13.6.13

"Pienso en la comida del verano y me tiemblan las piernas"

"El curso escolar llega a su fin y, mientras algunas familias planean con ilusión sus vacaciones, Lluïsa Alarcón no quiere ni pensar en lo largos que pueden ser los meses de verano sin becas comedor ni dinero para pagar algun centro lúdico -los llamados casals de verano- para sus cuatro hijos. 

Los únicos ingresos que entran en su piso de Castelldefels son los 600 euros de sueldo de su marido, destinados íntegramente a pagar el alquiler. Por lo demás, dependen "como el aire que respiramos" de las ayudas alimentarias de la Cruz Roja y de las becas comedor.  (...)

Lluïsa cuenta que es un alivio que dos de sus hijos, los que están en edad escolar, tengan una comida saludable garantizada al día, en la que puedan comer alimentos frescos, más allá del arroz, las legumbres o el atún que vienen en el paquete quincenal -antes semanal- que les entrega la Cruz Roja. 

La familia de Lluïsa recibe para sus dos hijos en edad escolar la beca social de la Administración que cubre la mitad del precio del menú escolar -que es de 6,20 euros-, pero para hacer frente a la otra mitad necesita de una beca extraordinaria financiada por la Cruz Roja y Cáritas, y que ya llega a 670 familias catalanas cuyas necesidades no quedan satisfechas solo con la oferta de becas de la Generalitat.

 Las becas comedor son tan imprescindibles que la introducción este curso de la jornada compacta en los institutos catalanes se ha vivido como un auténtico drama en casa de Lluïsa, con una de sus hijas en edad de secundaria. Si no hay instituto por la tarde no hay comedor, y por lo tanto no hay beca.

Y esto es lo que sucede precisamente en verano. Cierran los colegios y, con ellos, los comedores. "Pienso en la comida de verano y me tiemblan las piernas, si no nos llega ninguna ayuda tendremos que ir a los comedores sociales", se resigna Lluïsa. 

La ayuda alimentaria de la Cruz Roja no da para cuatro bocas y las de sus respectivos padres. Ahora están a la espera de las nuevas becas que ha puesto en marcha la entidad -una vez más el tejido social actuando de red que suaviza los golpes de la crisis- para los meses de verano.  (...)

"La malnutrición infantil está ligada evidentemente a la crisis", señala este mismo miércoles la nutricionista de cabecera de la Generalitat, Gemma Salvador, en una entrevista en catalunyaplural.cat. Salvador es la coordinadora de un programa -otro más- de la Cruz Roja para orientar a los padres y madres con menos recursos para que puedan ahorrar al máximo en su cesta de la compra y garantizar una alimentación saludable a sus hijo. 

Con 30 euros a la semana aproximadamente se consigue una dieta equilibrada. Pero "30 euros a la semana por hijo son una utopía", que entonces debería gastar casi 500 euros en comida cuando apenas dispone de 120 al mes.

Reafirmando a la nutricionista, Lluïsa sufre porque el médico le dice que sus hijos tienen sobrepeso como consecuencia de su alimentación poco equilibrada. "No deberían comer tantos hidratos de carbono, pero es lo que me dan". Se queja de que hay poco equilibrio, pero entiende el esfuerzo de las entidades.

 "La fruta, solo en el colegio. En cambio, ahora mismo tengo todo el arroz del Delta del Ebro", bromea, y sigue: "podría escribir un libro sobre como cocinar decenas de platos diferentes con un mismo alimento".   (...)

Con este panorama, el verano no solo se antoja larguísimo en cuanto a la alimentación, sino que también afecta al ocio de los niños y niñas sin recursos. Muchas familias, como la de Lluïsa, no pueden costear los casals, colonias y actividades lúdicas. Otra vez a merced de las becas."            (eldiario.es, 11/06/2013)

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