"Tras tres años de recortes en el gasto público, parece que
Irlanda está encaminada a abandonar el programa de rescate de la UE, el
BCE y el FMI el próximo 15 de diciembre, pero ¿a qué precio? El país
sigue sumido en una depresión y la economía se ha resentido
profundamente.
Irlanda ha sido considerada una vez más el estudiante modelo en la
escuela de austeridad de economía en Europa, ya que el Taoiseach [primer
ministro irlandés], Enda Kenny, afirma que su Gobierno está saliendo del programa de rescate
establecido por la troika formada por la Unión Europea, el Banco
Central Europeo y el FMI. Dice que la era de la austeridad está llegando
a su fin.
Obviamente, ambas afirmaciones son cuestionables, pero resaltan algunas características importantes de la situación en Europa.
La política del Gobierno irlandés continuará siendo establecida por
la troika durante muchos años más. De hecho, la UE ya ha implantado un
sistema para la supervisión presupuestaria, una normativa e incluso
sanciones que consagrarán una austeridad permanente para todos los
miembros del euro.
Además, el FMI ha adoptado la costumbre de poner en marcha una nueva
línea de créditos en cuanto el dinero del rescate inicial se haya
acabado, un mecanismo que tiene sus propias condiciones.
Por tanto, es
falso decir que la austeridad ha llegado a su fin. Por el contrario, los
activos y los préstamos suscritos por los bancos irlandeses se han
devaluado tanto a causa de la debilidad económica que el riesgo de un
nuevo rescate para sus acreedores está aumentando. (...)
También hay una importante razón por la que Irlanda no puede ser emulada
por países como Grecia y Portugal. Al inicio de la crisis, la economía
irlandesa era mucho más próspera, y después de una prolongada recesión
en la periferia europea, esa situación se sigue manteniendo.
Uno de los
grandes fracasos de los sucesivos Gobiernos irlandeses es que los
niveles de vida han caído tan bajo que han descendido hasta los niveles británicos después de haberlos superado a finales del siglo pasado. (...)
La coalición del Gobierno de la derecha de Fine Gael y los partidos
laboristas irlandeses quieren que les den una palmadita en la espalda, o
quizá en la cabeza, por pronosticar que las finanzas del Gobierno se
transformarán en lo que se denomina un superávit primario, es decir, un
superávit de las finanzas del Gobierno antes de tener en cuenta los
pagos de los intereses, una afirmación hecha frecuentemente también por
los seguidores de los Gobiernos que implantan la austeridad en Portugal y
Grecia, y que carece por completo de sentido.
A menos que el índice de
crecimiento de la economía supere esos intereses cada vez mayores, el
nivel de la deuda del Gobierno será insostenible.
No obstante, en la actualidad el riesgo inmediato del incumplimiento
gubernamental ha descendido considerablemente. Eso se debe en parte al
compromiso del Banco Central Europeo de “hacer lo que sea necesario” por
mantener el euro. Eso implica una cantidad ilimitada de rescates para
los acreedores, especialmente bancos europeos y británicos, pero ni un
euro para los Gobiernos.
Ese respaldo de por vida a los bancos es lo que se nos invita a
celebrar, pero la fiesta durará muy poco si la austeridad continúa
hundiendo la economía. Si no hay inversión la capacidad productiva se
reduce. En Irlanda, la nueva inversión neta (después de eliminar la
depreciación, el desgaste y así sucesivamente) es casi cero.
La economía
continúa en una recesión, y uno de sus efectos es acumular préstamos no
productivos en los bancos minoristas, incluyendo pagadores hipotecarios
con riesgo de impago. La austeridad es el enemigo del crecimiento y no
puede resolver la crisis." (Michael Burke
, Presseurop, 17 octubre 2013, The Guardian
Londres)
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