"(...) La deuda total de nuestra economía, privada y pública, se aproxima a
los 4,5 billones de euros, alrededor del 425% de nuestro PIB. Hablemos
con claridad, ya saben nuestra opinión, no se puede pagar, es impagable,
y lo saben.
Pero no solo no hacen nada sino que desde 2010 se han
promovido políticas económicas que tienen como objetivo último que sean
los contribuyentes quienes sufraguen los desaguisados de los sectores
privados que generaron la actual crisis sistémica -bancario,
inmobiliario, y monopolios naturales-. Y derivado de estas políticas se
detectan dinámicas divergentes en la acumulación de la deuda.
Por un lado, hay un proceso de reducción de la deuda privada
concentrado exclusivamente en familias y empresas no financieras. Como
consecuencia de ello estamos en una recesión de balances privados: el
consumo y la inversión, y por lo tanto la demanda interna, se han
hundido, todo se destina a reducir esa deuda, especialmente complicado
en un contexto de bajadas de rentas salariales.
Mientras, el sector financiero, insolvente, que fue quien concedió
esa deuda, continuó incrementando la suya en plena crisis. Normal, ya
que son los contribuyentes -vía FROB, SAREB y avales a esa deuda
bancaria- quienes están sufragando sus multimillonarias pérdidas. Como
consecuencia se produce una explosión del volumen de deuda pública.
El IPC de agosto de 2013, publicado también esta semana, confirma que España está en deflación por deuda. (...)
En septiembre de 2013, teniendo en cuenta que la subida del IVA se
aplicó con fecha 1 de septiembre de 2012, la inflación en nuestro país
entrará en territorio negativo. (...)
El descenso de precios se debe en última instancia a los estragos
sufridos por nuestra demanda interna, proceso que se acelerará por la
incapacidad de los deudores para pagar sus deudas, salvo que se cambien
radicalmente las actuales políticas económicas. (...)
El escenario actual de nuestra querida España, por lo tanto, no puede
ser más desolador: insostenibilidad de la deuda, deflación por
endeudamiento, destrucción de empleo, pérdida de competitividad, y
empobrecimiento de la ciudadanía.
Y en este contexto serán, finalmente, los mercados financieros los que acabarán dando la puntilla a nuestro país.
La mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, y es
cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta
masiva de los mismos. Ello sacará a la luz las miserias de nuestra
economía." (Juan Laborda, Vox Pópuli, 14/09/2013)
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