10.10.13

Las redes tradicionales de socialización (familia, vecindario) amparan la sostenibilidad de los sistemas productivos locales, que pueden generar mucho empleo

"(...) Hoy, el sistema financiero español está al servicio del reflotamiento de las instituciones financieras y no al servicio de la creación de tejido productivo sostenible y empleo. No hay perspectiva de que cambien estas políticas europeas a corto plazo, especialmente tras el cambio electoral en Alemania

 ¿Qué puede hacer el sur de Europa aquí y ahora para, al menos, suavizar la gravedad de la situación? Nuestra propuesta es la siguiente: los países de la periferia europea tienen que echar mano de sus propios recursos. 

Para ello deben aprender a identificarlos y su potencial productivo, así como arracimarlos para impulsar una dinámica de creación de empleo social- y ambientalmente sostenible.  

 Porque no todo ha sido destrucción. Treinta años de Estado del bienestar han generado una fuerza de trabajo altamente cualificada y motivada. La inversión estranjera ha traido a España procedimientos organizativos de última generación, tecnologías punteras, servicios especializados e inversiones en capital fijo demandantes y al mismo tiempo generadoras de una “inteligencia colectiva” (general intellect: Marx) que nunca habían existido antes. (...)

Dada la escasez de recursos financieros, el elevado  desempleo y debido también al hecho de que la mayoría de los recursos giran alrededor de las personas y sus relaciones sociales (“capital humano”) la (re)combinación productiva de dichos recursos tendrá que ser más intensiva en trabajo que en capital. 

Esto potenciaría su efecto multiplicador sobre el conjunto de la economía por unidad de capital invertido, colocaría a las personas y la organización en el centro de las estrategias productivas, y obligaría a hace un uso pragmático de la tecnología basado menos en su carácter “novedoso”  que en su eficiencia definida ahora de forma más global. 

 Los principales destinatarios no son tanto los mercados internacionales como los espacios económicos locales, si bien no se puede descartar la posibilidad de una expansión exterior parcial. 

 Los que interesan aquí son aquellos potencialmente transformables en nuevas actividades productivas,  que han sido generado de forma endógena o que, una vez adquiridos de fuera, han perdido su valor de adquisición a causa de la crisis, del cambio sectorial o del fracaso de una determinada inversión. S

e pueden ordenar en varios grupos en función de al menos, tres criterios: por los espacios en los que fueron creados, por su valor económico o no y por el efecto de su consumo. (...)

Sin embargo, el acceso tardío a la modernidad capitalista ha preservado amplias extensiones de terreno de su colonización económica y hoy tiene España una de las superficies más importantes de parques naturales, de zonas de “Red Natura” y uno de los porcentajes de endemismos más importantes de Europa. 

La precaridad de los sistemas institucionalizados de bienestar en los países del sur, la fuerte presión competitiva de los grandes productores del norte y la propia lógica de la vida cotidiana ha preservado  las redes tradicionales de socialización (familia nuclear y extensa, relaciones comunitarias y de vecindario etc.) de su destrucción. 

Todo lo contrario: han resultado ser altamente funcionales para el mantenimiento de la cohesión social, para la sostenibilidad de una parte de los  sistemas productivos locales  y, en definitiva, para hacer frente a la rápida exposición de sus sociedades a la economía neoliberal internacional. 

La individualización y la economización de las relaciones sociales propias del neoliberalismo se han podido mantener a raya gracias a la preserpvación de este tejido (comunismo familiar, empresas privadas o cooperativas organizadas alrededor de redes familiares y comunitarias, redes sociales locales muy tupidas etc.), tejido que los gobiernos conservadores no han dudado en apoyar combinando dicho apoyo con políticas radicales de liberalización conquistando así mayorías parlamentarias imporatntes. 

 Algunas comarcas de Andalucía, de Extremadura y de Canarias con tasas de desemplo por encima del 30%  serían hoy socialmente irrespirables si no fuera por la preservación de estas estructuras. 

Muchos de los recursos generados en estos espacios  pueden resultar hoy funcionales para la recomposición de un (nuevo) tejido producto: generan confianza y “crédito”, mejoran la comunicación, facilitan la cooperación, suavizan los efectos destructivos del mercado., pueden ser una fuente inédita de conocimientos, de estrategias productivas y de procedimientos organizativos o proponen sistemas de conexión sociedad-naturaleza altamente sostenibles.
 La adaptación de muchos saberes hacer tradicionales, por ejemplo, ha servido históricamente para crear sistemas productivos tecnológicamente.   (...)
Acompañé "a un pequeño grupo de ingenieros japoneses interesados en localizar hornos tradicionales para la fabricación de grandes tinajas de barro utilizadas para la vinificación. 
Dichos ingenieros estaban muy interesados en tomar contacto con alfareros tradicionales porque los conocimientos científico-técnicos especializados eran insuficientes para la manejar los procesos de cocción de grandes masas de barro en hornos industriales sin arriesgar su cuarteamiento. 
El elemento crítico era la sutil modulación de la temperatura durante el proceso de cocción, modulación de la que, aparentemente, eran maestros los antiguos artesanos españoles. " (..)


El modelo de desarrollo oriental se basa, en gran medida, en esta capacidad de asimilación y de adaptación de conocimientos generados en espacios tradicionales a los procesos productivos modernos.  Ejemplos parecidos se podría encontrar, también, en el sector de las transformación de alimentos que pueden nutrirse de una rica y diversa tradición culinaria. (...)

Hay muchos recursos que se han ido conformando en los espacios premodernos de la sociedad sin que nadie haya reparado en ellos o los haya identificado como tales o lo haya hecho en un sentido simplificado  (flora y fauna, acerbo culinario, tradiciones culturales, técnicas agrícolas y ganaderas etc.). 

Esto no afecta sólo a tecnologías, herramientas, propiedades naturales o paisajes sino también a cosas más difíciles de indentificar como las relaciones sociales (relaciones entre personas y empresas, espacios de comunicación laboral, grupos de trabajo, confianza acumulada etc.) 

Así, por ejemplo: la participación ciudadana no se adquiere en el mercado, no hay que “pagar por ella”, no es posible imputarle un valor económico pero puede tener importantes consecuencias económicas. Bien en las empresas (las empresas participativas suelen ser más eficientes a largo plazo y en un sentido más completo) bien en el espacio público. 

Por ejemplo: el control de ciertos delitos económicos muy costosos para la sociedad -la corrupción o la financiación ilegal de partidos- se mantienen mejor a raya a través de la participación  ciudadana en la vida social.

 Esto permite preservar mucho mejor recursos públicos escasos (por ejemplo recursos administrativos, urbanísiticos o dinero público en general), todos ellos imprescidibles para generar tejido productivo. Identificar relaciones sociales, culturas organizativas, saberes hacer no formalizados etc amplía las posibilidades de crear nuevo tejido productivo.(...)

 Las cualificaciones adquiridas en sistemas educativos reglados (especialidades teóricas, técnicas y aplicadas), pero también aquellas otras acumuladas informalmente a lo largo de la vida laboral y que, sin resultar valorables económicamente en sí mismas potencian el “valor económico” de las cualificaciones regladas. 

El desempleo las ha expulsado de la actividad productiva, pero eso no quiere decir que las haya destruido si bien se van debilitando a medida en que va alargándose la situación de desempleo. (...)

La instalación descentralizada de placas solares generaría a corto plazo en España, y sin tener que realizar apenas inversiones, al menos 300.000 puestos de trabajo directos (...) 
Algo parecido se puede hacer en el sector de la construcción que, impulsado por normativas de obligado cumplimiento destinadas a mejorar la eficiencia energética de edificios, podría generar una gran cantidad de empleo local ya perfectamente cualificado y sin necesidad de realizar inversiones importantes. 

A este grupo de recursos vaporables económicamente se puede sumar el de los solares, terrenos y edificios ya rectificados o construidos, pero que no tienen ningún aprovechamiento en la actualidad. La creación de huertos urbanos, destinados a satisfacer necesidades inmediatas de la población, es un buen ejemplo. (...)

Numerosas comarcas españolas tienen un enorme potencial forestal que no se presta a su explotación industrial a gran escala (por ejemplo para la fabricación de papel o de muebles). 

 Por otro lado, las instalaciones de combustión con una potencia térmica nominal superior a 20 MW eran en 2008 responsables del 21,7% de las emisiones con efecto invernadero de forma que su sustitución por sistemas descentralizados de generación reduciría la factura energética responsable de una buena parte del déficit comercial del país. 

Esto contribuiría a reducir las emisiones de gas invernadero a un ritmo de 4 toneladas de CO2 por cada 4 kw de potencia instalada, podría generar, con políticas de concienciación, una caída drástica del gasto energético de instituciones, familias y PYMES, y reduciría la dependencia de la sociedad de las multinacionales de la energía. 

Pero no sólo. Además crearía un número importante de puestos de trabajo estables en los entornos locales, vinculándolos al tratamiento sostenible de los recursos  forestales locales  (...)

 Es altamente significativo, pro ejemplo, que los bosques menos afectados por los incendios son los de la provincia de Soria. Razón: su madera, de alta calidad crea miles de puestos de trabajo locales y la propiedad de los bosques sorianos no es privada sino comunal. (...)

La participación en el trabajo es una poderosa fuente para la reproducción de capacidades productivas mientras que las estructuras autoritarias sólo sirven, como mucho, para preservarlas sin hacerlas crecer.  

 La exposición universal celebrada en Sevilla en 1992 obligó a la formación de numerosos grupos y equipos de trabajo especializados en varias especializadas  (contrucción, telecomunicaciones, transporte, logística etc.), con buenas conexiones nacionales e internacionales, y que dieron excelentes resultados. Tras la clausura de la Expo estos equipos fueron disueltos( ...)

las autoridades no supieron identificar este recurso que desapareció en el momento mismo en el que se disolvieron los grupos. (...)"             ('Crear capacidades productivas usando recursos endógenos', de Armando Fernández Steinko, 02/10/2013)

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