Señalamos tres posibles pilares en torno
a los que hacer pivotar esta nueva política económica: una nueva
política fiscal, una nueva política laboral y de rentas y, por último,
una nueva estrategia respecto al problema del sobreendeudamiento.
En primer lugar, y tal y como reza el
conocido proverbio, para salir del hoyo lo primero es dejar de cavar. Es
imprescindible poner fin a la estrategia de austeridad sine die
de Bruselas. Los recortes del gasto público deben dar paso a una
política de intensa expansión del presupuesto dedicado a servicios
públicos.
No sólo para reconstruir un “escudo social” que blinde las principales necesidades de la mayoría de la población frente a los efectos de la crisis, sino también porque en un contexto de recesión de balances como el actual, en el que buena parte de los actores privados permanecen constreñidos por el peso de la deuda y por tanto sin capacidad para invertir o consumir, el sector público es el único que puede actuar como motor económico.
No sólo para reconstruir un “escudo social” que blinde las principales necesidades de la mayoría de la población frente a los efectos de la crisis, sino también porque en un contexto de recesión de balances como el actual, en el que buena parte de los actores privados permanecen constreñidos por el peso de la deuda y por tanto sin capacidad para invertir o consumir, el sector público es el único que puede actuar como motor económico.
La expansión del gasto público debiera
centrarse en determinados ámbitos que faciliten la recuperación del
empleo y el crecimiento de la renta de los hogares, sin ocasionar con
ello un incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Resultarían así prioritarios los servicios de atención a la dependencia, la sanidad, la educación o la rehabilitación inmobiliaria, todos ellos intensivos en fuerza de trabajo y de limitado consumo energético. Es más, el propio sector público debiera ser quien impulsase la transición energética necesaria para avanzar hacia una economía sostenible, asegurando tanto las inversiones necesarias para ello como la correspondiente “transición justa” para los trabajadores de los sectores más contaminantes.
Además, la financiación de tales políticas debiera producirse fundamentalmente con cargo a una intensa reforma fiscal –que grave más a quien más tiene y que persiga el elevado fraude fiscal de las rentas más elevadas– coordinada a nivel europeo.
Resultarían así prioritarios los servicios de atención a la dependencia, la sanidad, la educación o la rehabilitación inmobiliaria, todos ellos intensivos en fuerza de trabajo y de limitado consumo energético. Es más, el propio sector público debiera ser quien impulsase la transición energética necesaria para avanzar hacia una economía sostenible, asegurando tanto las inversiones necesarias para ello como la correspondiente “transición justa” para los trabajadores de los sectores más contaminantes.
Además, la financiación de tales políticas debiera producirse fundamentalmente con cargo a una intensa reforma fiscal –que grave más a quien más tiene y que persiga el elevado fraude fiscal de las rentas más elevadas– coordinada a nivel europeo.
El segundo pilar de una política
económica verdaderamente encaminada a crear empleo debiera pasar por una
reducción generalizada de la jornada laboral, para hacer frente al
desafío del desempleo sin comprometer con ello la sostenibilidad del
planeta. Así, el reparto del empleo ya no haría necesaria la consecución
de elevados ritmos de crecimiento y consumo material para ocupar a la
población desempleada.
Valga como ejemplo, a pesar de todas las limitaciones que el proyecto presentó, el caso francés: la reducción de la jornada laboral a 35 horas legislada por el gobierno de Jospin supuso la creación de más de un millón de empleos netos durante el bienio 2000-2001 en Francia. (...)
Valga como ejemplo, a pesar de todas las limitaciones que el proyecto presentó, el caso francés: la reducción de la jornada laboral a 35 horas legislada por el gobierno de Jospin supuso la creación de más de un millón de empleos netos durante el bienio 2000-2001 en Francia. (...)
En paralelo a la reducción de la jornada laboral, una nueva política de
rentas debiera impulsarse. Esta política de rentas tiene que partir
del hecho de que en las décadas anteriores hemos asistido a un
deterioro del peso de los salarios en el PIB que es necesario
contrarrestar, si no queremos que crecientes volúmenes de liquidez
alimenten continuamente burbujas inmobiliarias, bursátiles y
financieras.
Para ello deberían articularse incrementos en los salarios reales superiores al crecimiento de la productividad. Resulta por tanto necesario derogar las últimas reformas laborales, que han quebrado la capacidad de negociación sindical. De hecho, el crecimiento salarial debe coordinarse a nivel europeo, (...)
Para ello deberían articularse incrementos en los salarios reales superiores al crecimiento de la productividad. Resulta por tanto necesario derogar las últimas reformas laborales, que han quebrado la capacidad de negociación sindical. De hecho, el crecimiento salarial debe coordinarse a nivel europeo, (...)
Por último, el tercer pilar de la
política económica que aquí proponemos pasa por retirar la losa
económica que pesa en este momento sobre buena parte de los hogares,
acometiendo quitas de las deudas privadas mediante una reducción
significativa en el valor facial de las hipotecas.
Políticas similares se pusieron en marcha en EE.UU. durante la década de 1930, o en Islandia en el contexto de la crisis actual, y en ambos casos las quitas colaboraron a una recuperación progresiva de la renta disponible de los hogares y, con ello, a la dinamización de la actividad económica.
Políticas similares se pusieron en marcha en EE.UU. durante la década de 1930, o en Islandia en el contexto de la crisis actual, y en ambos casos las quitas colaboraron a una recuperación progresiva de la renta disponible de los hogares y, con ello, a la dinamización de la actividad económica.
El saneamiento de las entidades
bancarias que una medida de estas características podría conllevar
debiera hacerse con cargo a gerentes, accionistas y acreedores, y no
con cargo al erario como ha sucedido hasta la fecha en nuestra
economía.
En cualquier caso, las ayudas públicas que pudiesen hacer falta tras este saneamiento deberían acompañarse de la correspondiente toma de control accionarial de las instituciones financieras por parte del Estado. (...)" (Nacho Álvarez Peralta, Espacio Público, Economía crítica y crítica de la economía, 21/11/2013)
En cualquier caso, las ayudas públicas que pudiesen hacer falta tras este saneamiento deberían acompañarse de la correspondiente toma de control accionarial de las instituciones financieras por parte del Estado. (...)" (Nacho Álvarez Peralta, Espacio Público, Economía crítica y crítica de la economía, 21/11/2013)
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