"Una de las características de nuestro
tiempo es el enorme crecimiento de las rentas del capital a costa de las
rentas del trabajo. Hoy, en España, por primera vez durante el periodo
democrático, las rentas del capital representan un porcentaje de toda la
renta nacional superior al que representan las rentas del trabajo.
Esta situación, como he indicado en
varias ocasiones, es una de las principales causas de las crisis
actuales. La crisis económica, que se refleja en un estancamiento,
cuando no retroceso, económico, se debe a la falta de demanda,
consecuencia de la disminución de las rentas del trabajo.
Y la crisis
financiera, consecuencia de la falta de crédito, se debe al
comportamiento especulativo del capital financiero, que encuentra mayor
rentabilidad en las inversiones de carácter especulativo que en las
inversiones en la economía productiva (debido al estancamiento
económico) creando burbuja tras burbuja, que cuando explotan provocan
las crisis financieras. (...)
Una de las causas del crecimiento de las
rentas del capital es la política fiscal que grava a las rentas del
capital mucho menos que a las rentas del trabajo. Los datos muestran que
el impuesto de sociedades (que grava las rentas del capital) es menor
que el sector del IRPF que grava las rentas del trabajo.
La
discriminación positiva a favor de las rentas del capital es una
constante en el sistema fiscal.
Los argumentos que se utilizan para
justificar esta situación, aportados por think tanks –como Fedea-
financiados por la gran banca (como el Banco Santander –que paga pocos
impuestos-) y las grandes corporaciones como Repsol (que paga también
muy, pero que muy pocos impuestos) son de varios tipos.
Uno de ellos, el
más común, es que España ya es uno de los países donde el impuesto de
sociedades es más elevado y es injusto elevarlo incluso todavía más. (...)
Esto no es cierto. Hay una gran
diferencia entre lo que las grandes empresas deberían pagar (el tipo
nominal) y lo que en realidad pagan. La gran banca paga muy poco debido,
entre otras cosas, a los paraísos fiscales (tanto los legales como los
ilegales) y algo similar ocurre con las grandes empresas. Es más, la
cantidad de deducciones es enorme, con lo cual el nivel de imposición
real es ridículamente bajo.
Otro argumento a favor del trato tan
favorable a las rentas del capital es que las empresas necesitan ganar
dinero para poder invertir y crear riqueza y puestos de trabajo. Este
argumento es repetido una y otra vez por los economistas neoliberales,
que son la mayoría de los existentes en el país.
Este argumento es
también erróneo. Por extraño que parezca, las grandes empresas tienen
una enorme cantidad de dinero que no invierten pues no existe suficiente
demanda para necesitar expandir su producción. Dinero no les falta,
dinero conseguido en parte por las facilidades fiscales que tienen.
Por
ejemplo, al mismo tiempo que el Presidente Rajoy recortaba 6.000
millones de euros en la sanidad pública (un ataque frontal al sistema
nacional de salud), las empresas que facturaban más de 150 millones de
euros al año y que representaban solo un 0,12% de todas las empresas,
conseguían ingresar 5.800 millones como resultado de la reducción del
impuesto de sociedades. A las grandes empresas no les falta dinero. En
realidad, les sobra. (...)
No hay falta de dinero y crédito entre
las grandes empresas sino entre las medianas y pequeñas empresas, que
paradójicamente pagan un impuesto de sociedades mayor que las grandes
empresas y tienen un problema grave de falta de crédito. Estas son las
empresas que crean más puestos de trabajo en España.
Un tercer argumento que intenta
justificar la baja carga impositiva de las rentas del capital es la
necesidad de ser competitivos en una economía globalizada. No se aclara,
sin embargo, porqué pagar menos impuestos las hace a las empresas más
competitivas.
El que paguen menos impuestos explica que tengan más
beneficios, pero no explica porqué esto las hace más competitivas o
porqué crearán más puestos de trabajo, a no ser que inviertan este
dinero en aumentar su competitividad y/o en la creación de empleo.
No
puede asumirse que a mayores beneficios mayor inversión o mayor número
de puestos de trabajo. La realidad no apoya estas teorías. La causa
principal de la expansión de la producción de las empresas es la
expectativa de mayor demanda de sus productos. (...)"
(Artículo publicado por Vicenç Navarro, 21 de agosto de 2013, y
en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 27 de agosto
de 2013, en vnavarro.org, 27/08/2013)
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