"Uno de los consejos que el Gobierno español que preside Mariano Rajoy no
ha dudado en lanzar a la población es que lo mejor que pueden hacer los
ciudadanos es contratar un fondo de pensiones privado. (...)
Pero es necesario, llegados a este punto, ver qué ocurre con esos fondos
de pensiones privados. Y nada mejor para saberlo que la lectura de un
entretenido y provocador libro de un señor que entró en una institución
venerable, con toda la ilusión de un principiante, y salió asqueado e
indignado. Se trata de Greg Smith, que ha escrito Por qué dejé Goldman Sachs (Deusto, 2013). (...)
Porque lo que explica Smith es que esa banca de inversión, la banca
de Wall Street, clasifica muy bien a sus clientes. Los divide en cuatro:
clientes sabios –los grandes fondos de inversión e instituciones– ( a
éstos se les cuida con mimo); los clientes malvados –fondos que hacen
circular rumores para hacer caer los precios de las empresas que
negocian a corto–; el cliente simple y “el cliente que no sabe cómo
hacer preguntas”.
Nos quedamos en el cliente simple. Sí, ya lo han descubierto. Se
trata de los fondos de pensiones y grandes gestoras de activos. “Son las
víctimas propiciatorias de Wall Street, a las que después de darles una
copa de vino los obligan a tragarse las hierbas amargas”, dice Smith.
El ex analista de Goldman Sachs escribe sobre un caso concreto, una
cliente a la que llamaban la Reina. Y advierte que te quedarías
asombrado “de lo mal gestionados que están ciertos fondos de pensiones y
grandes gestoras de activos”.
Esa Reina, responsable de negociar miles de millones de dólares en
futuros, opciones y otros derivados, era “extrañamente poco sofisticada
con el negocio”. Y Greg Smith, después de explicar detalles financieros
complicados, concluye que era triste comprobar cómo se manejaban con la
Reina, aunque pone a salvo, en este caso, a Goldman Sachs.
Señala que
“la extravagancia de la Reina era especialmente indignante por el hecho
de que las pensiones de miles de personas estaban afectadas por sus
procesos de toma de decisión”. Y añade que, “por desgracia” la Reina de
Wall Street es el tipo de cliente que mucha gente en Wall Street busca
para aprovecharse de ella. (...)
En el caso del cliente que no sabe hacer preguntas el problema es
similar. El autor de este imprescindible libro lo ejemplifica con un
cliente que reside en las montañas de Oregón y que gestiona miles de
millones de dólares en dinero de un fondo de pensiones estatal.
Y dice:
“En su universo se consideraba un pez gordo y un inversor sofisticado,
pero él nunca ha trabajado dentro de un banco de Wall Street. Carece de
la infraestructura para determinar exactamente lo que está comprando y,
después del crash de 2008, está presionado para obtener mucho
rendimiento”.
¿Conclusión? Ese cliente fue el objetivo ideal “para vender un
producto de derivado financiero conocido como exótico que se vistió “con
todos los pitos y flautas de un producto estructurado”.
Eran parecidos a
lo que Greg Smith explica también en el libro en referencia a los
tratos con estados soberanos como Grecia, Italia o municipios y condados
norteamericanos, “a las latas de atún que Grecia, la City of Oakland y
el condado de Jefferson County en Alabama habían comprado”.
Latas de atún, sí, derivados-trampa, o como quieran llamarlo. Un
timo, vaya. Un auténtico artefacto inventado por la banca de inversión.
Así que ya saben lo que pueden hacer con sus ahorros para la pensión de mañana." (Keynes lives in Barcelona, 11/07/2013)
No hay comentarios:
Publicar un comentario