"Ya hay una generación de jóvenes —los que merodean por arriba o por
abajo los 20 años— que se ha hecho adulta con una falta crónica de
perspectivas sociales, una política de desigualdad creciente, de
contorsionismo ideológico y de corrupción política (y en algunos países,
de fuerte represión), cuyos componentes serán testigos críticos de una
época, la de la revolución conservadora.
Que han llegado a la mayoría de
edad en medio de problemas críticos para ellos y sus padres, y que
pocas veces han conocido Gobiernos que defiendan con coherencia los
principios de una verdadera economía mixta (en la que se combina el
dinamismo del mercado con la igualdad democrática), la regulación ante
los fuertes abusos financieros y una redistribución de la renta y la
riqueza más equilibrada.
Que no han encontrado los escasos empleos de la
antigua clase media, con cierta seguridad y salarios proporcionales a
la calidad de su trabajo, en unas sociedades en que la “carrera cuesta
abajo” es evidente en casi todos los ámbitos: relaciones laborales,
protección social, política fiscal, legislación medioambiental,
regulación financiera, etcétera.
Además, las dificultades les llegaron de sopetón. Esos jóvenes, como sus
antecesores, creían estar más o menos seguros, y que una marcha atrás
era imposible dados los avances que se habían producido con lo que se
denominó “nueva economía” (14 años y medio de crecimiento constante) y
las tecnologías de la información y la comunicación que, se decía,
habían acabado con los ciclos económicos. (...)
Ello lleva a acrecentar el número de detractores del capitalismo, los
cuales sostienen que el mismo está al servicio de la codicia, explota la
vulnerabilidad de la gente, impone la desigualdad de la renta y el
patrimonio, elimina la movilidad social, expolia el medio ambiente y,
sobre todo, gobierna a la democracia.
Como escribe Jeffrey Sachs, el
capitalismo global es una gigantesca fuerza implacablemente productiva
que introduce de modo permanente en el mercado nuevos bienes y
servicios, pero que divide de forma despiadada a la sociedad en función
del poder, el nivel de estudios, y los ingresos y el patrimonio; los
ricos son cada vez más ricos y tienen más poder político, mientras se
deja atrás a los pobres, sin empleos decentes, sin seguridad, sin una
red que asegure los ingresos o sin una voz política.
Y este escenario se
reproduce en todo el mundo a medida que ese capitalismo incorpora a un
país tras otro a sus sistemas de producción y los integra en su red de
influencia política. (...)
Hay quienes dicen que del mismo modo que en el año 1989 el capitalismo
derrotó al comunismo, a partir de 2007 ha vencido a la democracia. Un
triunfo, en apariencia, totalizador." (
Joaquín Estefanía , El País, 29 AGO 2013 )
No hay comentarios:
Publicar un comentario