4.9.13

El periodo previo a la crisis asiática guarda un fuerte parecido con el periodo previo a la crisis que ahora aflige a Grecia y a España

"Algunos antecedentes: el periodo previo a la crisis asiática guarda un fuerte parecido con el periodo previo a la crisis que ahora aflige a Grecia, España y otros países europeos. En ambos casos, los orígenes de la crisis residen en el optimismo excesivo del sector privado, con enormes entradas de préstamos extranjeros que iban a parar principalmente al sector privado. 

En ambos casos, el optimismo se convirtió en pesimismo con sorprendente rapidez y precipitó la crisis.

Sin embargo, a diferencia de Grecia y demás, los países en crisis en 1997 tenían su propia divisa, que pasó a depreciarse fuertemente frente al dólar. Al principio, esta depreciación de la moneda causó agudos trastornos económicos. 

En Indonesia, por ejemplo, muchas empresas tenían grandes deudas en dólares, de modo que cuando la rupia se hundió frente al dólar, esas deudas se dispararon en relación con los activos y los ingresos. La consecuencia fue una grave contracción económica, en una escala que no se veía desde la Gran Depresión.

Afortunadamente, los malos tiempos no duraron tanto. La propia debilidad de las monedas de estos países hizo que sus exportaciones fueran muy competitivas, y pronto todos ellos —incluso Indonesia, que fue la más afectada— experimentaban fuertes recuperaciones impulsadas por las exportaciones.

Aun así, la crisis debería haber servido de lección sobre la inestabilidad de los sistemas financieros no regulados. En lugar de eso, la recuperación de Asia llevó a las autoridades occidentales a alardes excesivos de autocongratulación, como ilustraba la famosa portada en 1999 de la revista Time —en la que aparecían Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, con Robert Rubin y Lawrence Summers, en aquella época secretario y subsecretario, respectivamente, del Tesoro— con el titular El Comité que ha de salvar el mundo. 

El mensaje era: “No se preocupen, tenemos todo esto bajo control”. Ocho años después, descubrimos lo poco apropiada que era esa confianza.

De hecho, como ya he mencionado, en esta ocasión lo estamos haciendo mucho peor. Piensen, por ejemplo, en el país en peor situación durante cada crisis: Indonesia entonces, Grecia ahora.

La recesión de Indonesia, que vio cómo la economía se contraía un 13% en 1998, fue terrible, pero hacia 2000 ya estaba en marcha una sólida recuperación. En 2003, la economía de Indonesia había superado su máximo anterior a la crisis; el año pasado, había crecido un 72% en relación con 1997.

Ahora comparen esto con Grecia, donde la producción ha descendido más de un 20% desde 2007 y sigue disminuyendo con rapidez. Nadie sabe cuándo empezará la recuperación, y yo intuyo que pocos observadores prevén que la economía de Grecia se recupere hasta alcanzar los niveles anteriores a la crisis durante esta década.

¿Por qué es la situación mucho peor esta vez? Una respuesta es que Indonesia tenía su propia moneda, y la devaluación de la rupia fue, al final, una buena cosa. Grecia, por otro lado, está atrapada en el euro. Además, los políticos eran más flexibles en la década de los noventa que en la actualidad. 

El Fondo Monetario Internacional exigió al principio duras políticas de austeridad en Asia, pero pronto cambió de rumbo. Esta vez, las exigencias a Grecia y a otros deudores han sido implacablemente duras, y cuanto más fracasa la austeridad, más sangre se exige. (...)"           (Paul krugman, El País, en Jaque al neoliberalismo, 01/09/2013)

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