"(...) Es cierto que algunos países de la Unión
Europea están siguiendo estas políticas neoliberales, como Gran
Bretaña, sin estar en el euro. Podría, pues, argumentarse que el euro no
es la causa, como argumenta Andrew Watt en su columna en Social Europe
Journal, “Why Left-wing Advocates Of An End To The Single Currency are
Wrong” (10.07.13), pero encuentro este argumento insuficiente.
El hecho
de que todos los países de la Eurozona estén llevando a cabo esas
políticas no quiere decir que otros no lo hagan también. Lo definitorio
es que todos los que están dentro de la Eurozona lo hacen.
Y la razón es
que a todos los Estados de la Eurozona se les han quitado los
mecanismos de defensa, no solo la imposibilidad de controlar y devaluar
su moneda, sino también la de protegerse frente a la especulación de los
mercados financieros, al no tener su propio Banco Central.
Debería ser
obvio a estas alturas admitir que el Banco Central Europeo no es un
banco central, sino un lobby del capital financiero, altamente
influenciado por el capital financiero alemán.
Andrew Watt (a partir de ahora AW)
simpatiza con los argumentos de aquellos que, habiendo estado a favor
del euro, como Costas Lapavitsas y Oskar Lafontaine, ahora están en
contra, y que basan su rechazo en el enorme sacrificio que las clases
populares están sufriendo como resultado de las políticas que se están
imponiendo para “salvar al euro”. Es cierto, admite AW, que los costos
humanos son muy elevados.
Pero a diferencia de los autores de izquierda
citados, él cree que no han sido baladíes. Deberían haber sido menores
si se hubieran seguido políticas expansivas, pero, por malas que sean,
han ido consiguiendo lo que era necesario: la convergencia de los costes
laborales y, con ello, la corrección de los desequilibrios comerciales
que habían llegado a situaciones extremas entre Alemania y los países
periféricos. (...)
Pero donde AW centra más sus críticas a
Heiner Lassbeck y Costas Lapavitsas (a partir de ahora FyL), que han
cambiado de opinión y ahora están a favor de salirse del euro, es en
acentuar los grandes costes que significarían para un país o grupo de
países salirse del euro. FyL consideran que la huída de capitales (el
bank run) podría limitarse mediante el control de capitales,
realizándose de una manera ordenada.
AW cuestiona este supuesto
indicando que nunca será una salida ordenada, por muy pactada que esta
salida fuera con los países que se quedaran dentro del euro. La salida
de un país del euro inmediatamente crearía un miedo de contagio que
afectaría a toda la Eurozona, siendo, más que una salida, un tsunami de
huida masiva de capitales.
Es más, la clara integración de capitales (el
capital financiero alemán tiene 700.000 millones de euros en los países
periféricos en deuda pública y privada) implicaría una situación de
resistencia a cualquier movimiento que afectara la recuperación de dicha
deuda.
La segunda crítica que AW hace a FyL es
que estos autores están exagerando el impacto positivo de la devaluación
de la moneda, resultado de la recuperación de la moneda nacional. AW
indica que esta devaluación contribuiría a una elevada inflación, ya
facilitada por el recuperado Banco Central Nacional, que imprimiría gran
cantidad de dinero para compensar la huída de capitales.
Y si el Estado
–dice AW- permite el aumento de los salarios según la inflación,
perderá todas las ventajas competitivas que le facilitaba la devaluación
de la moneda. Y en cuanto a la propuesta de FyL de crear una nueva zona
monetaria, el European Monetary System, AW critica que el abanico de
fluctuaciones permitida por los países del nuevo sistema monetario (otra
propuesta de FyL) creará mucha mayor inestabilidad monetaria de lo que
sus proponentes están suponiendo.
Siempre, en una unidad monetaria, hay
una moneda referencia, controlada por un Estado que dicta, en la
práctica, las reglas del juego. La EMS anterior al euro ya estaba
definida por la voluntad del marco alemán.
AW acentúa los problemas de la salida y
ofrece argumentos en contra. No hay duda de que los habría, pero para
llegar a su conclusión de que es mejor quedarse, exagera los cambios que
están ocurriendo en la Eurozona. Decir que ya nadie cree en la
austeridad, en el mismo momento que el gobierno Rajoy está recortando
6.000 millones de euros en Sanidad es un chiste de mal gusto.
Y lo mismo
en cuanto al optimismo que significa su visión de un nuevo compromiso
con las políticas de expansión. Exagera el impacto que los nuevos
programas de creación de empleo juvenil tendrán en reducir el desempleo
juvenil. AW no parece ser consciente de lo que está pasando en los
países que despectivamente son conocidos como PIGS (cerdos en inglés),
entre los cuales está España. La situación en España es intolerable y en
contra de lo que supone AW no hay perspectivas de salirse de esta
situación.
El problema de AW y también, por cierto,
de FyL es que ven la situación desde una perspectiva económica y
financiera, cuando es predominantemente política. Las soluciones a las
crisis actuales en la Eurozona son, en realidad, fáciles de ver. Y no
hay déficit de propuestas.
La Confederación Europea de Sindicatos ha
hecho una serie de propuestas que ayudarían a dar la vuelta a la
situación. Pero AW peca de excesiva ingenuidad al creerse que la
estructura de poder que gobierna hoy la Unión Europea y la Eurozona va a
llevar a cabo estas propuestas alternativas. (...)
El Presidente del BCE, el Sr. Draghi, lo ha dicho con gran contundencia:
“el modelo social europeo no es sostenible”. Para estos intereses
financieros, el euro es un pilar de tal sistema de explotación.
Creerse
que este sistema de gobierno desea la desaparición del euro (el famoso
colapso del euro que nunca ocurrió) o la expulsión de los países
periféricos, es no entender la función que la relación centro-periferia
juega en dicha explotación, explotación que no es de nación a nación,
sino de clase contra clase, con una alianza de las clases dominantes
contra las clases dominadas (la mayoría de la población) en cada país.
Y
el euro es un instrumento para ello. La evidencia científica que avala
tal postura es enorme, aún cuando continúa siendo ignorada u ocultada en
los mayores medios de difusión.
De ahí la necesidad de iniciar un debate para salirse del euro como
posibilidad. La amenaza de terminar con el euro dará fuerza a las
izquierdas en su negociación con las derechas. Y para mantener la
credibilidad en esta amenaza, hace falta prepararse para salirse del
euro que, siendo un proceso difícil, no es imposible, y puede facilitar
la salida de España y otros países de la recesión.
Sin minimizar los
problemas de salida, el hecho es que otros países han roto con monedas
equivalentes al euro, y les ha ido bien, tal como es el caso de
Argentina. Quiero subrayar que lo que estoy proponiendo es iniciar un
debate, hoy inexistente en España, que pueda o no abocar en la salida de
España del euro.
Lo que tiene que entenderse es que el peor de todos
los escenarios es mantenerse donde estamos; la población ya ha perdido
su apego a la Eurozona y están clamando un “¡Basta Ya!”. Y llevan razón." (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 1 de agosto de 2013, en vnavarro.org, 01/08/2013)
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