"La situación que vive la Unión Europea me trae a la memoria la pregunta que al inicio de Conversación en La Catedral
hace Santiago Zabala, Zabalita, el personaje de la novela de Mario
Vargas Llosa, cuando se pregunta: “¿En qué momento se jodió el Perú?”. (...)
La respuesta más obvia sería decir que fue a mediados de 2010. En esa
fecha, la Comisión Europea decidió poner en marcha una política de
austeridad (...)
En realidad, las cosas comenzaron a torcerse antes. El euro nació con
un pecado original. Sus creadores no le dotaron de los tres atributos
necesarios para hacer de él una verdadera moneda única.
Primero, un
banco central como Dios manda, capaz de salir al rescate de la economía
en situaciones de crisis. Segundo, una unión bancaria que impida que las
quiebras bancarias contaminen a la deuda pública y hagan pagar a los
ciudadanos los desvaríos y fechorías de algunos financieros. Tercero, un
Gobierno federal de la UE.
El porqué personas que hay que suponer inteligentes no dotaron al
euro de esos atributos es cuestión no resuelta. Mi opinión es que las
élites que apoyaron el euro simplemente querían asegurar un mercado
único por el que los capitales y los bienes pudiesen circular
libremente. (...)
El euro fue un proyecto de las élites financieras y empresariales
europeas, especialmente de las alemanas y francesas, en el que algunas
élites políticas vieron un atajo para la unión política. Pero, hay que
reconocer que el atajo se ha convertido en un cul de sac.
Pero, a pesar de ese pecado original, el euro está aquí. Por lo
tanto, ¿qué hacer?
Estamos en una encrucijada con cuatro caminos.
Primer camino. Ir más rápido a la creación de la Unión Bancaria y
permitir que el BCE pueda ser un banco central digno de tal nombre. Pero
esto es ilusorio. Este camino será inevitablemente lento. (...)
Segundo camino. Aceptar que el camino hacia una mayor integración
europea es lento, armarse de paciencia y, mientras tanto, hacer lo
estrictamente necesario para salvar al euro de algún accidente
inesperado. Este es el camino más probable.
Las élites políticas de los países germánicos defienden esta estrategia.(...)
Tercer camino. El riesgo es que en algún momento cambie la tolerancia
social a la desigualdad, especialmente en los países más castigados por
la crisis. Estos cambios acostumbran a ser repentinos e inesperados.
Sirva de ejemplo, lo que está ocurriendo en Brasil. Si ocurren, pueden
hacer descarrilar al euro. Surgiría así una tercera salida, como un
efecto no querido pero realizado.
Cuarto camino. Poner en marcha un New Deal europeo, capaz de
reformular el proyecto europeo para el siglo XXI, en función de
crecimiento, empleo, estabilidad macroeconómica, igualdad y democracia.
Este es el único camino que puede garantizar la sostenibilidad del euro y
del propio proyecto europeo.
Pero un New Deal de esas características necesita de un nuevo
liderazgo cooperativo y democrático. Así como de nuevos actores sociales
y políticos de ámbito europeo que lo apoyen. Alemania por sí sola no
puede, ni posiblemente quiere, liderar esa senda. Y el eje germano
francés tuvo sus mejores días." (Antón Costas, El País, Caffe Reggio, 07/07/2013)
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