, como el de matriculación, recaudaron un 43% menos; los del
tabaco, un 10% menos.
El hundimiento se extiende a todos los índices y se hace visible en
toda la economía lusa, desde el cierre de gasolineras al menor consumo
de pan o la reducción del número de licencias de caza. Nadie parece a
salvo de una espiral con causas estructurales y agravada por la troika. (...)
El plan incluye una drástica reforma del mercado laboral, para
facilitar y abaratar los despidos y reducir las prestaciones por
desempleo; una reforma del sistema judicial, para agilizar los procesos y
reducir el número de casos acumulados; y un plan de privatizaciones
para recaudar 5.000 millones de euros.
Pero como en el resto de la zona euro, el énfasis se centra en unos
objetivos de déficit inalcanzables (se han aplazado dos veces en menos
de un año), sin apenas medidas a nivel nacional o europeo para compensar
la inevitable caída de actividad provocada por los ajustes.
El daño resulta demoledor en un país con una industria cuyas
exportaciones se basan en productos con escaso valor añadido y uso
intensivo de mano de obra; y que soporta una las tasas más altas de la
UE de abandono escolar." (Cinco Días, 09/04/2013)
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