"El “milagro del empleo” alemán tiene también que ver con el hecho de
que gracias a la dinámica expansión de los trabajos precarios y mal
pagados, el mismo trabajo se repartió entre más personas, al convertirse
empleos a tiempo completo en empleos a tiempo parcial.
Lo demuestra el
hecho de que al día de hoy en Alemania se trabaja lo mismo –medido en
millones de horas- que hace trece años, pese a que ahora se ocupa a 3,3
millones más de trabajadores en ese mismo tiempo.
Fenómeno preocupante, tradicional en el Reino Unido pero que aquí se
vive como novedad, es que tener empleo ya no es garantía de no caer en
la pobreza: solo 2 millones de los 4,5 millones de receptores de
subsidio social (Hartz IV) son parados, el resto es gente que no llega
al mínimo a pesar de que trabaja.
Otro espejismo del empleo alemán es
que, según estimaciones sindicales, casi un millón de parados ha sido
barrido debajo de la alfombra por la contabilidad oficial, que no cuenta
a los parados enfermos, ni a los mayores de 58 años, ni a los que
asisten a cursos de formación u otras categorías.
Un claro éxito: el Kurzarbeit
Pero incluso con un millón más de parados, Alemania sigue teniendo
una tasa de desempleo y un vigor en la crisis envidiable ¿A qué se debe?
En lo que respecta al empleo, al hecho de que en 2009, con una recesión
del 5% aplicó una exitosa y eficaz estrategia: el “Kurzarbeit”,
la jornada laboral reducida a la que se acogieron muchas empresas
exportadoras, mediante acuerdos y subvenciones estatales, que salvó 1,2
millones de empleos y con ellos el consumo.
Para lo demás hay que hablar
de factores estructurales como la organización y gestión de las
empresas, un equilibrio territorial sin grandes desigualdades
regionales, un sistema educativo bien acoplado a la economía y el peso
del corporativismo. (...)
Pero nada de ese vigor puede entenderse sin atender a dos
hechos estructurales fundamentales.
Factores de solidez
Uno es la solidez de la economía alemana. Alemania es la economía más
industrial entre las de los países desarrollados. Sin contar la
construcción, un 20% de su población activa aún está empleada en la
industria, mucho más que en cualquier otro país europeo. El otro es el
aspecto de Alemania como “sociedad organizada”: por doquier un
tupido tejido de cámaras de comercio, asociaciones industriales,
sindicatos, educación y administración, estrechamente vinculado e
integrado.
No hay en Europa un país mejor preparado para afirmar una
ventaja competitiva sobre sus socios y para formular estrategias
económicas. En el mundo solo países asiáticos como China la superan en
capacidad de planificación estratégica – con la enorme diferencia de que
en China la política todavía manda a las empresas, mientras que en
Alemania, como en Bruselas, son los intereses de los grandes consorcios y
monopolios los que determinan al gobierno la línea a seguir.
En
cualquier caso es muy difícil trasladar el “modus operandi” alemán allí
donde no hay una estructura industrial pareja ni una sociedad
organizada.
Dentro de esa mayor organización se incluye el poder de los
sindicatos. Los sindicatos alemanes tienen más poder que en cualquier
otro país de Europa, allí donde hay comités de empresa. El 40% de los
trabajadores alemanes operan en empresas que tienen tales comités.
Gracias a la llamada “cogestión” (Mitbestimung) los comités de
empresas alemanes tienen poder de decisión en asuntos que en otros
países son mucho más exclusivos del empresario: jornada laboral,
organización del trabajo, salarios y rendimientos.
El empresario costea
todo el gasto de los comités de empresa. Allí donde hay comité de
empresa, los despidos deben ser consultados, de lo contrario son nulos.
Evidentemente, todo eso apenas existe en el sector precario.
A esa fortaleza estructural se suman también factores coyunturales.
En la eurozona la industria alemana dejó en la cuneta a sus competidores
europeos a base de practicar un intenso dumping salarial en un
nuevo contexto de mercado y moneda común donde el superávit de uno es
déficit de otros.
Además, Alemania se beneficia del aumento sin
precedentes de la demanda de los países emergentes por que se acopla muy
bien a su industria.
Todo esto no tiene nada o muy poco que ver con la “flexibilización
del mercado laboral”, la involución que tiende a volatizar el derecho
laboral. En el mundo científico nadie ha demostrado nunca que un mercado
laboral más flexible genere empleo.
Mentar el relativo éxito alemán en
la crisis, para desmontar el derecho laboral y de pensiones en España,
es, pura y simplemente, un fraude.
El trágico despropósito del momento es que se pretende imitar de
Alemania los aspectos más dudosos, sino negativos, de su desmonte
socio-laboral -¡y con el único objetivo “estratégico” de poder pagar a
bancos en gran parte alemanes atrapados por sus pésimas inversiones en
las subprime y los ladrillos español e irlandés a costa del
bienestar de las clases medias y bajas!- mientras se ignoran las
verdaderas claves de su éxito, por no hablar de su gran apuesta de
futuro completamente ignorada: la transición energética hacia renovables
que navega a toda vela en plena crisis." (Rafael Poch, La Vanguardia, Rebelión, 20/06/2013)
No hay comentarios:
Publicar un comentario