“En mi barrio, cuando sacamos la basura, apartamos la comida y, lo que
es posible aprovechar, lo ponemos en un tupper o en una bolsa limpia y
lo dejamos encima del contenedor. No lo hago yo sola. Mucha gente hace
lo mismo. La búsqueda de comida se ha convertido en algo casi normal.
Los que buscan suelen ser marroquíes pero también hay españoles. Las
mujeres van con un carro de la compra, los hombres en bicicleta, y todos
llevan un palo con el que escarbar en la basura. Es frecuente ver
bolsas de pan colgadas en las bisagras de la tapa del contenedor,
también huesos de jamón. La comida se pone fuera del contenedor en una
bolsa visible”, dice Pepa Villena, vecina de Almería.
En las ciudades, pero también en los pueblos, se ha convertido en una
imagen frecuente ver la tapa de los contenedores de basura abierta y en
ellos alguien que rompe las bolsas y busca comida o algún objeto ‘de
valor’ para poder venderlo y sacar algunos euros que le permitan seguir
tirando. La crisis que azota al Estado español y el paro han llevado a muchas personas a situaciones extremas.
“Si no se cambia este ritmo de generación de pobreza, para el año 2025 tendremos en España 20 millones de pobres, lo que equivaldría a un 42% de la población”, afirma a DIAGONAL Teresa Cavero, coautora del informe sobre el estado de la pobreza que acaba de ser presentado por la ONG Intermón Oxfam bajo el título de La trampa de la austeridad. (...)
Sin embargo, para Fernando Álvarez-Uría, catedrático de Sociología de la
Universidad Complutense de Madrid, el problema no es tanto la pobreza
como la crisis del trabajo. “Es necesario garantizar un trabajo digno para todos los trabajadores, bien remunerado, y fijar también un salario mínimo.
Es preciso repartir el trabajo y redistribuir la riqueza. El tema es
que el neoliberalismo ha dejado en manos privadas el trabajo, y también
las consecuencias, como la pobreza, y se gestionan de forma privada”,
abunda Álvarez-Uría. “Lo que Keynes planteó después de la II Guerra
Mundial, políticas económicas planificadas desde el Estado, el
neoliberalismo lo ha roto.
En este sentido, los eurobonos, que Merkel se niega a aceptar, serían un impulso,
equivaldría a reconocer la crisis del sur de Europa de forma solidaria
en la UE. La economía del euro no la controlan los Estados. Por ello, es
preciso avanzar hacia una Europa federal que preserve las conquistas
del Estado social”, concluye este sociólogo. (...)
Para Mohamed, de 55 años, inmigrante marroquí que reside en Madrid
desde hace años (con dos hijos que mantener), la tarea de reciclar
cartones le permite subsistir: “Rebusco en los contenedores a partir de
las seis de la tarde y luego recojo de la calles los cartones que dejan
las tiendas. Saco unos 10 euros.
No hay trabajo y tenemos que comer”,
dice mientras extrae un puñado de revistas de moda de un contenedor de
papel situado en el centro de la capital. Habla y mira a un lado y otro
por si vienen los municipales: “La policía me dice que está prohibido
coger cartones”, y empuja un carrito de la compra del que cuelgan bolsas
con otros objetos que seguramente irán a la reventa en un puesto
improvisado en la calle.
Otras personas repiten la misma operación con sus coches. Un hombre
recorre la calle Antonio López, en el distrito de Carabanchel, un barrio
de Madrid próximo al río Manzanares. La calle cuenta con pequeños
comercios, aunque muchos han acusado la crisis y han cerrado. Los que
quedan, al caer la tarde, sacan a la calle múltiples embalajes de
cartón. Ahí Fernando G., que pide no ser identificado, va juntando cajas
vacías.
“Trabajaba en una empresa pequeña que quebró, yo era
administrativo, y hace tres años me despidieron. No cobro nada, se me ha acabado ya el paro y las ayudas.
En una noche puedo llegar a sacar unos 12 euros”, afirma. Por los
cristales de su Seat se ven apilados los cartones que venderá por la
mañana a un chatarrero del barrio." (Diagonal, 02/10/2013)
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