"El 15 de junio se presentó en París la Declaración de Solidaridad
Europea, una propuesta de segmentación controlada de la Eurozona a
partir de la salida de los países más competitivos como estrategia para
evitar el colapso económico y político de la UE.
La propuesta no es
original, ya en octubre de 2010 el nobel Joseph Stiglitz declaró al Sunday Telegraph
que si Alemania no abandonara el euro se corría el riesgo de que los
gobiernos de Europa escogieran el sendero de la austeridad, arrastrando
al continente hacia una nueva recesión. Y así ha sucedido.(...)
El euro ha falseado el mercado al conducir a la acumulación de
enormes créditos/débitos externos y encorsetando la economía al impedir a
los más débiles reaccionar con una sana devaluación frente al shock
producido por la crisis estadounidense.
El restablecimiento de una
relación de cambios menos artificial entre el norte y el sur resulta por
lo tanto una articulación necesaria, aunque ciertamente no suficiente
en la búsqueda de soluciones a la crisis.
El
segundo motivo político es que el equilibrio de la Eurozona se apoya en
dos mentiras: la de los políticos del sur ("el euro nos protegerá”) y
la de los políticos del norte (“los PIGS son los culpables de la
crisis”). Que el euro no nos haya protegido está claro.
También lo es el
hecho de que en el origen y el agravamiento de la crisis está la
corresponsabilidad del liderazgo alemán. Pero mientras nuestros
políticos no pueden venir a decirnos ahora que el euro fue un error, a
los políticos del norte les resulta más fácil culpar a los países del
sur e impulsar como solución el abandono del euro.
El desenganche
de la eurozona se ve desde el sur como un desafío mientras que en el
norte se contempla como la reapropiación de un símbolo triunfante de la
identidad nacional (el marco). La objeción de que Alemania, beneficiaria
del euro, no querrá abandonarlo es inconsistente.
Es cierto que el euro
al impedir a Alemania la revalorización le otorgó una indebida
competitividad de precios. Lo señala también el Fondo Monetario
Internacional (FMI). Pero en economía no hay banquete gratuito: en el
mismo momento en que el euro hacía accesible a los países del sur los
bienes del norte instalaba las bases de la quiebra financiera, que ahora
en caída libre no puede seguir sosteniendo con su consumo la economía
alemana.
La consecuencia es el gran sufrimiento de esta última, cuya
perspectiva de crecimiento para 2013 han sido rebajada recientemente por
el FMI. La renuncia a las ventajas en términos de precios sería por lo
tanto para Alemania un gesto de solidaridad (posibilitaría el
relanzamiento de las economías del sur) pero sobre todo de racionalidad.
La salida de la unión fiscal sería también menos costosa: el
“costo del federalismo” –o más bien el monto de las transferencias del
norte hacia el sur necesarias para restablecer una situación equilibrada
sin recurrir a la palanca del cambio– ha sido estimado por Jacques
Sapir en casi un 10% del PIB para un país como Alemania. Las
transferencias de este nivel son políticamente imposibles de proponer.
Si resulta necesario realizar una segmentación del euro es mucho más
racional lograrla dejando que las economías más débiles disfruten de la
relativa estabilidad de la moneda única: entre la euforia del “nuevo
marco” y el pánico de volver a la “lirita” es bastante evidente lo que
hay que elegir. No se trata sin embargo de un euro en dos velocidades.
La Declaración considera la posibilidad de ulteriores segmentaciones
hasta un eventual regreso a las monedas nacionales. Un recorrido nada
fácil pero necesario y además más administrable si se realiza de manera
ordenada, con un progresivo abandono por parte de los países más
competitivos." (Alberto Bagnai, ilfattoquotidiano.it, , Rebelión, 19/06/2013)
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